¿Quien imaginaría que algo tan hermoso pudiera ser tan peligroso?
¿Qué harías si tu vida está en manos de un enemigo desconocido y no lo sabes?
Y...
¿Si descubres que lo deseas mas de lo que pensabas?
Amar nunca será un pecado pero siempre será un problema.
Dibujo
Llovía.
Era la primera hora de clase; otra larga y tediosa sesión de historia con el señor Lafter; lo único que hacía era pasearse por toda el aula hablando y hablando, nadie se interesaba en poner un poco de atención, mucho menos yo, para sus clases solía sentarme al final de la primera fila al lado de la ventana con una excelente vista hacia el exterior, lo cual me distraía de vez en cuando para atacar el efecto somnífero de esas horas. Durante cinco minutos había tratado de parecer interesada pero después me fue imposible, el cuaderno que reposaba en mi pupitre estaba abierto sobre una tentadora hoja blanca, sin ningún rayón, impecable; me resistí un poco por un momento, pero después de mirar por la ventana y ver las gruesas gotas de lluvia caer frenéticamente golpeando el suelo al contacto perdí todo aquel interés alguno por seguir fingiendo algo que no era; la historia nunca fue ni sería una de mis asignaturas favoritas, siempre me había parecido eternamente aburrida, todas esas cosas que habían pasado hacía tantos años a mi no me incumbían ahora en el presente, no las necesitaría para salir de apuros, dudaba que algún día me fuera a enfrentar a una guerra sangrienta como las que describían esos viejos libros voluminosos y aburridos. Resignada, tomé mi lapicero entre mis dedos y apoyé la fina puntilla de carbón sobre el blanco papel. Comencé a deslizarlo suavemente describiendo tenues figuras deformadas, volutas por aquí y por allá, sombras a lo largo de la hoja, mientras en mi mente se formaban solo las imágenes, tan vívidas y reales como si de una película se tratase.
Una euforia y emoción empezó a correr por mis venas, una adrenalina introvertida surcaba mi cuerpo, era algo que solo experimentaba cuando hacía lo que tenía en mente y las cosas salían como las planeaba, era simplemente maravilloso; de pronto, todo aquello que me rodeaba fue desapareciendo lentamente y el ruido de la lluvia se debilitaba… toda mi atención se vio centrada en las imágenes de mi cabeza, mi lapicero y la hoja de mi cuaderno; poco a poco las líneas y rayones abstractos fueron tomando forma, primero una silueta masculina realmente atractiva, posteriormente su cabeza sobre la cual se posaba una melena de cabello oscuro, sedoso, un poco largo y con un flequillo disparejo que entre ocultaba naturalmente unos brillantes y ávidos ojos, su mirada se comenzó a hacer seductora pero a la vez vacía; sus facciones delgadas se volvían afiladas, después una sonrisa se dibujó con unos delgados labios, era una sonrisa cálida y amable pero a la vez llena de suficiencia; a continuación mi lapicero se dirigió espontáneamente hacia sus hombros y siguió deslizándose rápidamente, añadí unos pequeños detalles y sombras hasta quedar casi completamente satisfecha con el resultado, era una persona tan bella, tan perfecta, a pesar de ser algo tan sencillamente asombroso le faltaba una especie de chispa, sentía su frialdad sobrehumana, una insensibilidad arrolladora le cubría como una oscura manta… le faltaba algo, algo que lo hiciera parecer realmente un humano, algo que no lo distinguiera y lo hiciera diferente… no entendía, era la primera vez que me sucedía aquello, la primera vez que un simple dibujo me hacía sentir de esa manera tan extraña.
Un escalofrío recorrió mi columna; decepcionada, cerré mi libreta y me erguí recargándome sobre el respaldo de mi pupitre; de nuevo todo volvía ante mis ojos: los compañeros a mi alrededor, el profesor Lafter con la misma perorata sobre
Suspiré hondo y parpadeé un par de veces para aclarar las imágenes delante de mí, miré mi reloj de mano y me di cuenta de que solo faltaban quince minutos para que finalizara la clase; situé mí vista al frente y de nuevo volvía a fingir que las causas que había provocado la dicha Revolución realmente era lo más interesante del mundo, la verdad me valía un comino, mañana habría vuelto a olvidar las fechas y los extraños nombres de aquel entonces ¿Por qué la historia se molestaba en hacerse insoportable?.
“¡Que viniera alguien y me salvara de esta tortura!” Grité dentro de mí, agobiada en la desesperación.
Un minuto después como si alguien hubiera escuchado mis suplicas internas llamaron a la puerta del salón. El profesor calló en ese instante y se acomodó las gafas sobre el puente de la nariz para después dirigirse a la puerta y saber quien había osado interrumpir su valiosísima charla. Hice el mayor esfuerzo por contener una sonrisa y sentí la curiosidad desbocada de conocer a “mi salvador” así que mi mirada se dirigió hacia la entrada.
Era el prefecto Anderson, desde mi lugar apenas podía distinguir su habitual peinado, imitando al de una estrella de un grupo de rock, pero sin duda era él. Hablaba con el profesor Lafter, que parecía ofendido; no era un secreto para nadie que la actitud juvenil de Anderson le perturbaba y ahora menos lo perdonaba por haber interrumpido.
—Ya que más me queda—escuché que dijo resignado el amargado profesor de historia.
El prefecto entró y se paró enfrente de la clase, nos miró y nos dirigió una sonrisa amistosa.
—Buenos días muchachos—saludó animadamente como si nos fuera a comentar el partido de fut ball del fin de semana pasado.
Él nos volvió a sonreír.
—Bueno iré al grano antes de que Lafter termine de ponerse morado— bromeó y una risa general se escuchó por todo el aula mientras el señor Lafter nos miraba amenazadoramente— en fin, hoy les he venido a traer un paquete directo desde Rumania.
No estaba segura de haber escuchado bien lo que había dicho, pero después una expresión de asombro por parte de mis compañeros de clase me hizo caer en la cuenta de que no lo había imaginado; Anderson se dirigió de nuevo hacia la puerta y asomó su cabeza hacia fuera, instantes después entró de nuevo seguido de una persona, por primera vez presté verdadera atención, me enderecé sobre mi pupitre completamente asombrada, no podía creer lo que mis ojos veían, tenía que ser falso, una ilusión. Abrí desesperadamente mi cuaderno en la hoja recién utilizada, mis ojos pasaban precipitadamente del dibujo al chico parado en la parte delantera de la clase, por un momento quise pensar que solo era mi imaginación, sí eso era lo que intentaba convencerme con mas ahínco conforme lo examinaba con mi mirada aterrada, eso era… imaginación… o una simple coincidencia, prefería la primera, asustaba menos; para ese momento entendí que después desde hacía mucho tiempo, volvía a saber lo que era el miedo.
El chico nos miraba a todos, tenía una expresión seria que cautivaba, no se atrevía a sonreír y no lo culpaba; hice una pausa entre mis miedos para dar una ojeada discreta alrededor del aula, todos lo veían expectantes, atónitos, era evidente que su belleza perfecta los había deslumbrado por llamarlo de cierta forma, incluso, el profesor Lafter parecía anonadado.
—Su nombre es Engel Jackocbsob—dijo el prefecto después de un prolongado silencio—espero que lo hagan sentir como en casa… este… parece que es un poco tímido…
Engel Jackocbsob no cambió su expresión a pesar del titubeo de el prefecto por tratar de quedar bien; no parecía nervioso ni abrumado de que todas las miradas curiosas se dirigieran hacia él, solo mantenía la vista al frente; perdida y no parecía mirar nada en especial. Actuaba como si estuviera acostumbrado a aquello y solo fuera cosa de una aburrida rutina diaria, probablemente así era ya que parecía mas que obvio que alguien tan perfecto, diferente… casi incapaz de describir con simples palabras, pasara desapercibido a donde quiera que fuese.
—Puedes pasar a sentarte —informó Lafter saliendo repentinamente de su ensimismamiento, aunque su voz había abandonado el tono severo.
De nuevo, di una mirada alrededor, esta vez no para ver a los aún atontados de mis compañeros si no para darme cuanta que el único pupitre vacío que quedaba era la que estaba delante de mi, eso era genial, pensé con sarcasmo, ¿Qué mas jugarretas sucias pensaba jugarme la vida en este día? A estas alturas era como si ya casi todo pareciera posible de suceder, “deja que las cosas tomen su curso” dijo esa voz interna que curiosamente casi siempre parecía tener razón y sentido cuando mi mente estaba tan mal como para conectarse de nuevo a la realidad y ser capaz de continuar por si misma; aunque, la mayoría de las veces nunca estábamos de acuerdo, con el tiempo aprendí que si escuchaba lo que me decía probablemente todo sería un poco mas sencillo, incluso podíamos llegar a llevarnos bien.
Mis manos comenzaron a temblar y un sudor frío recorrió discretamente mi frente mientras el calor de mi cuerpo subía directamente a mis mejillas, no lo pude ver pero estaba casi segura de que me había sonrojado, odiaba esas demostraciones de nerviosismo, y peor aún odiaba sentirme nerviosa o ansiosa por una persona que no conocía; hice mi mayor esfuerzo por mantener mi mirada al frente como si todo marchara tan normal como siempre, y justo en ese momento, el mejor de todos, mi cobardía y miedo se apoderaron nuevamente de mí; como un conejillo asustado, me agaché encogiéndome en mi asiento como si fuera mi pequeña madriguera capaz de salvarme de todo peligro impuesto a mi alrededor: Engel Jackocbsob.
—Delante de la señorita Crawforth hay un lugar—dijo de nuevo la voz de Lafter y estaba segura de que me había señalado.
“¡Maldición!”
Tragué saliva y el calor empezó a aumentar más, solo me quedaba fingir que estaba más interesada en mis propios asuntos que en la hermosura del chico nuevo.
Agradecí que los demás siguieran estupefactos mirando a Engel y no prestaran atención a nada más. Decidí arriesgarme y levantar un poco mi vista, lo vi exactamente a él, no pude evitarlo, era como si presenciara a una de mis creaciones tomar vida propia. Se dirigía lentamente caminando de una forma elegante con la mochila colgada al hombro; era alto, delgado y a través de la camisa blanca pude observar que se ocultaban unos formados músculos; el poco viento helado que entraba por la ventana entreabierta despeinaba inocentemente su cabello negro, tenía los ojos grises mas hermosos que jamás haya visto, aunque pude ver en el fondo de ellos algo vacío, igual que en el dibujo, detrás de esos cristales deslumbrantes ocultaba tantos secretos y misterios; intenté controlar mis hormonas respirando lentamente para que mi ritmo cardiaco se controlara, estaba observando a un verdadero ángel; se quitó la mochila del hombro para ponerla en su regazo y se sentó lentamente. Me eché hacia atrás tratando de mantener una buena distancia, pero aún así percibí su aroma, era inexplicable: fresco y suave, pero también intenso y sentí como si el fuego recorriera mis venas…
Mi corazón se detuvo por unos instantes, pero al momento siguiente fue como si despertara de un largo sueño, volvía a la realidad, parecía que mi mente y mi cuerpo quisieran resistirse a su elocuencia perfecta; me aclaré silenciosamente la garganta, volví mi vista hacia el profesor que ahora se encontraba hablando nuevamente con el prefecto, esta vez milagrosamente sin discutir. Aún quedaban escasos diez minutos de esa clase pero ya no parecía importarle en absoluto, ya a nadie le importaba. Los demás aún seguían con la vista fija en él, por un momento sentí compasión y pensé que no me gustaría estar en su lugar.
Aquellos fueron los diez minutos mas largos de mi vida, tenía delante al ser perfecto y tenía que controlar mis emociones para no saltar sobre si y que pensara que era una psicópata, su atracción era inquietante, encendía efusivamente hasta las sensaciones más apagadas formando una nube ardiente que se disipaba muy lentamente. Recordé algo entonces, abrí mi cuaderno de nuevo y admiré mi dibujo aún sorprendida, no cabía duda, Engel Jackocbsob y el chico plasmado en aquel papel eran la misma persona, el mismo ser perfecto.
“Pero… ¿Por qué…? “
El timbre que indicaba el fin de aquella clase resonó enseguida antes de que buscara respuestas “coherentes” a mi pregunta; me sobresalté, vi como todos empezaron a guardar sus cosas, y por sus miradas pude adivinar que estaban dispuestos a irrumpir al chico nuevo como cazadores sobre una deliciosa presa. Arranqué la hoja de mi cuaderno, la guardé cuidadosamente en una carpeta y enseguida metí todo dentro de la mochila.
—Hola… Engel—la voz falsamente dulcificada de Rachel no se hizo esperar; siempre tenía que ser tan molesta a pesar de ser una chica realmente guapa, con su cabello rubio cayendo como una cascada sobre su espalda y unos exuberantes ojos castaños los cuales ocultaba con lentes de contacto para que tomaran un color verdoso, la típica popular de la escuela, pavoneándose por allí siempre flanqueada de su grupito de amigas— espero que te sientas a gusto, mi nombre es Rachel Arrington y cuando necesites algo… ya sabes… estoy para ayudarte.
Ella le dirigió una sonrisa coqueta y se pasó un mechón de cabello rubio detrás de la oreja.
Engel Jackocbsob alzó la mirada y la vio directamente con esos ojos grises, Rachel pareció derretirse y su sonrisa se volvió más amplia y venenosa.
—Gracias, pero estoy bien—le respondió él fríamente, su voz era asombrosa.
Rachel borró su estúpida sonrisa, en ese momento quise echarme a reír, pero traté de contener una carcajada, ella se percató de mi burla interna y volteó a verme retadoramente, me miró de arriba abajo mientras me levantaba de mi asiento, se dio la vuelta y se fue sin decir nada. Sonreí dentro de mí y con mi mochila en hombro me dirigí a la salida para ir a mi otra clase, le dirigí una última mirada de curiosidad a Engel, nuestros ojos se encontraron y pude jurar que por un segundo sus delgados labios se había curvado ligeramente formando una leve sonrisa, de pronto mis piernas se volvieron de plomo y me fue mas difícil seguir adelante, puse una gran fuerza de voluntad y salí del aula.
La lluvia había aminorado su intensidad, y ahora solo caía una ligera llovizna, alcé la vista al cielo, unas oscuras y tormentosas nubes grises lo cubrían por completo; respiré hondo y mi mente se despejó de todo lo que tuviera que ver con Engel Jackocbsob; el viento helado de aquella mañana golpeaba mi rostro, adoraba sentir aquella brisa fresca herir mis mejillas y el olor a la tierra mojada me relajaba.
Me apresuré para bajar las escaleras y dirigirme a mi clase de Literatura Inglesa. Iba bajando cuando sentí una mano fría, casi congelada aferrarse fuertemente sobre mi muñeca, me giré precipitadamente, casi por instinto para ponerme a la defensiva; cuando giré sobre mis talones mi cara quedó a escasos centímetros de un rostro perfecto.
Me quedé perpleja y me aparté un poco, mi corazón tamborileaba bruscamente queriendo salir de su lugar; me sentía abochornada ante esa situación. Engel me soltó al instante, sus facciones se tornaron enfadadas y su mirada reflejaba reproche; yo le observé confundida y me pregunté que había podido haberle hecho, era imposible que hubiera descubierto mi dibujo, lo llevaba conmigo, tampoco pensé que su reacción extraña fuera por haberme burlado de Rachel, a él no parecía haberle agradado ella.
—Lo siento—se disculpó seriamente, aún lucía tenso y sus grises ojos penetraron en los míos— Te he confundido.
—Descuida— vacilé en voz baja clavando la vista en el suelo huyendo de su mirada fría la cual me aterraba y perturbaba.
Me observó unos instantes, sentía que sus sombríos ojos me recorrían de arriba abajo, las piernas me temblaban, me habría gustado decir algo, pero, simplemente no pude, sentí mi boca seca y un gran deseo de salir huyendo, él tampoco decía nada, solo estaba allí, parado observando vigilante aferrando fuertemente su mano al tirante de la mochila, a cada segundo que pasaba su rostro se tensaba mas y sus hermosos ojos grises adquirían una expresión seria y severa al igual que sus delgados labios.
— ¿Cuál es tu nombre? —me preguntó con ese mismo tono de voz que había usado con Rachel.
Había estado distraída observándole que no estuve segura si realmente había formulado aquella pregunta o todavía mi imaginación estaba trabajando a mil por hora; al momento de escuchar su suave, fría y aterciopelada voz le miré distraída y apenada.
—Perdón… ¿dijiste algo?
Su perfecto rostro se hundió en la ira, aunque lo aparentaba muy bien, pude ver como su mano se aferraba con mas fuerza a la mochila; nuestras miradas se encontraron nuevamente, esta vez, sentí como si miles de pequeñas agujas discernieran por todo mi cuerpo.
—Olvídalo—mustió entre dientes
—Enserio… lo siento, es que estaba distraída—dije suplicante mientras el soltaba un bufido frustrado
Engel se dio la vuelta, ofendido, ignorando mis disculpas y aparentando que no había dicho absolutamente nada; se dispuso a bajar las escaleras, me lanzó una última mirada furtiva y cuando pasó por mi lado me golpeó intencionalmente con su hombro. Detrás de mi escuché la risa burlona de Rachel que después pasó por mi lado a toda prisa, lo mas probable para seguir los pasos de Engel Jackocbsob. En ese momento la sangre me hirvió, apreté mis puños y toda muestras de amabilidad y hospitalidad que había deseado tener con él se fugaron de mi mente, incluso ya no me importaba como se sintiera por ser el centro de atención. Furiosa me apresuré a bajar las escaleras en un intento vano de seguirle, el ya iba muy lejos, me recargué en el barandal de la escalera y le lancé una mirada asesina de la cual se percató al verme de reojo, sonrió burlonamente y siguió caminando hacia su siguiente clase.
Dentro de mí maldije todo lo que pude, todos los chicos eran iguales, aunque había sus excepciones, la mayoría de ellos parecían haber sido cortados de un mismo patrón y por una misma tijera. Eran estúpidos, arrogantes, creídos, idiotas, tontos… ¡Hombres!
Ya no podía seguir conteniendo más las palabras entre mis dientes, ningún pensamiento coherente y fuera de la situación pasaba por mi mente, solo sentía grandes deseos de asesinarlo, solo eso y de nuevo su sonrisa burlona recordándome la impotencia.
— ¡Me caes mal! ¡Espero no tenerte cerca de mi otra vez! —Al fin las palabras que contuve por unos minutos salieron en forma de gritos, estaba furiosa. — ¡Arrogante lombriz rumana!
No hizo muestras de inmutación solo lo vi alejarse del edificio y dirigirse al de enfrente con suma tranquilidad, caminaba rápido, pero aún así no perdía su porte elegante y su hermosura era evidente desde la lejanía, al pasar por su lado las chicas quedaban hechizadas por su encanto…
Sacudí mi cabeza ahora enfadada conmigo misma, no podía permitirme tener aquellos pensamientos sobre Engel Jackocbsob, él era una persona detestable y a pesar de su perfecto aspecto, su dura personalidad lo hacía el ser mas despreciable que había conocido en toda mi vida.
Los chicos y chicas que habían visto todo aquello me miraban expectantes con una expresión de pavor y disimuladamente se alejaban de mí como si fuera un animal peligroso, otros murmuraban cosas en voz baja mirándome de forma extraña, algunos más soltaban risitas y sin aparentar me señalaban como atracción de circo. No era momento de arrepentirme por lo que había hecho ni mucho menos agachar la cabeza avergonzada, la acción había sido efectuada y así como lo había disfrutado en su momento no me quedaba mas que afrontar las consecuencias: burlas y habladurías. ¿Qué me importaba? Ya estaba acostumbrada a ello; la historia de mi vida diaria.
Suspiré hondo y bajé los escalones uno por uno con una paciencia infinita, me volví a hundir en mi mundo, un mundo en el cual ya había descartado cualquier sueño estúpido que tuviera que ver con Engel Jackocbsob.
— ¡Anne! —Escuché que gritaba una voz muy conocida lejos de mi— ¡Annette!
Me paré en medio del patio y busqué a quien me llamaba, entonces, de un grupo de alumnos vi unos brazos extendiéndose de un lado a otro queriendo llamar la atención; una sonrisa iluminó mi rostro y todo sabor amargo que había dejado el chico nuevo desapareció por completo. Travis, se acercaba a toda prisa hacia mí y cuando llegó me envolvió en un cálido y mojado abrazo que recibí gustosa; se separó de mí y pude admirar una sonrisa radiante en su rostro, y sus tórridos ojos castaños ardían de felicidad, estaba empapado y el agua de lluvia goteaba de sus rizos marrones. Él era mi mejor amigo desde la niñez y nuestra relación era más que de hermanos.
— ¿Por qué estás empapado? —le pregunté de inmediato con curiosidad
—He tenido entrenamiento de futball a la primera hora y como llovía… no pude evitarlo—respondió inocentemente mientras se echaba a reír y me rodeaba el hombro con su brazo.
Una de las pasiones de Travis, era el futball, yo no sabía mucho sobre ese deporte pero en mi opinión era un excelente jugador y no le importaban las condiciones en las que jugara, en cuanto entraba al campo era feroz.
—Deberías ir a los vestidores antes de que te resfríes— le advertí como si fuera su madre, pero cuando le volví a ver sabía que no debía arruinarle algún momento especial— bueno y esta felicidad que no te cabe en la cara no creo que sea solo porque te fuiste a bañar como perrito callejero.
Volvió a reír soltándome y poniéndose frente a mí.
—No, claro que no es eso; aunque admito, ya me tocaba baño—bromeó— lo que pasa es que… ¿Cómo decirte esto…?
Puso una cara seria, el mentir dramáticamente no era su especialidad, odiaba mentir y eso lo hacía ser un muy mal actor; entrecerré los ojos y le miré inquisitivamente.
—Insisto… jamás ganarás un Oscar… mejor ve al grano y me ahorro tu hullación— esbocé una sonrisa maliciosa y quedamos en silencio, un par de segundos después los dos no reímos al unísono.
—Tu siempre tan perversa, pero no importa… lo que sucede es que ¡me han elegido capitán del equipo!
Parpadeé un par de veces, esa respuesta no era lo que me habría esperado, fue sorpresa para mí y me había tomado con la guardia baja.
— ¿enserio? Oh, Travis, eso es… maravilloso… increíble ¡felicidades! —dije cuando reaccioné
No pude evitar sentirme feliz por mi amigo, entonces me lancé de nuevo sobre su cuello y le di otro fuerte abrazo sin importarme el hecho de que estuviera mojado, sabía perfectamente que una de las mas grandes ambiciones de Travis, hasta el momento, era llegar a ser capitán del equipo de futball de la escuela y después de haber puesto su mayor esfuerzo por fin lo había logrado, me sentí tan bien al verlo así que para entonces el mal rato que Jackocbsob me había hecho pasar se había reducido como una nube de polvo.
Caminamos juntos hacia el otro edificio donde tenía mi otra clase, Travis iba contándome con cada detalle sus asombrosas jugadas; para mi era como si hablara en otro idioma, tal vez ni siquiera le encontraba mucho interés a seguir una pelotita por todo el campo, fingí que era algo fenomenal pero cuando terminó de contarme, me sentía igual de ignorante que al comienzo de su historia, y precisamente no había entendido mucho de su caló deportivo; debía admitir que nunca había sido buena en deportes, hacía mi mayor esfuerzo siempre, pero sin duda era pésima, tratándose de deporte lo único en lo que destacaba era en la natación, pero aún así, no era algo muy grandioso.
—Vaya… al parecer… estuvo genial— mustié en voz baja y luego le sonreí para que no captara algo extraño
—Algo... solo fue como los otros partidos de entrenamiento, solo que… con agua
Seguimos avanzando y cuando nos paramos frente a la puerta de mi salón su expresión vívida y alegre cambió a desconcierto, arrugó su frente como solía hacerlo cada vez que tenía dudas sobre algún tema.
—Tú eras quien gritaba hace rato… justo después de que terminara la primera hora…
En ese instante sentí como si saltara desde un alto precipicio, de hecho, habría preferido eso antes de confesarle a él que, efectivamente yo era la frenética desquiciada que gritaba desde las escaleras, no me importaban que el resto del alumnado lo supiera, pero él era algo distinto, sabía la forma de hacerme sentir la culpa y lo peor era que no se lo proponía; me sonrojé y agaché la cabeza, ahora si estaba avergonzada y me preguntaba cuantos mas me habían oído gritarle a Engel Jackocbsob. Sentí los dedos fríos de Travis posarse sobre mi barbilla, alzó delicadamente mi rostro hacia su altura, obligándome a verle a los ojos esperando una respuesta inmediata.
—Si… este… fui yo—confesé resignada
— Y esta vez… ¿Quién fue el desafortunado al que quieres asesinar?
Apreté mis puños de solo recordarlo.
—Un idiota chico nuevo que viene de Rumania—bufé mientras me cruzaba de brazos— se cree tan… genial... lo mejor del mundo, como para ignorar a todos, pero, prefiero no hablar de eso. Ahora tú te vas a las duchas y yo a clase.
—De acuerdo—asintió él recordando que estaba empapado, se despidió dándome un beso en la mejilla y se dio la vuelta—Nos vemos, Annie.
Alcé mi mano agitándola ligeramente, vi como se echaba a correr hacia el gimnasio y luego entré a clase cuando la profesora Parker se acercaba.
La clase de literatura fue casi tan aburrida como la de historia, me gustaba la literatura, pero no me gustaba repasar cosas que ya sabía como en esta ocasión la profesora había sugerido antes de comenzar a estudiar un nuevo libro; por un momento quise abrir mi cuaderno y volver a dibujar, pero, una parte de mi temía a que algo extraño sucediera de nuevo; por mas que deseé sacarme a Engel de la cabeza no pude, su perfecto rostro se había grabado en mi mente y su mirada sombría había penetrado tanto que fue imposible olvidarlo…
Después de la clase de Literatura fui a Cálculo y al terminar esa, me reuní en la cafetería con Travis, Andrew un amigo de Travis y Kat la única amiga chica que tenía, su cabello castaño claro rizado como borrego y sus grandes ojos cafés le daban un aspecto tierno pero en el fondo era todo lo contrario y aunque era un año menor que yo nos llevábamos de maravilla, sus ideas eran similares a las mías y al igual que yo no era una persona demasiado sociable.
Mientras estuvimos en la cafetería, les conté sobre Engel, solo había decidido omitir la parte del dibujo, no quería que me empezaran a meter ideas locas en la cabeza, así que decidí solo contar lo primordial, Andrew nos dijo que Engel estaba en su clase de Lengua y que sin duda alguna su simple presciencia le causaba escalofríos. Kat también nos habló que una chica muy hermosa había llegado también a su clase de Biología y que su comportamiento era similar al de Engel, su nombre era Valerie y por lo visto eran hermanos ya que compartían el mismo apellido.
Lo busqué discretamente dentro de la cafetería pero no logré encontrarlo, solo éramos las mismas personas del día anterior, ningún nuevo rostro sobresaliendo de los ya conocidos; cuando me di cuenta de que no lo había entrado no supe si sentir desilusión o alivio. En mi interior, una lucha constante se debatía entre querer ver de nuevo su perfecto semblante de seriedad y el no querer toparme con él nunca mas, suspiré sin encontrar mi desición. La mano de Travis sobre mi hombro me devolvió a la realidad, estaba de pie mirándome confuso averiguando si me encontraba bien, aunque no me lo preguntara; di una oleada alrededor y me di cuenta de lo que sus ojos castaños me decían: la siguiente clase está por comenzar. Andrew y Kat ya se habían marchado y no me había dado cuenta de eso.
Me despedí de Travis y me dirigí a Lengua, las cosas iban bien, no había rastros de la arrogante lombriz rumana; tampoco en las siguientes que fueron Química y Computación, sentí un gran alivio y el peso que caía sobre mis hombros me liberó.
Así otro tedioso día de clases había terminado de nuevo, tan solo eran los primeros días y mi vida ya se estaba volviendo una rutina de la cual deseaba escapar cuanto antes, en el pasillo me reuní con los demás y nos dirigimos a la salida.
— ¿Tuviste otra clase con el chico nuevo? —me preguntó Kat
—No—dije fingiendo alegría mientras desviaba la mirada hacia el estacionamiento—eso es bueno, significa que no lo veré mas que en las horas de historia, lo cual también significa que no cruzaré palabras con él, que felicidad.
No estaba segura si mi respuesta había sonado convincente, para mi no lo había sido, y supuse que para ellos tampoco cuando me vieron de forma extraña y luego rompieron a reír.
—Terminarás enamorándote de él si te sigues obsesionando de esa manera— dijo Andrew burlonamente
— ¡Si vuelves a decir eso me encargaré de que no te den ganas de reír en mucho tiempo!
—Anne, mejor nos vamos— me advirtió Travis tomándome de los hombros antes de que me lanzara encima de su amigo— no es que el mundo necesite mucho de las risas de Drew… pero, no quiero que mi niña tierna se convierta en una asesina demasiado pronto.
— ¿Tierna? ¿De donde?
— No ayudes, Kat
Travis se despidió de ellos dos y me guió hacia el auto sin aún soltarme como si pensara que me regresaría solo para golpear a Andrew, estaba loca pero no me imaginaba llegando a esos extremos. Llegamos hasta mi coche, un Audi azul que me había regalado mi tía cuando cumplí los dieciséis; subimos apresuradamente y tiramos nuestras mochilas en los asientos traseros, escuché extraños ruidos detrás y me di cuenta de que mis cosas se habían esparcido por todas partes.
—Demonios—murmuré
—Yo las recojo—se ofreció Travis pasándose al asiento trasero mientras yo encendía el motor.
Salimos del aparcamiento lo mas rápido que fue posible, vi la sonrisa triunfante en el rostro de mi amigo por el retrovisor y un dejo de pánico me recorrió.
— ¿Qué tienes allí?
—A si que odias a “la arrogante lombriz rumana”
Sacó la hoja de la carpeta y se pasó de un brinco al asiento del copiloto, admiró lo que se encontraba en ella y me pidió una explicación sin borrar su tonta sonrisa pícara acusadora.
—Eso… ¡te he dicho que odio que hurgues en mis cosas! —le grité descontrolada haciendo demasiado esfuerzo por no apartar la vista del camino.
Las manos me empezaron a temblar sobre el volante, pisé el acelerador y el calor de mi cuerpo aumentó, estaba nerviosa y muy enojada también.
—Anne se ha puesto rojita— se burló Travis. — y si Drew tuviera razón y…
Su tonó de voz fue como el fuego que encendió mi ira; frené sin importarme que el no llevara puesto el cinturón de seguridad, nos detuvimos en medio de la carretera, el impulso de la velocidad y el detenerme de improvisto lo hicieron irse hasta delante golpeándose la frente con el tablero.
— ¿Que te pasa? —me preguntó enfadado mientras se sobaba con la mano izquierda la frente, donde había quedado una graciosa marca roja la cual se tenía bien merecida.




















bueno, hasta el próximo capítulo :)
Con respecto a la novela. Me da la sensación que intentas imitar las novelas inglesas sobre la vida en los colegios, tené cuidado con eso porque por ahi te metes en un "terreno" que no has vivido nunca, que no conoces bien, y eso se nota. Luego hay un par de errores en cuanto al uso de algunas palabras pero está bastante bien escrita
Qué buena historia estás escribiendo!! Yo también estoy escribiendo una: http://dolce-inferno.blogspot.com/
Te agrego a mis afiliados y ánimo,sigue escribiendo!!
pero tu historia me encanto!
saludos!!
¿Será que Engel es en realidad un ángel caido? ¿De que manera Annie lo descubrirá?
Me has dejado intrigada, maravillada y completamente fiel a lo que escribas. Esto es material digno para un libro, y te lo dice alguien que está escribiendo su segundo.
Por favor, actualiza pronto que te leeré desde el primer momento.
Te deseo suerte, ánimo y mucha, mucha inspiración.
Atte. Cd Lu.
y bueno q me usto realmente
besitoss chauu!! =)
Es una historia muy buena.
Me ha dejado cautivada; me gusta la forma que tiene el texto,la que esta tomando la historia, en fin.
Cuentas con una fan mas.
ciao.
No sé si eres mujer u hombre, pero déjame decirte que he quedado maravillada con el primer capitulo. Llegué por la recomendación de kren, (te lo dejé dicho en el cbox)
Me encantó la idea de tu historia y estaré aki leyendo los próximos capítulos.
Te felicito.
Te dejo extendida la invitación para que vayas al mío.
bye
maysu
Espero algun dia poder hablar contigo (el maravilloso escritor), no me gusta comparar a la gente y digan lo que digan, tienes una manera muy peculiar de redactar UNICA!
Sigue asi!
si fuera libro se venedria como pan caliente jajajajaajjaja
sigue escribiendo
besos bye...
aun no empiezo el 2do capitulo!
pero esta muy bien!...
me cauitivoo!
la histpria es facil de llevar y no por eso dea de sorprender!
wow! nta felizidads x la historia!