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¿Quien imaginaría que algo tan hermoso pudiera ser tan peligroso?

¿Qué harías si tu vida está en manos de un enemigo desconocido y no lo sabes?

Y...

¿Si descubres que lo deseas mas de lo que pensabas?

Amar nunca será un pecado pero siempre será un problema.

Testamento

Bueno al fin colocaré algunos de los premios que me han dado (los que no coloque es porque se me perdieron xD), y apartir de hoy no podré entrar con la misma frecuencia que antes (pero seguiré subiendo capítulos) por eso les dejo mi herencia jajaja, premios!

Gracias a todos los que me los dieron, gracias por considerar mi blog y también gracias a quienes leen y siguen esto.

Premio Amor



Requisitos

1) Agradecer a la persona que te lo envió

http://eldm.blogspot.com/

2) Decir que pareja, ya sea de libro o película, te gusta más.

Em… una pareja… pues… no se xD

Tal vez una de mis parejas favoritas es… Romeo y Julieta, ya que de su historia de amor se han derivado muchas otras parejas…

3) nombra a tu amor imposible (famoso si, no queremos que se peleen con sus novios por esto)

-Alice Cullen *o* mi hermosa vampiro pixy

4) Cita una escena de amor de tu libro favorito

-No tengo una escena de amor favorita de algún libro, pero me gusta la escena de Titanic entre Jack y Rose… si… me agrada esa película.

5) Blogs Premiados

Ann - http://angeloanaphoenix.blogspot.com/

Maysu - http://proyectomaysu.blogspot.com

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Premio Meme

[premio_meme_al_blog_que_te_hace_sentir.jpg]

Premio otorgado por Iza de Criaturas de la Noche y Arae. Gracias.

Para poder dar el premio tienes que hacer lo siguiente.
Aquí están las condiciones: Colgar el premio en tu blog.
1-Agradecer a la persona que te dio el premio.
2-Concederle el premio a 7 blogs y explicar por qué les das el premio,
3-Colgar los requisitos en tu blog para la persona/s a la/s que le/s concedas el premio los cumpla/n.
4-Dedicarle el premio a alguien.

Dedicado a Jae, Fran, Alex y Marce.
5-Agradecer a todos aquellos que visitan y siguen tu blog.

Por supuesto, muchas gracias, se lo merecen por soportarme y regalarme un poco de su tiempo leyendo mi historia.

Blogs Premiados.

http://dianizz.blogspot.com/

http://elmundodehanna.blogspot.com/

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[Premio+7+cosas+raras+sobre+m%C3%AD.jpg]

Gracias a Analieta por el premio

Premio 7 cosas raras sobre m:

Soy el rey Christopher Alexander Hersheys Nestle I de mi reino de chocolate (que no les diré donde está) :D

Soy Vampiro

Me gustan los gatos y tengo uno que se llama Cork pero estuvo a punto de llamarse “gato”

Me gusta jugar Rol y ser el malo

Hubo un momento en el que era adicto a los ositos de gomita pero no me gustaban los ositos verdes y los lanzaba en clases.

Tengo instintos asesinos

Me considero una persona fría, egoísta y egocéntrica, no soy muy afectuoso y rara vez me importan las personas lo suficiente como para mantener alguna relación estrecha

Premios para:
Marce y Fran.

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Estos premios son para todos los que leen y siguen Sueños Rotos

Gracias a Hanna (http://elmundodehanna.blogspot.com) por ellos.



PREMIO AMIGUETA


PREMIO PEDAGOGÍA DEL AFECTO


PREMIO EDWARD


PREMIO MARIPOSAS AL BLOG AMIGO


PREMIO VIOLETA


PREMIO CORAZÓN QUE LATE

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PREMIO VAMPIRE CROWN



[Premio_crownLunaroja.jpg]

Reglas:
1-Seleccionar 4 Blogs que fomenten este género, bien sea de Forma literaria (información, novela, Fan Fic) o bien hablando de películas & Series.
2-Avisar al Blog elegido para que venga a recoger su premio.
3-Poner un enlace de los Blogs elegidos y a ser posible, razón constructiva de por que en tu opinión son merecedores del premio.

Premio Creatividad Literaria

[premio+creatividad+literaria.jpg]

Reglas:

1. Agradecer a la persona que te lo esta otorgando y colgarlo en tu blog

http://notodosetratadehistoriascuerdas.blogspot.com/


2. Otorgar el premio a 4 Blogs
3. Explicar el porque se lo otorgas

Estos premios son para:

http://heaveninhellsaga.blogspot.com/

http://322bandofwitches.blogspot.com/

http://legado-shader.blogspot.com/

http://eldm.blogspot.com/

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Gracias a Ann de http://angeloanaphoenix.blogspot.com/ por estos premios.

Premio Olha que blog Maneiro!

1-Exhibir la imagen del premio"Olha que blog Maneiro"

2-Poner el nombre del blog que te lo dio.

Etto... no lo recuerdo ^^

3-Indicar 11 blogs preferidos, avisarles.


Premio "Luna de Fuego"

Reglas para recibir el premio Luna de Fuego:

"Este es un premio para reconocer a todos los blogs que tengan un diseño fenomenal y las noticias siempre en el momento en que suceden, que estén en si, bien actualizados" (xD no creo que lo merezca jaja)

1 Pegar el premio y sus reglas en tu Blog para que aquellos que reciban el premio puedan cumplirlas.

2 Decir si eres Team Jacob o Team Edward y su porque.

-- Puedo ser “Team Alice”?

3 Agradecer al Blog que te lo mandó.


Premio Let's be Friends


"Blogs that receive the Let’s Be Friends Award are exceedingly charming. These kind bloggers aim to find and be friends. They are not interested in self-aggrandizement. Our hope is that when the ribbons of these prizes are cut, even more friendships are propagated. Please give more attention to these writers. Deliver this award to eight bloggers."

"Los blogs que han recibido el Award Seamos amigos son excesivamente encantadores. Este tipo de blogeros pretenden encontrar y hacer amigos. No están interesados en el auto-agrandarse. Nuestra esperanza es que cuando los lazos de estos premios estén cortados, incluso más amigos sean propagados. Por favor, poned más atención en estos escritores. Reparte este premio a ocho blogeros".

Premios para:

Marce: http://al-caer-la-noche.blogspot.com/

Fran: http://manyatika-fantazia.blogspot.com/

Isha: http://www.ishamiblog.blogspot.com/

Estrella Negra http://lokurasenlasestrellasylaluna.blogspot.com/

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^^PREMIO DELIRIUM

[premio+delirium.jpg]

ESTE PREMIO SE LE OTORGARA A LAS PERSONAS Q NOS HACEN DELIRAR, YA SEA POR SUS HISTORIAS, POEMAS, CUENTOS, DISEÑOS DE BLOG O POR Q SON UNAS PERSONAS INCREIBLES!!!

REQUISITOS:

1.-MOSTRAR EL PREMIO EN TU BLOG

Publicado ^^

2.-AGRADECER A LA PERSONA Q TE OTORGO

Muchas Gracias a Marce e Isha

3.-DECIR TU MAYOR DELIRIO O TUS DELIRIOS

El chocolate! Y la sangre!

4.-DECIR TU PEOR DELIRIO

Lanzar a mi gato de la azotea por diversión xD

5.-OTORGARLO A LOS BLOG Q TE HACEN DELIRAR

http://analieta.blogspot.com/

http://arae-recopilaciones.blogspot.com/

http://notodosetratadehistoriascuerdas.blogspot.com/

http://angeloanaphoenix.blogspot.com/

http://proyectomaysu.blogspot.com

Y también me hacen delirar Fran, Alex y Marce xD



Capitulo 9

9

Prohibido

Sucedió.

La noche de halloween, fue, entre tanto el mejor de mis sueños y al mismo tiempo la peor de mis pesadillas, pero todo había sido real. Aún podía sentir ese fuego incandescente en mi cuerpo añorando con deseo los labios de Engel Jackocbsob, su sabor merodeaba en mi alma, acallando los gritos de súplica sobre la insistencia de su cercanía, el aroma de su cabello, de su piel, no podían ser olvidados pues eran tan embriagantes como un perfume inaccesible, único en su especie; y, a pesar de la repentina frialdad que se depositaba en mi corazón, estaba feliz.

A la mañana siguiente, no hubo desencanto alguno de que todo había sido una ilusión; sin embargo, tenía pánico a un nuevo rechazo, no estábamos atados a ningún compromiso y él podía decidir que todo había sido un juego y que, en tiempos presentes cosas como noviazgos formales ya no existían entre las juventudes que mas que nada preferían una “aventura” de distracción en sus miserables rutinas diarias, que tonta de mi por aún vivir en un mundo conservador esperando en la torre mas alta del castillo a que mi príncipe azul llegara a declararme su amor eterno, —o en un pensamiento mas maduro— ser verdaderamente amada.

Mi mente viajaba atolondrada de un lado a otro, de recuerdo en recuerdo, entre lo positivo y lo negativo, entre el disminuido espacio que nos separaba a Engel y a mí. Ya no había barreras, habían sido derrumbadas como el muro de Berlín, y éramos, por fin, libres y cercanos.

Paso tras paso, escalón tras escalón en el camino hacia mi nuevo purgatorio o mi desconocido paraíso, recorrí con temor y una leve osadía por el lugar que me llevaría a deshacer cualquier incógnita, a conocer cualquier clase de verdad o darme cuenta de cuan mentiras engañosas se habían deambulado la noche anterior. Mientras subía las escaleras que dirigían al aula de Historia, pensaba en lo que iba a pasar después de esa clase, que desconocido se mostraba aquel futuro cercano; mi corazón latía muy rápido a causa del nerviosismo y dio un vuelco cuando entré en el salón de clases y lo vi, sentado en el lugar que siempre ocupada delante de mí, tan guapo, tan perfecto como cada día y podría parecer aburrido pensar siempre de la misma forma, además, era un ser detestable superficialmente lo que marcaba sus miles de defectos escondidos tras su pulcra máscara, pero, así era él y no había remedio. Afortunadamente, no tuve tiempo de entablar conversación con mi extraño verdugo, pues el señor Lafter entró rápidamente detrás de mí, al fin encontraba el lado positivo de que el señor Lafter fuera puntual y amargado. Me apuré a llegar a mi lugar; yo no quería prestarle atención, no quería mostrar alguna señal de recordar los acontecimientos preliminares, pero cuanto mas te empeñas en no hacer algo, lo haces, como un acto natural, un instinto de ir en contra de lo que se dicta, y, así, pugnando mi revolución, mi mirada se desvió un poco, necesitaba verle con urgencia; nuestros ojos se encontraron por un instante muy corto, los suyos ya no era de un rojo ardiente, de nuevo eran grises y hermosos, un líquido plateado sin fondo. Esbozó una sonrisa torcida antes de desviar la mirada hacia el lado contrario lanzando un bostezo a la ventana mientras la observaba distraído.

Decepcionada, tal vez esperando algo más y a la vez no, me tumbé sobre mi asiento, abatida, anticipando ya el rechazo que se acercaba cada vez mas. Dicen que soñar no cuesta nada, pero ¿Llamarías nada a un corazón roto?

Saqué mi libreta de apuntes para garabatear cualquier puñado de trazos amorfos sobre la hoja, alguna clase de distracción oblicua que intentara ocupar un trozo de aquella mente regalada a un solo pensamiento.

Lafter pasó lista y después empezó a regresar personalmente los últimos ensayos que había pedido, de los cuales no había entregado ninguno por culpa de Engel, sin mas; clavé con fuerza la punta del lápiz sobre la hoja, mis notas estaban disminuyendo y solo él era la única razón, no me dejaba dormir bien, me secuestraba en horas de clases y toda mi atención la acaparaba de forma egoísta; era demasiado frustrante, porque se trataba de una de esas situaciones en la cual el culpable no tiene la menor idea de que lo es —o lo sabe pero no le importa porque su cerebro parece esponja y todo lo hace bien— y por tanto, no tienes derecho alguno a reclamarle.

—Excelentes ensayos, señorita Crawforth—dijo Lafter cuando llegó hasta aquel rincón del concurrido salón de clases.

Por un momento pensé que se mofaba de mi irresponsabilidad, pero no se trataba de eso; me entregó un par de juegos de hojas y le miré perpleja preguntándome si me hablaba a mí, era una cuestión tonta ya que no había otra Crawforth Anne por ahí.

—Gra…cias—me limité a decir y noté como mi voz denotaba la confusión.

Observaba, incrédula, el inconfundible nombre escrito sobre la parte posterior de la hoja, con letra redondeada y pequeñita y un pobre estilo caligráfico, era mía, sin duda. No me negaba al pequeño milagro, pero era un raro misterio, pude haberlos hecho sin darme cuenta… y ahora deliraba. Genial.

Algo tocó mi rodilla derecha con dos ligeros golpecitos, me sobresalté y miré por debajo de la mesilla, era la mano de Engel que se asomaba discretamente por el lado que tocaba la pared, volvió a picar mi rodilla con su dedo, ahora de manera urgida, y, extendiendo su mano dejó ver un pequeño trocito de papel; extrañada, lo tomé y antes de abrirlo me percaté que Lafter no se encontraba al acecho. Al diablo los ensayos.

Lo abrí silenciosamente extendiéndolo sobre mi cuaderno abierto; su fina letra afilada ocupaba una parte pequeñita del papel y no había ningún mensaje que se notara importante, de hecho, todo era nada.

“Hola.”

Esa simple palabra me provocó algo parecido a la histeria.

Le di la vuelta con desesperación, esperando que dijera algo mas, no podía ser solo hola y ya, pero tenía que aceptarlo: solo cuatro letras había allí. Tomé mi lápiz y escribí alguna respuesta.

“Hola (? Qué pasa ahora?”

Eché otro vistazo alrededor y vi a Lafter al frente iniciando la clase, hablaría un rato mas sin prestar verdadera atención, el campo de batalla era seguro. Enrollé el trozo de papel y con la punta de mi dedo toqué el hombro de Engel, él pasó su mano por un costado y dejé el papel ahí; la mano se desvaneció ágilmente y cuando acordé ya escribía una respuesta. Me devolvió la notita nuevamente.

“Nada. La clase de historia es aburrida”

Volví a escribir.

“Mmm un poco bueno en realidad mucho.”

“Jaja”

“Solo esto? Que ingenioso y comunicativo estas hoy *sarcasmo*”

“ “¿*Sarcasmo*?” ni siquiera por escrito te va tan bien como a mí. Volví a ganar.”

“Volvemos a pelear?”

“No estoy peleando. ¿No vez mi sonrisa? =( jaja”

“Ooooh claro, es tan eufórica *mas sarcasmo*”

“Annette Zaphir Crawforth… tenemos que hablar”

¿Cuándo la conversación ilegal de notitas tomó aquel giro tan drástico? Dejó de ser divertida y mostré los síntomas de un claro ataque de Xenolumbrifobia. Mi corazón empezó a retumbar y el lápiz tembló sobre mis dedos.

“De que?”

La letra ya arruinada, se estropeó. Pensé bien antes de reenviar el mensaje, mi curiosidad quedaba entre un hilo delgado a causa de mi temor, pero era difícil decidir cual era mas grande y mas dominante, probablemente el temor, pero, cuando este estaba a punto de hacer gala de su especialidad (la cobardía) el papel se deslizó brucamente entre mis dedos; me sobresalté inmediatamente al mismo tiempo que maldecía y levantaba la mirada, sin embargo, no sabía si tenía que estar preocupada o agradecida de que aquel momento se prolongara un poco mas.

Sosteniendo con furor el mensaje, el señor Lafter leía línea tras línea todo lo que habíamos escrito, su mandíbula temblaba de rabia y cuando terminó de leer dobló el papel y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta. Nos miró como si le hubiéramos ofendido de la peor manera, y, al mismo tiempo se mostraba extrañamente decepcionado de ambos.

— ¿Así que mi clase les parece muy aburrida? —preguntó con malicia al mismo tiempo que se acomodaba las gafas sobre el punte de la nariz.

Negué con la cabeza, estaba un poco divertida respecto a la situación y por aquello decidí que abrir la boca no sería la mejor idea si no quería soltar una carcajada.

—Si—demandó Engel con vehemencia.

Remití mi risa ante el asombro de tal desfachatez; no todos los días alguien se revela contra “la autoridad”, no era la única que lo pensaba, los demás estaban expectantes, inmersos en cada movimiento pasando sus ojos de Lafter a nosotros y de nosotros a Lafter.

Una vena en la sien del profesor empezó a palpitar peligrosamente y su rostro se tiño ligeramente de rojo, sus muecas y gestos rábicos no presagiaban nada bueno, pensé que pronto se pondría morado; necesitaba urgentemente cinta adhesiva para taparle la boca a Engel para que no dijera otra tontería que nos costara la vida a ambos, nunca se sabía hasta donde podía llegar un profesor obsesivo y psicópata que ha leído mucho sobre guerras y asesinatos, torturas y civilizaciones sanguinarias.

— ¡Fuera de mi clase! —Bramó Lafter furioso.

Fue mejor de lo que pensé.

Tomé mis cosas y las metí al azar dentro de la mochila; hablando con sinceridad, ser echada de la clase de historia era mas bien un premio beneficioso que un tremendo castigo. ¡Bah! ¿A quién le importaba historia? A mi no.

Me puse de pie y seguí a Engel que caminaba despreocupado. Bajamos las escaleras en silencio, pensaba muchas cosas que decir, pero las palabras no salían porque no iban a ser capaces de transmitir nada, también otra buena alternativa era echarme a reír, soltar locamente a la nada frenéticas carcajadas propias de una mente psicópata, estaba nerviosa, obviamente, y, la risa siempre ocultaba aquella debilidad o la engrandecía, dependiendo la forma en como mi receptor la captara. Al final no me armé de valor para hacer nada, más que para prolongar dicho silencio presente.

Fui un par de pasos por detrás suyo, emergida del todo y de la nada; al pie de las escaleras esperó paciente el termino de mi tramo, con expresiones adustas observando cada detalle en la decoración escolar, del ambiente que nos rodeaba, como cazador analizando su terreno, pero, al mismo tiempo no prestaba verdadera atención a nada en especial; Engel se mostraba ausente y presente al mismo tiempo, avasallado por sus propios pensamientos que yo desconocía e invisibles eran incluso en su mirada o sus indescifrables facciones. Mis pies tocaron el suelo, dirigida hacia él me quedé y su mano buscó la mía, sus dedos, largos y fríos se entrelazaron con los míos que estaban aún más fríos que los suyos, ese contacto anhelado produjo un calor abrasador que recorrió cada centímetro de mi cuerpo y el frío se esfumó por completo.

Fue hasta entonces, viéndome aferrada a lo que más quería, cuando la pregunta importante volvió a rondar en mi cabeza. ¿Había significado algo?

La respuesta no llegó en el momento que fue solicitada.

No dirigió sonrisa alguna que me dijera a que punto de confianza habíamos llegado, que me diera una pista de lo que estaba ocurriendo, que me hiciera entender que pasaba ahora entre nosotros dos. Tampoco hubo palabras… solo estaba el tacto cálido de su mano envolviendo la mía, solo era aquel acto sumiso de amor lo que albergaba esperanza alguna en cualquier sueño que se mantuviera presente, cualquier sueño que se prolongara irrumpiendo en la realidad, feroz y mordaz.

Caminamos con pasos moderados por los pasillos y la actitud silenciosa seguía siendo la misma, fría como la mañana de hoy y frías se volvían mis esperanzas al no mostrar seguimiento sobre mis ideas, al parecer había olvidado todo hecho anterior, incluso, desconocía si me había olvidado ya. Mi mirada se quedaba perdida en el vacío, allá en un punto fijo del horizonte, mis ojos veían, mis oídos escuchaban, pero, solo percibía un entorno borroso y lejano, sonidos distantes e insignificantes; Engel, el chico en quien menos debería confiar mi vida y mi alma, era, mi único guía a donde sea que nos dirigiéramos. No mucho tiempo después noté que mis pies se detenían espontáneamente, porque él así lo quiso; habíamos llegado y no sabía donde estaba, desconocía aquel lugar por completo, no obstante, la libertad presentida y esos aromas de ensueño me eran familiares, pero seguía permaneciendo adversa sobre que lugar era aquel, y, me abstuve de girar mi cabeza para reconocer, él podría borrarse de ahí si me descuidaba por un momento; era mí momento, es que era tan bello como un sueño, tan hermoso como una cruel y masoquista fantasía.

Sus ojos estaban sobre los míos, poseyéndome con la penetrante mirada, armando su fortaleza, debilitando la mía; no podía romper su contacto visual, aunque, intimidante se volvía cada vez más terrible; férreo y despiadado príncipe de mis tinieblas.

Una gota de agua congelada recorrió lentamente mi mejilla e hizo arder aquel camino que había marcado. Titubeante, levanté aquella mano que no estaba a merced de Engel para apartar la fría gota, y, al llegar al punto donde el frío y el calor se unen, mis dedos chocaron no con el agua imaginada, si no con dedos fríos que en caricias me atendían. Rompiendo mi precioso instante de contacto visual analicé su rostro de sonrisas interrumpidas y severidad preocupante, frunció su ceño no en significado del enojo (que razones no tenía), si no en la especie de gesto preocupado que no entendía. ¿Por qué algo mortifica a mi ángel?

— ¿Estas molesta conmigo?

Aquella voz tan hermosa, más maravillosa que nunca, canto de los querubines, anunciación de los pecados rompiendo ofensivamente el sepulcral silencio que nos envolvía. Abandoné mis caóticos pensamientos entrando en un trance distinto; había sonado tan dulce y limpia, pudo ser un murmullo pero fue tan clara y enrollada de ternura que mi corazón se enterneció y se aferró más a él, ahora más que nunca me negaba a perderlo.

—No—solté casi sin aliento— ¿Debería estarlo?

—No lo se—masculló, otra vez con ternura, jugando con un mechón de mi cabello—quizás yo…

Alcé mi rostro y vi aquellas facciones corrompidas por un dolor insufrible tan exquisito y diferente que me alcanzó en cuestión de segundos como fuego traicionero que se propaga en todas direcciones durante un incendio descontrolado o el agua que se desemboca de un río durante una fuerte tormenta; los vellos de mis brazos se erizaron, solté su mano y deshice cualquier atadura que me mantuviera sobre él, solo eran mis ojos incapaces de dejar de ver aquel rostro devastador cuando retrocedí.

—Lo que pasó anoche... —empezó a decir de nuevo con voz baja.

Tuve la impresión de que cualquier cosa que intentaba salir de sus labios lo ahogaba en desesperación y me sentí completamente egoísta.

“No te lastimes temiendo lastimarme”

—No significa nada—me apresuré a decir.

Me sorprendió la seguridad que mi voz transmitía, un aire despreocupado como si no me importara aquello que mas me importaba ahora. Fingir puede ser fácil, la vida que viene después es mucho más difícil.

Pero, me resultaba más sencillo afrontarlo cuando lo decía yo, porque si hubiese salido de sus labios habría sido como si el mundo entero cayera sobre mí.

— ¿Qué?—Unas arrugas surcaron su frente y agachó la mirada.

El orgulloso Engel Jackocbsob parecía indefenso y derrotado. Con un paso vacilante se acercó otra vez a mí, tomó con ambas manos mi rostro pese a la resistencia que quise poner ¿Por qué me hacía esto? No alzó su mirada para desprotegerme de mi testarudez y porfía, no se atrevió a combatir contra mí para bajarme de mí nube con palabras burlescas e ironías hirientes.

—Te odio—gruñó apretando los dientes.

Mis extremidades se contrajeron tensas y temblaron como sus manos en torno a mi rostro.

Solté una risita nerviosa y sin poder deshacerme de su abrazo miré hacia otro lado.

—Eso no es nada nuevo. —dije con voz entrecortada entre las risillas.

— Esta vez es diferente. —concretó seriamente. Me resultaba sorprendente que a pesar de dejar a relucir aquel sentimiento intachable, su voz seguía rebozando en la ternura y la dulzura— ¿Sabes porque te odio? Porque estas entrometida donde no deberías, siempre, siempre… siempre. Desde anoche que dejé de ver tus hermosos ojos, sentí como si la luz de las estrellas se hubiera extinguido. Porque ya no me soporto a mi mismo cuando estoy lejos de ti, me casé de pelear contra algo inútil. Lo peor es que no entiendo lo que pasa; me confundes y no me gusta, siento… cosas extrañas, nuevas ¡No las entiendo!

Al escucharlo me quedé sin aliento, sus palabras aunque atropelladas iban encerradas en sentimientos únicos y especiales, no obstante, su rostro seguía mostrando sufrimiento y dolor alguno. Atónita, emití un suspiro sin saber que hacer, como actuar, porqué hacerlo. ¿Cuál era mi ideal?

Liberó la presa de sus manos sobre mis mejillas que ardieron cuando el viento gélido las besó y extrañaron el tacto cálido de esas manos tersas. Se alejó con tal rapidez que apenas me di cuenta que se había movido, y, ahora yacía sentado en una banca con los codos apoyados sobre sus muslos cubriendo su cara con ambas manos. Únicamente, con él a la lejanía noté que hacía mas frío del que pensaba, el viento se colaba en todas direcciones combinando aromas silvestres y jugó con mis cabellos haciéndolos danzar libremente al aire; sacudí un poco la cabeza para salir de mi ensimismamiento y lograr encontrar la compostura. Todas mis extremidades temblaban, ya no era el frío solamente si no la incertidumbre de aquel momento crucial, mi corazón reclamaba paz mientras palpitaba rápido y más rápido.

Me sentí curiosamente extraña plantada a medio camino, en el jardín trasero, lejos de un Engel trastornado, por primera vez débil. El escenario hacía poca justicia con sus pocos árboles carentes de hojas y el color gris rojizo del ambiente.

El destino seguía reticente a mostrarse, inflexible y distante atormentándonos esporádicamente entre minuto y segundo, entre cada paso hueco que daba para llegar hasta él. Sonidos amortiguados obra de mi imaginación o reales y dolientes como dagas afiladas. No era capaz de salir huyendo porque estaba tan conmocionado que tenía inmensas ganas de abrazarlo y decirle que todo estaba bien, que si lo quería jamás lo dejaría y si lo deseaba saldría de su vida para siempre o que podríamos estar juntos para entenderlo todo porque yo tampoco entendía muchas cosas y con el paso del tiempo todo sería mas claro. Podría gritarle —pero no lo haría— que lo necesitaba, que lo quería por razones estúpidas, que me obsesionaba inevitablemente, que podía seguir viviendo sin él pero que sería terrible…

Un jardín que se acercaba mas a la muerte que a la vida, el gélido viento de otoño que calaba en los huesos y un cielo oscuro sin sol, eran los únicos testigos de que sin ser capaz de dar marcha atrás, me había enamorado perdidamente de Engel Jackocbsob.

Alzó la mirada y me contempló como si fuera la primera vez que me veía; el instante perturbador había terminado y compuso su rostro nuevamente con gestos adustos y sombríos, sonrió fríamente y su sonrisa cuadró perfectamente con el sadismo que reflejaba en su mirada. Detuve mis pasos fluctuantes en seco, admirando la expresión psicópata que había devorado el dolor y la desolación, intrigada por la seguridad arrogante y obscena que mostraba. ¿Se estaba burlando de mí?

La respuesta no llegó de ninguna manera.

Arqueó una ceja, como si se preguntara que demonios estaba haciendo parada en medio de la nada, observándole como bicho raro.

Con gesto grácil y elegante levantó su brazo y tendió su mano al aire, invitándome a su encuentro. Vacilé, pero después, apremiante, anduve a su encuentro, tomé su mano y mi corazón ardió de pasión y deseo.

No había palabras, pero las acciones y las miradas lo decían todo, absolutamente todo; yo necesitaba de él y podía decir que él de mí. La decisión estaba planteada y se desenvolvía libremente en las volutas engañosas del destino.

Tomándome con la facilidad que siempre lo hacía y me envolvió con sus fuertes brazos, acunándome y protegiéndome de todo como si hubiera tomado repentinamente un trabajo de ángel guardián.

—Eres solo mía—susurró a mi oído después de un prolongado silencio. El abrazo se volvió más fuerte e irrompible.

— ¿No me dejarás? —pregunté con temor.

—No. Estaré contigo —dijo seguro de sí mismo. —Hasta que la muerte nos separe.

Sus labios tocaron mi frente y se quedaron ahí por minutos, entonces confié en él.

Hasta que la muerte nos separe.

Sonaba a eternidad, algo que aún se veía a la lejanía, tan lejano y simple que apenas parecía un reflejo nítido entre vaporosa neblina, y, aunque no podía evitar pensar que era una mentira me dejé llevar por lo que jamás quería que terminara.

Me quedé con la cabeza recargada contra su pecho y sus brazos rodeándome en un ademán cálido y protector.

El tiempo corría. Tic tac, tic tac, el reloj; tum… tum… latidos de corazón.

Una estridente carcajada enloquecida rompió la pasibilidad rítmica de nuestros corazones que latían juntos, al mismo compás; me sobresalté al darme cuenta que el origen del frenesí provenía del pecho de Engel y el sonido lo emitían sus cuerdas bucales, me incorporé y giré un poco, terminé deslumbrada con sus gestos risueños, nunca pararía de tener ataques bipolares, ya no sabía si aquellas reacciones repentinas eran divertidas o peligrosas. Un poco de ambas, tal vez.

Lo observé con la curiosidad que un niño observa un maravilloso fenómeno nunca antes visto, y después, contagiada por sus carcajadas me eché a reír.

Ipso facto, se puso serio de nuevo, callando de manera sepulcral.

— ¿De que te ríes? —preguntó impasible.

Cerré mi boca y llevé los dedos a los labios tratando de remitir la risa que parecía no querer cesar.

— ¿De que te ríes tu?

—Yo pregunté primero. —frunció el ceño a la defensiva.

—Yo me reí después. —contradije retadoramente.

—Pero yo estoy loco y… los locos se ríen solos.

—Pues yo también debo estar muy loca. —Mi sonrisa se amplió al recordar algo— ¡Si! Estoy tan loca que te asesinaré en cualquier momento.

Su seriedad imperturbable se rompió con otra carcajada, la cual debo admitir, no fue tan enloquecida y escalofriante como la anterior.

De un salto me lancé sobre su cuello, busqué su garganta imitando “elegante” salvajismo y gruñí bajito como tigre hambriento, hundí mi nariz en su cabello recibiendo de golpe un aroma embriagante y elocuente que hizo marchar y volver mi mente a un mundo desconocido; sus caricias endebles musitaron sobre mi cuerpo, cerré los ojos jadeando de placer jugueteando con aquellos mechones azabache de textura de seda y mis labios buscaron un curso hasta su oreja mordiéndola cariñosamente. Engel se quedó inmóvil sin deshacer nuestro abrazo, conteniendo risas y suprimiendo placeres para seguir mi juego con el dramatismo que este requería.

—Oh—mustió divertido entre murmullos seductores, envueltos en pasión desenvuelta— ¿Por qué me ocultaste tu secreto?

—Porque sabía que me rechazarías por lo que soy, que tal vez me temerías y no querrías saber de mí. —murmuré a su oído.

Se quedó firmemente inmóvil, como una estatua, el latido de su corazón se detuvo por unos instantes.

—Pero jamás daño a lo que amo—insistí besándole el cuello.

Bajó sus brazos hasta mi cintura y me apartó del regalo que era su cuerpo, cerré mis manos con fuerza sobre sus hombros, no me di cuenta como había llegado hasta ahí, con mis rodillas reposando sobre sus piernas.

Sus ojos clavados en mí, sombríos de nuevo, mí mirada llena de reproche, rabiosa y reclamante.

—Has leído demasiado sobre Anne Race—soltó fríamente entre dientes. Su sonrisa torcida se pintó de amargura— Los monstruos no existen.

—Solo tu ¿verdad? —pregunté con sarcasmo.

Al ver su expresión me di cuenta que no quería seguir jugando y súbitamente me aparté para dejarlo respirar.

—Tengo clase de Literatura—pugné poniéndome de pie—debo ocupar mi mente en otros autores que no se llamen Anne Race. Tal vez un poco de Charles Dickens me hagan estar mas en la realidad.

Efectivamente, se me hacía tarde para ir a Literatura y tenía que darme prisa; recogí mi mochila que había quedado en el suelo olvidada cuatro metros más allá y le lancé una mirada ofendida a Engel; no dijo absolutamente nada y yo tampoco lo hice, ni esperaría que lo hiciera si no quería, era su vida, sus asuntos y haría con todo eso lo que se le viniera en gana.

Las preguntas me invadieron una vez mas, aterrorizándome, contribuyendo a la tristeza y la furia de mí ser, preguntas que con displicencia dramática evocaban dudas dolorosas.

—Lo mejor que puedes hacer es alejarte—mi chiflada conciencia al acecho. —Jackocbsob no es lo que te conviene…

Gruñí haciendo todo lo que estaba en mis manos para ignorarla, su voz se estaba volviendo insoportable.

Con pasos fuertes y furibundos me interné en el pasillo del edificio que me llevaría a mi siguiente clase; por órdenes de mi vanidoso orgullo, me mordí el labio antes de respirar profundamente para mantener en apariencia una máscara de fortaleza, impenetrable como muros forjados en hierro.

—Lo siento

Un escalofrío recorrió mi columna y me estremecí discretamente, no tenía idea de cuanto tiempo llevaba caminando a mi lado, sus pasos eran inaudibles y él tan sigiloso como un fantasma.

Me esforcé por parecer inmutada antes de hablar.

—Creo que deberías pensar mejor lo que estas haciendo—dije mientras seguía avanzando

—No dudo de lo que siento por ti—objetó, parecía sincero.

—Tengo que entender mucho de ti y tú de mí. —recalqué. Mi voz se hacía más fuerte como cada paso que daba al subir los peldaños. —Es que es ridículo; tal vez fue un error, ni siquiera nos conocemos bien. Sinceramente nos odiamos.

Rió entre dientes. ¿Cuál era la gracia?

—Dicen que del odio al amor solo hay un paso.

Se encogió de hombros.

— ¿Tú crees en eso? —inquirí tajante.

—No se; antes el ser humano no creía que la tierra era redonda o que girábamos alrededor del sol. ¿Tú crees en el amor a primera vista?

Fugaces fueron sus movimientos que apenas pude darme cuenta de cuan rápido había llegado a quedar de espaldas contra la pared, me envolvió en una cárcel que hizo con ambas manos apoyadas en el muro, sus ojos taladraron los míos con profunda intensidad, esos hermosos ojos grises que encontraban mi vulnerabilidad para jugarla a su favor…

—No. —sentencié apenas en un suspiro. Tomé aire. —Pero después de ti creo que los sueños y las pesadillas pueden hacerse realidad y que abusar el consumo de chocolate puede provocar una grave enfermedad mental. Deberían encerrarte en un psiquiátrico… aunque después tenga que ir por ti…

Se rió y apartó una mano de la pared para hurgar en uno de los bolsillos de su pantalón, sacó dos pequeñas barras de chocolate que encaró frente a mí y luego dejó una sobre mi mano.

—Disfrutemos juntos de la locura. —suspiró sobre mis labios.

Depositó un beso en mi frente y se apartó pocos segundos antes de que profesora Parker pasara a nuestro lado.

—Te veré en el almuerzo.

Asentí y él espero ahí hasta que hube entrado en el aula despidiéndome con un movimiento de mano.

Mis ojos recorrieron cada línea de las primeras hojas del amarillento y desgastado libro que tenía en mis manos, sin embargo, mi mente se hallaba mas allá de cualquier libro, no era capaz de despertarme ni el sonido al pasar las hojas que era un sordo susurro afilado, ni el aroma húmedo y mohoso del estante donde había permanecido guardado; de pronto, me daba la impresión de que todas las fantasías contenidas entre las hojas empastadas en gruesos volúmenes se habían desbordado de éstos textos y rondaban alrededor de mí mas reales que nunca.

No recordaba la última vez que esperé con tanta ansia el almuerzo; Literatura fue corta a comparación de cálculo que se volvió un infierno con sus integrales definidas, casi salí corriendo cuando el timbre dijo que la clase había terminado.

— ¿La pasaste bien anoche… con Valerie? —Le pregunté a Travis que venía a mi lado.

Hoy mi amigo no sonreía como de costumbre, las facciones de su rostro además de hostiles y duras, le daban un aspecto cansado, exasperado y un poco hastiado de quienes le rodeaban.

—Si—respondió cortante— ¿Qué hiciste con Jackocbsob? ¿Se besuquearon en su habitación?

Me quedé boquiabierta, su tono de voz, huraño y burlón me molestó un poco, no era la clase de humor ligero que siempre le acompañaba y el significado de sus teóricas preguntas tomó un doble sentido ofensivo.

Respiré hondo, mantuve la tranquilidad; sopesé la posibilidad de haber imaginado la forma en que había expresado “sus dudas” porque ese no era el comportamiento natural de Travis.

—Algo así—contesté y sentí como la sangre se quedaba estancada en mis mejillas ardientes. —y podría decir que somos… novios. Bueno no estoy segura.

Y aquí estaba, caminando hacia mi clase de física confesándole (contra mi orgullo) a mi mejor amigo (el cual no estaba de mejor humor) que él siempre tuvo la razón. No era molesto en realidad, Travis era la única persona que se me ocurría para contar todo aquello que sentía (aunque muchas veces me viera censurada), pero si se trataba de algo que quisiera decir él tenía toda mi confianza, sería capaz de confiarle hasta mi vida; probablemente ahora la decisión que había tomado sobre Engel era equivocada y aunque así fuese me iba a apoyar; pero, la situación dio un giro de 360° sin advertencia inmediata.

—Deberías alejarte de él, Annette; luces tan ridícula a su lado…

Sus palabras desdeñosas me traspasaron como finas agujas.

—Si ya lo se. —Siseé. Mi voz se volvió agria.

—Lo digo en serio, es mejor que dejes su juego antes de que empiece; cuando se halla cansado de ti y divertido lo suficiente (como Michael), te dejará llorando patéticamente.

— Travis… ¿Por qué me hablas así? —dije con un hilo de voz.

Lo encaré deteniéndome en seco y tomándolo de la manga de su jersey para que se detuviera también; su cara lucía pintoresca entre amargura, sus expresiones ausentes y divagantes, sus ojos ya no poseían aquel brillo de alegría permanente y su sonrisa era más bien la buena imitación de algo cruel y funesto, disfrutaba echarme en cara el pasado que había permanecido intocable en algún lugar muy profundo de la tierra y hoy, precisamente hoy, había excavado las profundidades del suelo con sus garras mortales para encontrar aquella caja que juntos habíamos guardado supuestamente para siempre.

— Porque ya me cansé de ser tu pañuelo de lágrimas. Me aburres.

Mi mano deshizo el agarre de su brazo y Travis, con gesto asqueado terminó soltándose y alejándose a zancadas por el pasillo.

Me quedé plantada incapaz de moverme observando con la mirada perdida el lugar por donde mi amigo había desaparecido.

En física Drew se mostró tan hosco como en los últimos días, al igual que Travis, me lanzó miradas de resentimiento, que en otro momento no me hubieran importado lo suficiente, sin embargo esta vez fueron por completo dolorosas. ¿Qué estaba pasando? Acababa de ganar lo que quería, pero estaba perdiendo algo mucho más valioso: a mis amigos. Tampoco me veía haciendo nada por evitarlo y la impotencia sobrevino sobre la tristeza. Me desesperaba no saber que hacer. La clase fue mas tortura de lo que cálculo había sido, esta vez no por la espera ansiosa del almuerzo, de hecho ya no me importaba tanto, todo tenía que ver con la reversión del mundo, mi mundo. Por instantes quería que todo se detuviera como en la ciencia ficción, una paralización del tiempo y entonces, correr hacia atrás, hacia el pasado y cambiar lo que había hecho mal, recompensar a quienes había dañado y cambiar cualquier error, pero, por lógica era imposible y seguíamos avanzando hacia delante, teóricamente.

El tiempo no se detiene en un punto fijo, el tiempo es el peor enemigo de los hombres, pasa rápido cuando quieres que no lo haga y transcurre lento cuando quisieras que las horas fuesen segundos.

La puerta se abrió al final de la clase. No reconocía lo importante de lo ignorable y un sentimiento de desesperanza me embargaba simultáneamente, que no desapareció cuando vi a Engel esperándome, recargado contra la pared, despreocupado dando el aspecto de un maravilloso Adonis que cobró vida cuando una sonrisa torcida surcó su rostro; exhalé aire con un poco de alivio, tomando en cuenta que soledad no me acompañaba más y que podía marcharse a dar un paseo o hacer una visita temporal a alguien mas. Mis músculos se tensaron cuando su fuerza masculina oprimió mis hombros y rodeada de su brazo condujo a una ausente Anne hacia la cafetería, mi cuerpo estaba ahí, pero mi mente no, escuchaba el murmullo de voces que se avasallaban alrededor, las conversaciones animadas, las noticias relevantes. Todos eran tan felices y simples en apariencia.

—Anne… ¿me estas ignorando?

Parpadeé un par de veces y enfoque a mi perfecto acompañante sentado frente a mí, tan soberbiamente elegante con el entrecejo ligeramente fruncido.

Una mesa repleta de comida había sido interpuesta entre nosotros, el tenía un par de cubiertos en las manos y dejó caer con fuerza el cuchillo sobre el trozo de carne que comía; las sonrisas se esfumaron, sus gestos imprescindiblemente amables ahora severos se volvieron, transformando en un santiamén todo su semblante.

—Algo te preocupa—afirmó átono.

Y, así con rudeza pero al mismo tiempo dulzura dejó caer sobre mí todo el peso de su mirada, no lo soporté y me dediqué a observar las frutillas que había en mi cuenco; de colores claros, frescas, incluso alegres.

— ¿Soy yo? —Preguntó— ¿Aún piensas que es mala idea? ¿Aún no estas segura de lo que crees? ¿Sigues odiándome?

Acercó su mano y tomó mi mentón con firmeza, alzó mi rostro para que pudiera verle a la cara. Agachar la mirada: signo de debilidad. Yo era todo menos débil.

—Confía en mí. —Su voz vació toda su dulzura y la frialdad en su mirada se volvió un manta cálida y abrasadora—Cuando digo que te odio es porque te odio; cuando digo que seré bueno… es porque intentaré serlo; y, cuando digo que te quiero es porque te amo.

—No tiene que ver contigo—Suspiré. —Confío en ti—afirmé—mis inseguridades siempre estarán, pero quiero confiar… siento que debo hacerlo. Eres lo mejor que me ha pasado.

—Y tu a mí—sonrió y después rió ligeramente mientras me soltaba—Bueno… lo mejor después de la invención del chocolate.

Reí también. Engel era una excelente persona cuando se empeñaba en serlo.

Terminamos charlando sobre el clima y apostando sobre cuando sería la primera nevada de la temporada.

Las clases posteriores pasaron más rápido y el abrumador día escolar terminó con la mayoría de los estudiantes sabiendo que había algo entre el rumano Jackocbsob —de quien a pesar de tiempo transcurrido nadie le quitaba la vista de encima— y una chica insignificante de S4 cuyo nombre nadie recordaba.

Caminamos juntos por el aparcamiento a una peligrosa vista de todos y de su hermana que nos seguía detenidamente con su asesina mirada, parecía echar chispas y tenía que admitir que daba miedo verla.

—Podemos ir juntos—insistió Engel por cuarta vez cuando estábamos fuera de mi coche—Wright puede conducir este.

Mi estómago se contrajo de pena.

—Lo siento, pero esta vez no.

Me miró con ceño. Su expresión adoptó un gesto de niño ofendido, aunque no lucía para nada infantil.

—Mañana no podrás negarte.

—Ya veremos.

Me golpeó con sus dedos en la punta de la nariz, respingué cerrando los ojos como reacción y cuando los abrí ya tenía mala cara.

— ¿¡En este lugar nadie puede tener un poco de privacidad!? —saltó hastiado elevando la voz enfatizando cada sílaba.

Fue entonces que me percaté de las miradas que habían estado curioseando a nuestro alrededor, en ese momento muchos de los curiosos desviaron su atención hacia cualquier otro asunto improvisado, apenados por haber sido descubiertos in fraganti.

— ¡Gracias, muy amables!

Me reí con disimulo. Ese chico no tenía vergüenza de nada.

—Te veré esta tarde. —suspiró tranquilamente.

— ¿Ho…Hoy? —titubeé

—Si, hoy. —dijo como si fuera lo mas obvio.

Se despidió dándome un corto beso en los labios antes de que pudiera objetar cualquier cosa; una vez se hubo alejado las miradas curiosas se volvieron de nuevo hacia mí, yo, obviamente no tenía el valor, o la desvergüenza de hacer lo mismo que Engel, mas bien, mis actos eran cobardes y desesperados. Sentí que me ponía completamente roja y la única forma de huir era entrar en la seguridad del interior de mi auto, giré y logré abrir la portezuela después de varios intentos fallidos y maldecirla en voz baja por ser una tonta puerta. Salí del aparcamiento en una lucha mental para proteger mi salud mental; antes de desaparecer a toda velocidad eché una última mirada al Lamborghini y pude jurar que él me veía detrás de los cristales tintados, sonreí ligeramente y emprendí el viaje hacia Dunkeld, entre la felicidad, la confusión y la zozobra.

Cuando me acercaba a casa pude darme cuenta de que había una patrulla de policía aparcada fuera de la casa de los Green, el corazón me empezó a palpitar en son de alarma, aunque dudaba que algo malo hubiera pasado de verdad, tal vez Justin se había metido en problemas, otra vez; recordaba no haberlo visto en clase de Química ni en ninguna otra y desde el sábado pasado deseaba volver a entablar una conversación con él, en aquella ocasión había dejado a descubierto algo importante, algo que quería decirme.

Entré en casa dándome cuenta que Julliette había dejado temprano el trabajo aunque las luces de la sala de estar estaban apagadas y no había señal alguna de que alguien estuviera ahí; un abrigo fuera de su lugar, la alfombra pisoteada, como si alguien hubiera entrado y salido continuamente de ahí en poco tiempo eran las señales que me incitaban a creerlo; dejé la mochila sobre el sofá y me dirigí a la cocina, dos tazas de té frío a medio terminar sobre la mesa pero tampoco había nadie.

— ¿Tía, estás en casa? —pregunté alzando la voz para que esta se escuchara incluso en el segundo piso.

Profundo silencio.

Me encontraba sola en casa, como casi todas las tardes.

Encendí las luces de la salita y me dispuse a subir a mi habitación, esta tarde tenía una especie de cita y tenía que apurarme a terminar mis deberes y arreglarme un poco; pero, la puerta principal se abrió y entró Julliette. Parecía cansada, al contrario de esta mañana que me había despedido de ella.

—Ya estás en casa. —dijo como si sintiera un profundo alivio.

Había un toque de histeria en su voz, la cual, en vano, pretendía ser amable, en su mirada pude ver como si antes hubiera estado pensando que jamás volvería a verme.

—Si… siempre llego a esta hora.

Señalé el reloj de pared con un movimiento de cabeza colocándome la mochila al hombro.

— ¿Ha pasado algo malo, tía?

—No… sabemos—parecía saber— Tu compañero, Justin, desapareció.

Me sorprendió escuchar eso.

— ¿Qué? ¿Cómo? Yo lo vi, anoche, en la fiesta.

Asintió con cautela y se esforzó por sonreír como si hubiera llegado al meollo del asunto.

—Amanda dice que no lo volvió a ver desde que salió de casa anoche; la policía dice que solo empezaran a investigar el caso como desaparición hasta que hayan hallan transcurrido cuarenta y ocho horas. Dicen que normalmente los casos sobre desapariciones de adolescentes se debe a que se fugan de sus casas para vivir un poco su vida, y Justin, no ha sido siempre muy comportado que digamos.

—La señora Green debe estar desesperada.

—Lo está—se quedó pensativa un momento y murmuró en voz apenas audible— no entiendo que querrían del chico.

La miré a los ojos y luego fruncí el ceño por lo que vi en las intenciones de aquella mirada concentrada y analítica.

—Espera, ¿no pensarás que los Jackocbsob tienen algo que ver, verdad? —Mi voz sonó ofendida.

La idea sonaba ridícula por completo, no imaginaba a Engel, o incluso a su diabólica hermana secuestrando a Justin. Sus padres ni siquiera se encontraban la noche anterior. Ridículo.

Julliette frunció los labios.

—No he dicho eso; pero… a veces muchas cosas pueden sorprendernos, Anne.

—Sin duda —mustié de mal humor.

—En fin, regresaré con Amanda, apenas me ha dejado venir ahora, le prometí que no tardaría mucho.

—De acuerdo.

Julliette tomó su abrigo y estaba a punto de salir cuando recordé algo.

—Tía, yo te quería pedir permiso de salir. Engel Jac…kocb…sob me ha invitado a dar un paseo… como una cita.

Se volvió y me miró con asombro, como si no pudiera dar crédito a lo que escuchaba.

—No, no puedes ir. —negó enérgicamente con la cabeza.

— ¿Qué? Pero ¿Por qué?

—Porque no.

— ¡Porque no, no es una respuesta! —rebatí. —No regresaré tarde, sólo será un paseo; por favor.

—No, es mi última palabra. No con él.

— ¡Ah! Ahora tendrás prejuicios contra Engel, genial. —Me estaba poniendo furiosa— ¿No eras tú quien decía que debía salir más de aquí? ¿Qué debería salir con chicos? ¿Qué yo estaba juzgando mal a Engel?

—Puedes ir con quien tú quieras, pero él no; ese chico no es bueno para ti. No me gusta.

— ¡Tú no sabes nada!

Salí corriendo antes de ponerme a despotricar todos los pensamientos terribles que se arremolinaban como terribles blasfemas en mi cabeza, querían empezar a salir de mi boca a voz de cuello pero aún, a pesar del coraje que hacía hervir la sangre de mis venas, seguía poseyendo sentimientos y conciencia, no estaba en mis intenciones dañar a Julliette, aunque ella me había dañado a mí. Engel no era un capricho, yo lo quería y él me quería a mí; tampoco era una persona mala, podría aparentar muchas cosas pero había alguien bueno detrás de todas sus múltiples máscaras.

Entré a mi habitación cerrando de un portazo, estaba muy enojada, de verdad. La ira me hizo patear lo que encontré a mi paso, me tiré sobre la cama mirando el techo, empecé a contar las manchitas de éste, y me pregunté si debía esperar a que Engel llegara, tal vez mi tía cambiara de opinión, él se comportaría educadamente y se ganaría el corazón de Julliette con una de esas sonrisas devastadoras, una de esas miradas penetrantes y un par de buenas palabras aduladoras, le resultaba fácil convencer a las personas, lo había visto hacerlo muchas veces.

También estaba conciente de que no era una voluntad estúpida de Julliette, conocía cada uno de sus gestos y anticipaba sus acciones; Julliette temía algo y Engel era un ser sobre natural.

Misterios innumerables rodeaban al chico del cual me había enamorado, misterios que no lograba comprender, Recordé sobre él todo desde el momento en que le conocí; detenidamente, analizando cada uno de sus pasos, recordando cada una de sus frases, sus repentinos cambios de humor, cada suceso y muchas cosas no encajaban. Cosas extrañas habían empezado a suceder desde su llegada, primeramente nadie hace un dibujo y a cinco minutos después éste toma vida propia. Por una parte me aterraba buscar mas allá de las apariencias, además porque era tremendamente ilógico, las cosas sobrenaturales solo están en los libros y las maravillosas historias que el abuelo solía contarme cuando niña. Pero, si ataba los cabos sueltos llegaba a un punto insoportablemente dudoso, un punto que me negaba a alcanzar, incluso a tocar.

¿Qué estaba pasando en el mundo?

Cerré los ojos para descansar la mente, pero la mente era una fiel enemiga, engañosa y malévola me decía que aquello no podía dejarlo, que, indiscutiblemente mi futuro y todo lo que rodeaba mi vida pendía de un hilo, otra vez. Era hora de dejar de comportarme como lo había estado haciendo últimamente, ciega y sumisa.

En la oscuridad de mi mirada, vi un par de resplandecientes gemas rojas, que pronto se transformaron en ojos observadores, atentos y burlones.

“Tú no podrás conmigo, insulsa humana”

Su voz fue seductora, tan atrayente como el pecado para los hombres, canturreaba con demencia en tonos desvariados, de altos a bajos, de gritos a murmullos. Y, entonces, enmudeció súbitamente. Silencio. Esperé su regreso porque aunque sonaba temible, me insultaba y era amenazante, disfrutaba de ella como una amante incógnita.

Abrí los ojos de golpe cuando escuché que un auto aparcaba; me levanté apresuradamente de la cama y corrí la cortinilla de seda para mirar hacia fuera, era el Lamborghini; la sangre se me heló y se derritió de nuevo cuando vi la lejana silueta de Julliette acercarse.

— ¡No! —grité en mi fuero interno ya que el grito se atragantó en mi garganta.

Salí corriendo de la habitación, derrapé peligrosamente en el pasillo pero retomé el equilibrio y bajé las escaleras de dos en dos, cuando salté los últimos tres peldaños caí de rodillas por mi acto de osadía pero de alguna forma conseguí ponerme de pie otra vez, y, de la misma forma presurosa crucé hasta la puerta, la abrí y el Lamborghini encendió de nuevo el motor para esfumarse, me puse furiosa de nuevo y cerré de un portazo para regresar a mi habitación, con un par de rodillas adoloridas y completamente derrotada.

La cena aquella noche fue un sepulcro silencioso, mientras ella me observaba con minuciosidad yo trataba de ignorarla al mismo tiempo que hacía muecas disgustadas forzando mi rostro para que luciera mas molesto; apenas había permanecido quince minutos cuando terminé y solo quería encerrarme otra vez en mi habitación.

—Anne, tienes que entender que… —intervino Julliette pero de nuevo censuró lo que verdaderamente quería decir y eso me fastidió más.

—Si vas a mentir de una forma tan falsa, ahórrate tus comentarios—le espeté duramente—y cuando tengas argumentos poco infantiles para oponerte, razones verdaderas, hablamos.

—Solo aléjate de cualquier Jackocbsob—sentenció.

— ¿Por qué? Dame una razón, ¡solo una!

—Porque digo yo.

—Oh, creo que con eso me basa—dije sarcásticamente.

Era suficiente.

Volví a mi habitación echando chispas, ese era el único lugar donde me sentía tranquila, donde nadie me miraba reprobadoramente, donde yo ponía las reglas.

El viernes Engel no se presentó a clases, eso podía ser bueno y también malo; tenía una ligera esperanza de poder estar a su lado al menos durante las horas de escuela, lo prohibido siempre era mucho más tentador, incluso placentero. Durante el fin de semana no salí de casa, me sentí ligeramente vigilada por Julliette que no me dejaba respirar a gusto ni un momento los ratos que pasaba ahí —ya que el tema de la desaparición de Justin estaba llegando a un punto crítico— creo que tenía el pensamiento de que me las arreglaría para saltar por la ventana a media noche y escapar para ir en su búsqueda; la alternativa de la ventana era porque creía que estaba tan obsesionada con él y el hecho de no tener permisos para alejarme 4 metros a la redonda de la casa, me llevaría a hacer una locura. El sábado por la mañana planeé llamarlo pero misteriosamente mi móvil había desaparecido, y el domingo cuando decidí utilizar el teléfono de casa resultó que las líneas estaban bloqueadas.

Conforme el tiempo pasaba el clima fue empeorando, las lluvias se intensificaron durante el viernes por la noche, proporcionando mas frío y humedad, y, el domingo las nubes grises cargadas de agua se dispersaron para dejar paso a unas esponjosas nubes blancas que impedían el paso de cualquier rayo de sol y amenazaban nieve.

El lunes una luz familiar, blanca y mortecina me despertó y cuando abrí la ventana descubrí una ligera capa de nieve y hielo cubriéndolo todo. Sonreí… Engel había ganado respecto a sus pronósticos y hoy tendría que asistir a clases para reclamármelo.

Fue un alivio que aquellos dos días de encierro terminaran y poder regresar al colegio, nunca me había entusiasmado tanto llegar a clase de Historia, pero tampoco estaba ahí.

Me sentí alicaída por diversas circunstancias; mis amigos no me dirigían la palabra, excepto Kat que me saludó tímidamente antes de que Drew la reclamara como suya; en cuanto a Travis, se mostró tan insensible y brusco como los días anteriores hasta un punto en el que pensé que me estaba evitando, también otra contribución a mi estado de ánimo tenía que ver mucho con Engel; había salido del maravilloso cuento de hadas y no podía decir que acababa de entrar en una terrible pesadilla porque aún nada estaba terminado, no era que se fuera a marchar toda la vida, sólo eran unos días…

Para mi mala suerte las clases terminaron una hora antes, pensé ir a vagar por los ardedores y de esta forma perder mi tiempo y prolongar mi llegada a casa, pero comprobé que no tenía ánimos para tal cosa. Conduje hasta Dunkeld mirando el velocímetro para asegurarme de no avanzar demasiado rápido —no tenía que ver con la nieve y el hielo—, y, aunque avanzaba a 10 km/h menos de los que a diario, tuve la impresión de haber llegado mucho antes de lo estimado por las leyes físicas.

Sin duda hoy no era mi día de suerte, nunca lo era de hecho, pero hoy era el peor de todos. Julliette estaba otra vez en casa, se le estaba haciendo una terrible costumbre dejar el trabajo antes; además un Pontiac blanco ocupaba mi lugar de aparcamiento, había visitas en casa, genial, ahora tendría que poner buena cara.

Me quedé parada en el umbral sin abrir la puerta, al escuchar que una discusión se desarrollaba en el interior, hablaban en susurros altos con una especie de furor desdichado, la voz de ella era sombría, monótona… lo odiaba. En cambio, la de él era tranquila aunque consternada… estaba preocupado y una impotencia creciente se reflejaba en sus desesperadas palabras.

—…prohibir; tarde o temprano tenía que suceder—dijo la voz masculina con dolor—no me permiten interferir, lo sabes.

— ¿Y dejarás que se la lleven? —la voz de Julliette se quebró.

— ¡No! —Se apresuró a decir él—Pero no puedo hacer mucho… no me pertenece…

— ¿¡Que no te pertenece!? —Estalló mi tía, histérica— ¿Lavarás tus manos como la última vez? ¿Dejarás que se roben su vida como lo hicieron con la de mi hermana? …¡Anne es tu hija!

¿Qué?

Me quedé inmóvil, impávida mientras el aire escapaba de mis pulmones y la cabeza me daba vueltas.

Surgió el silencio, un silencio tortuoso que amenazaba con enloquecer al más cuerdo de los seres humanos; o tal vez solo surgió el maldito silencio en mí; algo había caído muerto, ante mis ojos y una verdad que tenía todas las características de una mentira se había revelado sin esfuerzo alguno.

Pude haber empezado a llorar en ese momento pero me pareció un acto vergonzoso que tragué todo sentimiento profano que demostrara la debilidad ante los hombres; el camino, el flujo de los hecho se contrapuso para avanzar de forma contraria a como lo había hecho tiempo atrás, y, el corazón frágil de la pequeña Anne se endureció tanto como sus expresiones inexorables.

El sonido volvió, aunque distante, y solo fueron dicciones cortas, intermediarias, carentes de todo el sentido común. “Guerra” “Edén” “Final” “Muerte” “vida” “El bien” “El mal” “Demonio” “Ángel” “Jackocbsob” “Oscuridad”

8

Ruptura

Aquella persona del otro lado del espejo no podía ser yo, era muy extravagante para tratarse de mí. Había una inseguridad marcada notoriamente en la mirada que el reflejo de la desconocida me devolvía. Ella estaba aterrada. Otra vez volvía a tener el presentimiento de estar dentro de un cuerpo que no me pertenecía; un largo sueño sin despertar, pero no era mas que la realidad; una muy extraña realidad, en ocasiones.

Además de sentirme como una extraña, me sentía tonta y payaso —en lo último algo ayudaba el exceso de maquillaje— pero, el lado positivo de ser payaso esta noche es que nadie lo notaría (mucho) al tratarse de una fiesta de disfraces, y con un poco mas de suerte ni siquiera sabrían que era yo.

Volví a levantar la vista y ahí estaba la supuesta yo en mi faceta de “intento de ángel”; un contorno oscuro rodeaba mis ojos robándome un poco de aquel ridículo toque seráfico, mis lagrimales despedían ligeros destellos plateados, suponía que esa parte estaba bien… hasta llegar al cabello que tenía aspecto de melena de león —según mi criterio personal—; los rizos que caían vaporosos sobre mi espalda eran engañosos y traicioneros, simplemente estaban en mi contra, de antemano, tenía la certeza de que mi cabello me odiaba, muy rebelde para mi gusto, me llevaba la contra en todo.

“se parece a una persona que yo conozco” —dictaminó mi conciencia.

Suspiré emberrinchada. Maldito Engel, lo que me hacía hacer.

“yo diría… lo que quieres hacer por él”—reiteró venenosamente la misma voz.

No tuve tiempo de inventarme una buena excusa que aplastara todos los demás argumentos por parte del enemigo, en ese momento llamaron a la puerta; bajé corriendo con las zapatillas en una mano y las alas en la otra, me senté en el último escalón para ponerme los zapatos, mi tía me lanzó una mirada reprobatoria, tenía la idea de que es de mala educación hacer esperar a la gente, no se equivocaba, pero es de peor educación obligar a otros a hacer algo que no quieren.

Y así, manifestando mil veces a mi favor y en mi defensa estuve las últimas horas desde que técnicamente había sido obligada a asistir con él, no entiendo como podía ser capaz de perder el tiempo así, si al final nunca ganaba, la respuesta la vivía en el ahora.

— ¡Que se quede esperando toda la noche si le interesa tanto! —me sublevé. Elevé la voz esperanzada en que escuchara Engel allá afuera.

— ¡Anne! —me reprendió mi tía con una mirada furibunda.

Julliette vino hacia mí tendiendo su mano para levantarme, no necesitaba su ayuda pero así me decía: date prisa; me ayudó a colocarme las alas y luego rodeó mi cuello con sus manos para abrochar el seguro de la cadena de plata de la cual colgaba una brillante estrella azul. Se apartó un poco y su mirada evaluó todo en mí, podía ver una chispa de felicidad en sus ojos de crítica, como si de alguna forma se sintiera orgullosa de mí, aunque no había motivos.

Carraspeé para cortar el momento antes de que las lágrimas desbordaran sus ojos y dijera cosas como “tus padres se sentirían orgullosos” “eres tan linda como tu madre” “ojala ellos estuvieran aquí”… esa clase de situaciones me parecían bochornosas. Pegó un saltito y se dirigió con torpeza hacia la puerta.

— Buenas noches, señora Crawforth. Soy Engel Jackocbsob—La voz aterciopelada de él, con el tono típico de educación que usaba con los profesores, entró flotando por el vestíbulo— Es un placer conocerla. He venido por Annette para llevarla al baile; no se preocupe, la traeré temprano a casa.

—…si… claro… ahora viene.

Alisé los pliegues del vestido y una vez que me preparé psicológicamente para el encuentro, fui hasta la entrada arrastrando los pies, mejor sería terminar con esto lo antes posible.

A mal paso darle prisa.

Esa frase se volvía constante en mi vida diaria.

Julliette se mostraba estupefacta, me sorprendió que no lo acribillara con preguntas o amenazas indirectas, de hecho ella estaba impresionada, le había hablado antes de Engel, pero creo que nunca imaginó que fuera tan… diferente, sí, diferente era la palabra correcta para describirlo de una sola manera.

Lo avalué con gesto inquisitivo, el hecho de que no llevara disfraz me hizo desconfiar y pensar que probablemente todo ese invento sobre la invitación al baile era un cuento y lo tenía todo planeado para un nuevo secuestro, había razones de sobra para sospechar de él, como si no me hubiera engañado antes. Logró agotar todas mis reservas de confianza ¿Qué esperaba? Solo vestía completamente de negro, se veía indiscutiblemente atractivo con ese pantalón formal y la camisa entreabierta dejando un poco al descubierto su pecho, un atuendo demasiado simple pero en él lo simple quedaba bien, no importaba; además de su simplicidad llevaba gafas oscuras aunque fuera de noche, algo ridículo, pero no lucía así.

Fruncí el seño y se limitó a lanzarme una exuberante sonrisa cínica mientras tendía su mano en un gentil gesto de cortesía.

— ¿Nos vamos?

Asentí forzosamente.

Me despedí de Julliette y tomé su mano con timidez; cuando mi piel rozó la suya una sensación parecida a la de una descarga eléctrica recorrió mi cuerpo, siempre que teníamos algún contacto sucedía. Nervios, adrenalina… no lo se.

—Llévame al infierno— murmuré en voz muy baja.

No planeé que escuchara, pero lo hizo, tampoco dirigí el comentario con mal talante, sin embargo soltó un extraño ruido disgustado y deshizo el agarre de mi mano sobre su brazo.

Indiferentes, caminamos hacia donde se encontraba aparcado el único auto que podría pertenecer a él; el hermoso Lamborghini Murciélago estaba de vuelta… contuve una sonrisa satisfactoria, tuve la curiosa y tonta sensación de haberlo extrañado por muy ridículo que sonara aquello, pero, me gustaba ese auto en comparación con el otro —que ya había olvidado su nombre pero tenía que ver algo con espía— creo que seguía molesta con el vehículo nuevo por haberse cruzado en mi camino, aunque no tuviera la culpa.

Me quedé parada sobre la acera aún después de que la puerta del copiloto se había abierto y Engel ya estaba sentado con una mano sobre el volante.

— ¿Subes o te subo? —inquirió tajante.

Sin otra elección subí al auto, me senté y puse mis brazos en jarras, había tenido la esperanza de que la noche no fuera tan mala como la idealicé, pero ahora que su voluble carácter estaba del lado negativo, todo pintaba seguro a una pésima velada. Aún estaba a tiempo de quedarme en casa, el problema era un buen plan para escapar, algo rápido y efectivo que no fuera lo que pensaba ahora, solo se me ocurría lo típico como fingir haber enfermado repentinamente, si no resultaba nada mejor lo efectuará. Cuando tomé la iniciativa ya salíamos del pueblo. Genial, alguien debería enseñarle a Engel que la velocidad no es saludable y ya me veía condenada a él enfurruñado.

— ¿No me vas a dirigir la palabra en toda la noche? —preguntó. Pude notar que se había calmado.

—Solo si no vas a comerme, gritarme o cualquier cosa bipolar que se te ocurra.

Hizo una mueca torcida.

—Nada de eso. —Prometió.

—De acuerdo… entonces, empecemos.

— ¿De que hablas?

—Si, tú sabes… fingir que nos divertimos, que me invitaste porque te agrado mucho y no por lástima.

— Espera ¿Crees que te invité por lástima?

— Se que así es. Vamos, no te hagas como quien no sabe nada. —Expresé con suavidad—Pudiste haber elegido a cualquier chica del colegio, todas querían ir contigo, pero…

—Pero te elegí a ti—dijo con tranquilidad— Quita de tu mente ese pensamiento, no lo hice por lástima… —Su tono de voz se volvió repentinamente serio, creíble—Mira, tampoco me gustan las fiestas, creo que si no hubiera habido alguien con quien realmente quisiera estar esta noche, ahora estaría en un hotel de Edimburgo viendo televisión y comiendo pastelillos.

Me dejó sin palabras y abochornada. Mi corazón se encogió como una semillita aunque latió como un tambor. Podría tener razón, como también cabía la posibilidad de que no la tuviera.

—“Oh, por favor. ¿Cuándo el no tiene la razón?”—enternecida por dentro lo pensé.

Nunca. Jamás se equivoca.

—Em... está bien… gracias. —Pugné contrariada, había un poco de miel en las hojuelas, poco saludable—Creo que debería sentirme alagada… cambiaste a los pastelillos por una noche conmigo—intenté sonar irónica— eso es un gran logro. Además de bipolar, también eres masoquista. Wow.

Soltó una melodiosa risa plateada.

— ¿Y tu disfraz? —una pregunta inofensiva y una gran duda que tenía.

—La mitad en casa… —Se quitó las gafas y las lanzó sobre el tablero. —La otra mitad… aquí.

Curiosa giré un poco sobre el asiento; Engel apartó la vista de la carretera y me devolvió la mirada, sus ojos relucían vivos, rojos como el fuego y la sangre, contuve la respiración cautivada y un poco asombrada, mi corazón latió con más fuerza dentro de mi pecho.

—Veo que te han gustado mis nuevos lentes de contacto… ya puedes respirar—se rió nuevamente con ligereza y volvió a fijar su atención en la autopista. — He pensado usarlos para diario… pero creo que son llamativos.

—Y crees bien—mascullé tragando saliva.

Solo pude relajarme un poco cuando el auto tomó el desvío en la carretera que llevaba hasta su mansión; el camino se mostraba oscuro, a excepción de las luces delanteras del Lamborghini, pero atrás, el estrecho sendero quedaba nuevamente en la penumbra una vez que íbamos avanzando, adentrándonos rápidamente por la senda de arbolitos perfectos, que hoy —no se si por el día, por la paranoia o verdad— tenían un aspecto naturalmente tétrico como si repentinamente sus raíces fueran a emerger de las profundidades de la tierra, sus troncos a cobrar vida y se lanzarían sobre nosotros, furiosos y pérfidos.

Pasamos ante la verja de hierro sin rasguño alguno y al fin pudimos librarnos del bosque cerrado para hallarnos dentro del majestuoso jardín que había cambiado desde la última vez que lo vi. Los setos en forma de querubín ahora eran solo vallas sin forma especial cubiertos de telarañas e iluminados interiormente por luces blancas; los rosales seguían ahí, pero sus rosas estaban muertas… marchitas, el rojo carmesí de antaño se había oscurecido a un color escarlata oscuro, casi negro. Y así era toda la fachada hasta llegar ante la entrada principal frente a la que Engel había dejado el auto aparcado, le lanzó con desdén las llaves a su macabro mayordomo que me regaló una mirada llena de interés antes de marcharse y su sonrisa deseosa y petulante se ensanchó al máximo.

Estar ahí me causaba ansiedad y muchas inquietudes. No me gustaba.

Mis pies se cubrieron por una densa neblina que se extendía por lo bajo del suelo, podía respirarse la frialdad del lúgubre lugar, una frialdad que helaba la sangre. En el porche había calabazas de Halloween, murciélagos en el techo y la maravillosa fuente de mármol que me había embelesado antes con su par de perfectos ángeles dramatizados ante la entrada; la puerta de caoba estaba abierta de par en par, la música flotaba desde el interior apenas iluminado por las luces tenues de las velas, se veía allá adentro gente ir y venir, diferentes criaturas reunidas en un solo lugar, danzando sobre el salón mientras la noche aún era joven.

Engel me pasó su brazo sobre los hombros llevándome al interior, donde pude reparar inmediatamente en la magnífica decoración, un gusto excéntrico y exquisito tenían los Jackocbsob sobre el mundo gótico; elegante, bizarro y fantasmal. Aún así, detrás de las vestiduras de ocasión, seguía siendo el mismo lugar y probablemente los arreglos le daban solo más vida que antes. Parecía extraña la comparación. Todos habían aprobado la decoración y era magnífica, sin duda. El símbolo de los Jackocbsob ahora si estaba en armonía con el ambiente, yo no era la única que lo encontraba genial, más de uno se detenía a observarlo de cerca, como la Mona Lisa en el Museo de Louvre.

Había mucha gente, más de la mitad del colegio se encontraba presente. Una vez dentro ya tenía ganas de irme, el entorno me parecía sofocante y la estridente música no era de mi agrado, tampoco me gustaban las miradas resentidas de otras chicas, como si fuera yo la culpable de ser la pareja de quien por ellas hubieran dado la vida y el alma. Intenté ignorarlas aunque sus cuchicheos a nuestras espaldas fueran poco discretos. Estuvimos un rato observando en diferentes direcciones, cada uno buscando por su lado algo entretenido que hacer; bebimos mientras silenciosamente Engel jugaba con las plumas de mis alas, en un par de ocasiones vi como algunas salían volando de su lugar; genial, al menos alguien se divertía aunque fuera desplumándome.

Repentinamente se puso de pie decididamente.

—Espérame aquí—pidió.

Asentí con la cabeza y lo vi perderse entre le multitud, cuando lo divisé de nuevo subía las escaleras de lado derecho probablemente a su habitación. Decidí estirar las piernas un rato y también abandoné la silla aunque solo me recargué contra la pared mas cercana y crucé los brazos aburridísima, mirando de aquí a allá tratando de reconocer a alguien, estaba el prefecto Anderson vestido de Elvis Presley bailando con alguien que vestía de Morticia Addams y no muy lejos de donde me encontraba, estaba Justin, vestido como cualquier otro día acompañado de una voluptuosa princesa gótica, Pamela de séptimo, ambos se besaban frenéticamente como si uno quisiera devorar al otro y era difícil saber quien era Justin y quien Pamela, él dejaba caer sus manos sobre las principales curvas de la chica mientras ella lo asía con fuerza; desvié la mirada entre asqueada y avergonzada, sintiéndome una intrusa y una mirona. Luego visualicé a los amigos de Rachel se hallaban en corro alrededor de ella y Michael, me observaban discretamente, mientras reían; Rachel hacía algo con Michael, como si le rogara, Michael la rechazaba despectivamente y luego ella aumentaba sus ruegos, hasta que el la aceptaba y nuevamente reían a carcajadas todos juntos. Decidí desviar nuevamente la mirada. Después mas allá se encontraban Kat con su traje de brujita y Drew un vampiro con mala cara, alcé una mano para saludarlos, Kat me devolvió el saludo amablemente e hizo un ademán para venir hasta mí, pero vi como un aprensivo Andrew la tomaba con firmeza y la jalaba hacia otro lado del salón.

— ¡Miren a quien tenemos aquí! —exclamó inesperadamente una voz a mis espaldas.

Al menos él me dirigía la palabra, giré sobre mis talones y me encontré con la sonrisa traviesa de Travis y también con algo que jamás esperé ver de él en público, su disfraz consistía solamente en un pantalón pues la parte de la cintura hacia arriba estaba descubierta, aunque pintada con extraños símbolos rojos, no tenía un gran cuerpo mas bien era delgaducho, el excesivo entrenamiento no le marcaba los músculos pero no se mostraba disconforme con eso; el maquillaje de su rostro estaba bien hecho y llevaba lentes de contacto también rojos, su cabello que ya no estaba rizado mas bien era lacio y negro; cuando dejó de sonreír ya no quedaba nada de mi amigo.

— ¿Qué te… pasó? —Estaba atónita—Tenía entendido que serías un hombre lobo… y te ibas a comer a Drew.

Mis bromas no eran iguales en el estado sorpresivo de shock.

—Cambio de planes. Valerie dijo que no le agradaba y que no iba bien con ella…—se sonrojó— Entonces se encargó de todo, se supone que soy un demonio y ella la diablaza.

Hice una mueca, seguía disgustándome que ella estuviera demasiado cerca de él.

—Solo no tomes tu papel enserio y mates al ángel. —le previne.

Soltó una carcajada y me abrazó.

—Si te portas mal podría ser generoso contigo. Por cierto, te vez muy bien, el matrimonio con Jackocbsob te sentó de maravilla. ¿Dónde está?

—Cierra tu demoníaco pico— le advertí jocosamente, su comentario pese a no gustarme resultaba ligero incluso gracioso— Y no se… se ha ido, creo que fue a ponerse su disfraz.

— Si no se da prisa lo único que encontrará son plumitas en el suelo— arrancó una pluma de las alas y la lanzó sobre su hombro ¿Qué tiene la gente contra de las plumas? A este paso terminaría como gallina antes de la comida. — ¿quieres bailar conmigo?

Me quedé rígida como una tabla.

— Disculpa ¿Qué es eso que has dicho, Travis? —La frialdad de su voz arrastrando cada palabra resultó completamente profunda.

Al instante Travis me liberó de su abrazo y se quedó quieto, su piel volvió adquirir un tono rojizo en sus mejillas, tan rojo como la pintura en su cuerpo. Valerie lanzó miradas asesinas en todas direcciones mientras hacía que Travis la rodeara por su esbelta cintura. Ella se veía hermosa, como siempre, solo que esta noche ese siempre no era de lo cotidiano, lucía mayor a sus quince años, sentí envidia de ella, aquel vestido rojo con prominentes escotes le quedaba perfecto como si se lo hubieran confeccionado exclusivamente, también llevaba esos lentes de contacto rojos que parecía se estaban haciendo populares.

— Solo la invitaba a bailar— se justificó Travis abochornado clavando la vista en el suelo.

—Es muy amable de tu parte, cariño—dijo la chica con la dulzura falsa que ya había usado una vez contra mí—Pero, te recuerdo que yo soy tu pareja, esta noche me perteneces.

Su mirada pasaba de arriba abajo sobre mí con displicencia y arrogancia.

—Si ella está sola no es asunto tuyo—Sus labios tocaron un instante la mejilla de mi amigo. —Aún no entiendo como te atreves a venir sola, Crawforth.

Soltó una risotada burlona.

—No he venido sola. —Sentencié con rudeza; era hora de enfrentarla, maldita niña bonita. —Y si así lo fuere tampoco te importa, deja de molestarme.

Valerie adoptó una expresión de quien ha sido ofendida en todo su orgullo, una fuerte bofetada en su ego; su semblante se endureció como una roca, apartó a Travis con brusquedad como quien se quita una basurita de la chaqueta y dio un paso hacia delante.

— ¿Quieres que te vuelva a poner en tu lugar?

Su uñas se enterraron en mi brazo con fuerza.

— ¡Déjame! —tiré hacia un lado con fuerza.

Sus ojos se abrieron abruptamente de par en par y me soltó al instante, no esperaba que ella cediera tan fácilmente porque era una chica fastidiosa y persistente, siempre lograba todo a base de caprichos; no estaba segura de haber ganado, mucho menos me quedaría a ver el marcador, no sería yo quien siguiera con esa pelea innecesaria; me marché con dignidad. Poco después recordé que alguien iría a buscarme, pero Engel me encontraría a donde quiera que fuese, tal vez.

Empezaba a notar que había más gente que antes, tampoco era muy conciente del tiempo que había transcurrido desde mi llegada, solo sabía que quería irme ya. El ambiente cerrado entre la multitud me ahogaba, la música me estaba provocando jaqueca, el oxígeno escaseaba ahí dentro, olía a humo de cigarrillo y alcohol.

Busqué una salida hacia el aire libre, un lugar donde hubiera espacio y pudiera respirar a gusto; al fondo en un rincón mi vista enfocó el marco de una puerta, estaba abierta, a cuyo lugar conducía solo era una oscura manta decorada con finos diamantes; como pude me abrí paso hacia lugar atravesando la multitud que bailaba, molestos protestaban y como represalia me empujaban con brusquedad algunos cruelmente me devolvían por el camino que intentaba dejar, pero pese a las obstrucciones y los obstáculos seguí avanzando; yo solo podía sentir el viento fresco colarse en aquella dirección, lo estaba logrando, y lo haría; llegué hasta la puerta y la brisa nocturna con olor a flores y hielo me besó el rostro apasionadamente, invitándome a unirme en su danza sublime. Crucé el umbral y allá, en todos los alrededores esperaba un espectáculo de la naturaleza, digno de admiración, no tenía nada que ver con el efecto espectral del jardín delantero, ni tampoco se acercaba mucho a lo que en su época anterior había sido el otro jardín, la fachada de la mansión Jackocbsob era en una escala del uno al diez un dos comparado con lo que tenía enfrente. Desafiando a la madre naturaleza y a su estación, los árboles que por doquier se plantaron, eran verdes y frondosos, flores de muchos colores y tipos, especies que no creí que existieran, perfumes de todos los aromas mantenían un sopor de misterio; comencé a caminar por una maraña de caminos adoquinados en roca adornados con doradas y rojizas hojas añejas que al no soportar mas cayeron ineluctablemente al suelo dejando su antiguo trabajo para tomar uno nuevo; cada camino conducía a un lugar distinto y al igual que no se definían yo tampoco definía el mío porque en cualquier momento que dispusiera podría tomar otro que quisiera y así lo hice, cambié el rumbo cuatro veces cuando mucho, quería verlo todo, absolutamente todo y me entristecía el hecho de que la noche fuera tan corta como para lograr mi cometido… al fin conseguí detenerme, me hallaba frente a el mas frondoso de los árboles, lo elegí por ser distinto a los demás en muchos de los sentidos y estaba ahí ocupando un lugar especial, el dosel que sus ramas creaban se balanceaban de un lado a otro, disfrutaban de la brisa de la última noche de Octubre, inconcebibles mis pensamientos pero aquel árbol lucía feliz en un estado impecable, revestido con ese atuendo verde, acentuando su magnificencia, se adornaba asimismo con sus frutos color melocotón brillante aunque no se trataban de melocotones por su forma perfectamente redondeada y aquel brillo dorado especial, además del rubor rosado de sus caras ovaladas.

Y entonces, cuando el desliz de algunas hojas caídas, un efecto que parecía intencional, me advirtió que alguien estaba ahí, no podía afirmarlo ya que sus pisadas no habían crujido como las mías, sabía solamente que seguía acercándose, sin embargo, aunque la curiosidad me consumía no terminé con mis dudas y seguí admirando el árbol. Siguió andando el desconocido hasta que silenciosamente se detuvo. Sentí un escalofrío cuando paró a mis espaldas; la mano de aquella persona se posó con suavidad sobre uno de mis hombros; finalmente, cuando no había dicho ni hecho nada giré un poco mi cabeza y después todo mi cuerpo, saliendo de la ensoñación que tan bello, hermoso y pintoresco paisaje me había causado.

Único era su rostro… aunque la máscara plateada y fantasmal lo ocultaba casi todo aún distinguía las afiladas facciones de su barbilla, su nariz recta y sus labios esbozando cuan fría sonrisa; inescrutable aún detrás del antifaz me sostuvo la mirada, la suya roja, la mía azul… fuego y agua debatiendo sin palabras en un cataclismo personal.

—Acompáñame—pidió apenas en un murmullo quedo.

Con elegancia alzó su brazo hacia delante tendiéndome la mano, creí haber accedido inmediatamente, pero, mi brazo permaneció en el aire suspendido y oscilando inseguro, yo quería hacer algo pero en mi interior sentía la necesidad de hacer lo contrario, titubeé y me quedé quieta sin saber que hacer, Engel ayudó a tomar la decisión rompiendo por si solo el pequeño espacio que nos dividía.

Le sonreí tímidamente y nuestros dedos se cerraron con fuerza los unos sobre los otros mientras me guiaba por los caminos desiguales de aquel hermoso jardín, pero esta vez no tenía tiempo de admirarlo, me preocupaba mas intentar ir a su paso, un paso que se volvía cada vez mas apresurado, pronto pude afirmar que corríamos, aunque sus movimientos no eran agitados y simplemente parecía deslizarse sobre el camino empedrado mientras yo tropezaba una y otra vez golpeando mis pies en el suelo.

— ¿A dónde vamos? —pregunté exasperada después de casi caer por tercera vez.

Se limitó a ignorarme. Mi pregunta se quedó ahí en mis labios como si jamás se hubiera formulado.

Solo cuando nos detuvimos y me soltó me di cuenta que la iluminación se hallaba impedida por unos muros oscuros que nos rodeaban a cada lado y la luz semi-plateada de ahora una enrojecida luna se encontraba oculta detrás de oscuras nubes que dejaban ver poco de ella. Solo un vapor contrahecho de sí misma.

Aquellos muros pudieron haber sido de roca baldosa pero eran muros hechos con altísimos arbustos, se trataba de un laberinto natural… todo fue claro, él quería iniciar un nuevo juego.

Su sonrisa se ensanchó todavía más, pero esta vez, había logrado perder todo lo bueno Engel, parecía demasiado cruel y despiadado, me miraba fijamente y en aquellos ojos de rubí se asomaba una frialdad inmensamente gélida y abrasadora, como si un monstruo habitara dentro de él y ahora lo había consumido por completo, llevándose al antiguo chico mas egocéntrico que malvado.

— Anne… —de nuevo su voz fue tan baja que simplemente acarició el viento.

Esperé a que dijera algo más pero no lo hizo.

— ¿Dónde estamos? ¿Por qué…?

Su respuesta, o su no respuesta fue inmediata, dio media vuelta y comenzó a andar con rapidez, él quería que le siguiera y así lo hice, quería saber cual era el nuevo juego de Engel Jackocbsob. Sabía que más tarde me arrepentiría.

Doblábamos en direcciones distintas, lo seguía demasiado cerca para no perderlo de vista y verme sola entre las paredes traicioneras del laberinto oscuro… Solo el borde de una capa negra volando libre contra la velocidad quedaba ahí, siendo mi guía para segundos mas tarde alejarse con él.

— ¡Espera! ¡Detente ya! —Le grité, mi voz resolló con fuerza en las paredes arboladas— ¡Engel, no juego mas!

Me detuve respirando entrecortadamente a causa del esfuerzo de correr al aire libre en un ambiente frío, respiré hondo para calmar mis agitados pulmones, después seguí caminando calmadamente por el laberinto sin esforzarme; él me encontraría, se daría cuenta de que el juego había concluido y vendría a buscarme… pero no fue así, los segundos se hicieron minutos y no lo volví a ver.

— ¡Engel! ¿Dónde estas?

Eco…

Empecé a buscar una salida, era lo mejor, porque sospechaba que lo había hecho a propósito, la próxima vez me encerraría en mi habitación cuando él estuviera cerca. Los ojos se me llenaron de lágrimas de coraje, él había jugado de nuevo conmigo, una y otra vez, nunca aprendía la lección. ¡Estupido!

Pateé con fuerza uno de los arbustos y mi zapatilla se enganchó entre sus ramas, luché contra el arbusto tragón pero solo logré sacar mi pie y enfurecida le arrebaté el zapato después. ¡Mi zapato!

Seguí caminando con pasos fuertes, no tenía idea de donde me encontraba, los nervios y el coraje me traicionaban, no lograba encontrar una salida, no parecía haberla, a donde quiera que fuese estaban esas paredes y nada mas.

Silencio que se rompía retumbante solo por mi culpa, por lo demás no había nada; desolación.

A continuación no estuve sola, alguien venía, en esta misma dirección, limpié fugazmente mis mejillas con un movimiento de mi mano y me dirigí en aquella dirección. ¿Valía la pena gritar ayuda? Había un gran nudo en mi garganta que opté por callar e ir al encuentro de aquel merodeador ¿estaría perdido como yo? ¿O sería Engel que venía risueño pensando que ya había sido suficiente? Aunque quisiera desgarrarlo con mis propias manos prefería esa segunda opción, de nada serviría otro desorientado, una brújula descompuesta no ayuda a mejorar al mal marinero.

Los pasos estaban mas a una cercanía, pero ignoraba el camino que tomaban y después, huecos se volvieron al golpear con rapidez el suelo desigual, se movía con agilidad y casi no podía escucharlo, mas su estela peligrosa ahí quedaba. Venía… por mí.

Patosamente di la vuelta negándome a encontrarme con aquello, que ya más bien era el sonido de un animal. Corrí lo poco que mis cortas piernas agarrotadas podían impulsarse, corrí mirando atrás de vez en cuando, jadeando en busca de aire para seguir así, ya no me importaba si tomaba un camino que condujera a la posible salida, solo quería alejarme.

Un desgarrador grito rompió los pasos sordos del animal y mis jadeos en busca bocanadas de aire; muchas cosas sucedieron en ese mismo instante: mi corazón se detuvo de golpe un momento para después seguir con una marcha desesperada, miré hacia atrás, mi pie encajó perfectamente en la raíz de un seto y caí al suelo.

Los granitos de tierra húmeda se incrustaron dolorosamente en mi piel e hice una mueca de dolor. Me quedé tumbada, mi cuerpo pesaba mucho, como si la gravedad lo atrajera más fuerte que nunca. El animal se había silenciado y no estaba segura de que aquel indicio fuera bueno o malo.

En el fondo de algún lugar escuchaba un débil “no” y un chillido constante, agudizando mi oído percaté nuevamente pasos, esta vez aquí mismo; hice el mayor esfuerzo por ponerme de pie pero antes de que lo lograra, una fuerza mayor arrancó las alas de mi espalda y las lanzó al suelo, me levantó con brusquedad mientras mis manos se despedían del firme suelo de tierra húmeda. Golpeé, pataleé y aquel “no” se elevó varios tonos, pero se negaba a dejarme.

—Todo está bien—decía intentando ser escuchado.

Zarandeó mis hombros una y otra vez.

— ¡No! —bramé y le propiné un nuevo golpe en la cara.

—Solo soy yo, Anne.

Me solté de alguna forma, no supe como, solo me alejé quedándome a una distancia razonable y segura, la cabeza me daba vueltas e intentaba poner un orden en mis ideas, lo enfoqué, Engel había vuelto por mí. Estuve a punto de correr a sus brazos, pero, horrorizada retrocedí nuevamente, lo que vi rompió arrebatadoramente toda la cordura que acababa de recuperar, la pesadilla tenía que terminar. ¡Ahora!

Acto reflejo, sus manos me sostuvieron y su mirada me penetró como un cuchillo en la carne viva, pero me perdí en ellos que me envolvieron dentro de un sopor amodorrante, mis párpados pesaban y aunque hacía todo lo posible por abrirlos estos reaccionaban contradictoriamente; miré al cielo tan cercano… podía tocarlo si levantaba mis manos, se acercaba… y llegó pero solo me envolvió en pesada oscuridad.

Abrumadora sensación de vértigo se depositaba en la boca de mi estómago; cerré mis manos sobre algo suave y sonreí riendo para mis adentros cuando algo puntiagudo picó mis costillas provocándome cosquilleo… siguió picando hasta volverse molesto; abrí los ojos aturdida encontrándome con el hecho de que no estaba ahí el cielo, ni los arbustos altos, nada de las últimas imágenes que giraban borrosas en mi cabeza, si no un techo claro de concreto con las luces cegadoras en el centro; me precipité a incorporarme sobre la cama para saber que había pasado; una fuerza invisible me devolvió de regreso hacia atrás obligándome de nuevo a mirar el techo y sus luces.

— ¿Estás bien? —preguntó Engel.

El sonido de su voz me dijo que no se encontraba lejos, y, efectivamente, ahí estaba, a un lado; la cama se hundió unos centímetros cuando se sentó, solo así pude verlo.

Con la frente ligeramente arrugada, sus labios en una línea forzándose por no sonreír y entre sus dedos balanceaba ágilmente un arco de violín. ¿Me había picado con eso? Creo que además de drogarse en chocolate veía demasiados dibujos animados, me provocó algo de gracia, sin embargo, no reí, había cosas más importantes a la deriva.

— ¿Qué sucedió? ¿Dónde…?

—Te desmayaste. Estás en mi habitación, que sucedió no estoy seguro, cuando te encontré estabas… no se ¿rara? En un estado medio catatónico—se rió e inmediatamente retomó la seriedad—no se como llegaste ahí, espero que me expliques ¡Te dije que esperaras!

—Yo…

Que confundida estaba, lo último lo recordaba era a mi luchando contra él, yo realmente estaba atemorizada había pasado algo antes…

—¡No! Ya recordé… ¡Tu me llevaste ahí y me dejaste para que me perdiera y también debiste haber sido tu quien hizo esos ruidos y me seguía!

Ahora se iba a hacer como quien no entendía nada y me juzgaría de loca… pues si tenía que acusarme de esquizofrenia al menos que tuviera razones y razones le daría yo. Me puse de rodillas sobre la cama y me lancé contra él golpeándolo con los puños cerrados.

—Te odio, te odio…jamás debí… ¡Ah! ¡Te odio!

Mis débiles golpes no hacían que se inmutara ni un poco y eso hizo que la sangre me ardiera por dentro.

—Ya se que me odias, pero sigo sin saber de que hablas— se justificó apartándome de su lado como muñeca de trapo.

Un momento estaba sobre él y al otro me había llevado contra una pared donde me tenía inmovilizada.

— ¿Qué de que hablo? —Insté con ironía— ¡Tu, sucio embustero! ¡Déjame en paz!

—No hasta que pueda entender algo. JA y me llamas a mí bipolar.

Me soltó y me sentó en uno de los pequeños sofás que estaban en la pared adyacente, quería descargar todo mi odio contra él, pero no podía, sus ojos rojos parecían arder más que nunca, lava en sus pupilas y su mandíbula apretada le daba un aire furioso, me quedé quieta en mi lugar sin moverme mas ni oponer resistencia, me había perdido en él, en su mundo fantástico, quedé sin alternativas, a su merced, siempre sin importar la situación previa, lograba ese mismo efecto, lo detestaba, me hacía sentir de una manera tan débil; contuve la respiración, deseaba que fuera una mas de mis pesadillas, donde podía jugar a ser valiente y menos vulnerable a él, donde mi vida pendía de un hilo extremadamente delgado y yo era capaz de hacer cualquier cosa por salvarme a mí misma.

— ¿Por qué me llevaste ahí si después ibas a decir que no fuiste tu? —mis preguntas furiosas ahora eran suplicas, una necesidad de saber porque disfrutaba tanto jugar así conmigo— ¿Por qué ahora eres así y antes…? No tiene sentido, es infantil e incoherente.

Su ceño se relajó y aquella arruga fruncida en su entrecejo casi desapareció por completo, me dio la espalda, mostrándome unas hermosas alas negras, tuve la necesidad de impulsar mi mano hacia ellas y acariciarlas, pero antes de que mis dedos tocaran la punta de cualquier pluma el se volvió a dar la vuelta.

—Hay tres cosas claras—sentenció con seguridad—Primero, yo no te llevé a ese lugar; segundo, alguien te engañó fingiendo que era yo; y tercero, estas loca.

— ¿Qué tu no eras… él?

Pero… recavé en mis memorias y en todo lo que había pasado después de que saliera al jardín, el chico aquel era muy parecido a Engel, aunque su rostro estaba oculto por esa máscara y la ropa… pero si pensaba bien él desconocido nunca mencionó su nombre y no habló con voz clara para que me diera cuenta que era o no Engel; aquella sonrisa temible y expectante nunca había sido suya… fui… muy tonta.

Solté un suspiro ahogado y me sentí completamente avergonzada; culpé, golpeé y pensé las peores cosas del verdadero Engel que lo único que había hecho, y su única culpa fue sacarme de ese lugar en el que me hallaba perdida. No fui capaz de mirarlo a los ojos, no podía, yo había sido tonta y prejuiciosa, siempre sobre él queriendo que fuera el malo de la historia, aunque esa parte aún no había sido escrita y entre líneas estaban las marcas borradas.

¿Era Engel el bueno o el malo? ¿El ángel o el demonio?

—Lo… siento. —Balbuceé— fue mi culpa.

—No por completo—dijo con seguridad.

Fácil era decirlo cuando se desconocían por completo los acontecimientos.

—En una mala situación lo más simple y humano es buscar los errores y marcar las culpas—recitó con voz serena, hablando deliberadamente como si se dirigiera a todo un público—pero, casualmente los verdaderos culpables son incógnitos y la culpa recae por partes casi iguales en los involucrados. Nunca busques al culpable de un crimen por lo que observas, búscalo por los hechos.

—Pero… tú no sabes lo que pasó.

Puso los ojos en blanco.

—A eso me refiero… no me detendré a observar aunque mis teorías tenga, en fracción de segundos pueden pasar muchas cosas.

—Teorías ¿Quieres decir que crees saber?

—Exacto, pero cada una puede ser tan errónea como la otra.

—Errar es e humanos.

Sonrió débilmente en un gesto risueño.

— ¿Sabes que es lo que mas me ofende? Que me hayas confundido tan fácilmente con otro. —Abrí la boca para declarar en mi defensa pero dejó caer su dedo índice sobre mis labios— Te perdonaré una vez más.

Le devolví la sonrisa y me puse de pie.

—He perdido la noción del tiempo.

—Aún falta media hora para la media noche, cenicienta. —Se burló. —Te llevaré a casa si quieres, pero antes tienes que bailar conmigo.

Volví a sentarme y aferré a los bordes del sillón; yo no bailaba.

— ¿Por qué le temes tanto a bailar?

—Porque es ridículo, no me parece ridículo que los demás lo hagan, me parece ridículo hacerlo yo.

—Pero eres mi pareja de baile esta noche. Compláceme y te perdono.

— Eso es trampa ¡Dijiste que me habías perdonado!

—Cambié de opinión.

Hice un mohín mientras me cruzaba de brazos. Miré en otra dirección, que linda habitación tenía Engel, me mordí el labio inferior para permanecer callada.

—Por favor—volvió a pedir.

—Solo si me respondes una pregunta antes—acepté al fin.

— ¿La respuesta es: “sí, acepto casarme contigo”?

Y dicho esto se echó a reír.

—Estoy hablando enserio.

—Yo no. Bueno ¿Qué quieres saber?

Pensé durante un momento la mejor forma de formular la pregunta, era una simple curiosidad; de acuerdo, no demasiado simple para mí, me interesaba mucho saber, aunque no tuviera demasiada lógica.

— ¿Por qué elegiste ese disfraz?

Su expresión se crispó unos segundos como si le hubiera lanzado gotitas de agua helada en la cara, pero recuperó la compostura y sonrió de nuevo.

—Sabía cual era tu disfraz y no quería desentonar contigo… Creí que preguntarías algo más… importante.

—No… se. Es que, de acuerdo no quieres saberlo. Vayamos abajo y terminemos con esto.

Avancé hacia la puerta decidida, me detuvo del brazo y me hizo girar de nuevo hacia él; quedamos a un palmo de distancia, como la primera vez que me había abordado después de la clase de Historia el día de su llegada.

—Prefiero algo mas… privado. Además, no creo que quieras bajar así.

Así… él se refería a…

Me condujo frente a un espejo de cuerpo entero, primero solo admiré su reflejo y no él mío, me estaba volviendo adicta a él, no me gustaba verlo como un bebé observa con alucinación un objeto brillante, llamativo y que casi por obligación tiene que verlo, pero… demonios, era inevitable. Después mi mirada se fijó en aquella chica del otro lado, ella se parecía mas a mí, había hecho metamorfosis de Anne-mentira-extraña a Anne-Anne, la última era algo mas cercano a mí, el vestido blanco había perdido su toque especial y ahora estaba sucio, el cabello como siempre hizo lo que quiso y el encanto del maquillaje se perdió, era extraño pero así me sentía mucho mas cómoda, excepto porque estaba cubierta de tierra y tenía un raspón en la rodilla izquierda.

— La caída del ángel. —dijo Engel a mi oído, divertido.

—Oh…

Ese corto sonido fue lo único que salió de mi boca. Él tenía razón yo no quería bajar así, no era una persona extremadamente vanidosa, pero seguía siendo una chica. Esperaba que él me dejara salir por su ventana para evitar cruzar el salón hasta la puerta principal.

Mientras inventaba buenas formas de escapar, Engel aprovechó mi distracción para correr las enormes cortinas de terciopelo rojo; detrás de aquel telón estaba un bonito escenario real protegido por un enorme ventanal, detrás de aquel cristal, había un espacio libre, un gran balcón de mármol y allá encima de este se extendía el cielo en todas direcciones, con esa luna despidiendo un tenue brillo plateado, apoyada por la nobleza de las escasas estrellas…

El sonido de la fiesta allá abajo se combinó con una suave música armoniosa, violines y piano trabajando en conjunto para crear una de las más hermosas melodías que había escuchado, aunque en algún lugar de mi pasado resultaba familiar, sin embargo yo estaba segura de nunca haberla oído.

Abrió el ventanal de par en par como una puerta, el aire se coló inmediatamente propiciando calidez y pronto, el equilibrio dejó de serlo y el frío venció al calor… y el calor volvió a surgir cuando los dedos cálidos de Engel se entrelazaron con los míos y automáticamente el frío nos rehuyó.

Salimos hacia el balcón deteniéndonos automáticamente en el centro, alcé la vista y me perdí en sus ojos, no grises, pero con la misma profundidad y esta vez un brillo divino que extasiaba.

— ¿Me concede esta pieza, señorita Crawforth?

Deshice la conexión entre nuestras miradas para observar el horizonte, un bosque oscuro y amorfo.

—Lo prometiste— recordó.

Suspiré, resignada aceptando su invitación obligatoria.

Me acarició la mejilla y después tomó mi cintura y yo dejé caer mi mano sobre su hombro; las otras aún se mantuvieron unidas con fuerza, atraídas como imán… polos opuestos se atraen… Engel y yo éramos muy diferentes, demasiado.

Los pensamientos cada vez acercándose más a lo que deseaba pero a la vez no, me provocaron un cosquilleo en el estómago.

Nos balanceábamos al compás de la melodía, coordinados, de un lado a otro. Dejé de sentirme cohibida cuando sus movimientos exuberantes y exactos ayudaron a que los míos fuesen aceptables, él hacía la mayor parte del trabajo, me guiaba y yo lo seguía, me giró como una bailarina soberbia y entre sus brazos me volvió a sostener, y empezó a bailar con mas lentitud, entonces mi pie encontró un cómodo lugar sobre el suyo, solo era cuestión de tiempo para que ocurriera, lo solté y me alejé.

Examiné su reacción y encontré un atisbo del principio de una ira, apretó sus puños fuertemente a sus costados.

—Perdón.

— ¿Por qué? —preguntó con frustración.

Retrocedí unos pasos más hasta que mi espalda quedó contra el borde del balcón y bien hecho, mi nueva hazaña, darle la posibilidad de lanzarme por el borde en cuanto iniciara su berrinche.

—Porque… ¿te pisé?

—No hablo de eso—contestó con acritud—La pregunta correcta es: ¿Por qué tú me haces esto?

—No fue intencional.

—Te detesto y terminamos así.

—Creo que no te sigo.

—Eres torpe, tonta, ridícula… ¡una simple chiquilla estúpida!

—Yo no soy quien te obliga a hacer nada—le respondí dolida ante su comentario.

—Y ahora llorona.

— ¡Si tanto te molesta vete con alguien que esté a tu nivel! Oh, magnífico Engel Jackocbsob.

— ¿Solo porque tu lo dices?

— ¡Entonces no te quejes!

— ¡Te odio, Annette!

— ¡El sentimiento es recíproco!

Nuestras voces se elevaban por sobre la música, obstruyendo el paso de ésta, y nos acerábamos a la defensiva como un par de fieras defendiendo su territorio.

— ¿Por qué no te alejas por tu propia voluntad?

— ¿Por qué no empiezas dejándome en paz?

— ¡Porque me gustas!

— ¡Tal vez también me gustas!

— ¡Cállate ya!

— ¡No quie…!

La frase se interrumpió ahogándose en mi garganta cuando, sin haberlo previsto o planeado, sus labios tocaron los míos de golpe, abrí los ojos completamente estupefacta, petrificada, todo se había salido de control y no había forma de frenarlo, una vez pruebas la droga, es difícil poder parar voluntariamente, si eso te hace feliz ¿Qué sentido tiene dejarlo?

No quería hacerlo pero Engel era lo que yo busqué, encontré y anhelé en silencio, el sabor de su boca era sin mas, exquisito, sus carnoso labios parecían encajar perfectamente con los míos. Su brazo me acercó arrebatadoramente contra su cuerpo y yo enredé mis dedos entre su sedoso cabello negro, su aliento delicioso y embriagante pasó a través de mí y nuestras lenguas se buscaron desesperadamente.

Todo era tan nuevo que sentía una fascinación indescriptible, antes me satisfacía el simple hecho de verlo y escucharlo hablar entre murmullos seductores… ya no lo consideraba suficiente, el ardor del deseo me consumía y corría desbocado por mis venas; quise mas de él y el beso se volvió salvaje por parte de ambos, una disputa feroz, como si los gritos y acusaciones de antes no hubieran bastado, dentro del odio el brío del amor nos corrompía mutuamente.

Ninguno quería ceder, necesitaba respirar y me aparté para tomar un poco de aire, pero él me atrajo de nuevo… esta vez, aquel arrebato de sentimientos encontrados se fue extinguiendo hasta volverse suave, cálido y hermoso. Más dulce que pasional, sus dedos jugaban tiernamente con los mechones de mi cabello y acariciaban la piel ardiente de mis mejillas con afabilidad, mis brazos se enroscaron en torno a su cuello, Engel era mío y de nadie mas.

La noche podría ser eterna… debería serlo, era nuestra noche, quizás la última y eso me aterraba mas.

Alrededor el mundo podía terminar, pero no me importaba, porque él era mi único mundo. Y, en algún lugar algo se había roto, mientras que en este… algo nuevo comenzaba.

Mas Premios.

Si tengo mas premios... gracias por otorgármelos fue una bonita sorpresa que me llevé cuando regresé de mis "vacaciones" jeje. Muchas gracias... creo que eso es todo lo que tendría que decir.
Gracias a Iza, ncullen y analieta ^^

P.S. No se desesperen por el capitulo ocho... :´( no he tenido mucho tiempo para escribir... lo siento, ya me pondré a trabajar para traerlo lo antes posible. Me perdonan? :D






Requisitos: Elegir 7 blogs o sitios de internet que por su calidad, su afinidad o por cualquier razón hayan conseguido establecer un vínculo que desees reforzar y premiar; y debes enlazarlos en el post escrito.Escribir un post mostrando el premio, citar el nombre de blog o web que te lo regala y notificar a los elegidos con un comentario.
Opcional: Exhibir el premio en tu blog

Aunque ya algunos me los dieron ellas mismas o ya los habia elegido antes los coloco... no es delito verdad?

Premio.

Hola.

De acuerdo, yo no sabía si esto era lo que se debería de hacer (sí, de acuerdo soy un ignorante... ) y si no se debería hacer... ya lo hice xD y me soportan jajaja.
Aunque ignore la función de los premios a los blogs, sé que es algo bueno, y lo admito, me gusta... aunque me aumenten mi ya ego kilométrico y estoy feliz, muy muy feliz y agradecido con Beth D, porque no lo esperaba y me ha dado una especie de buena razón para sonreír una vez mas en los tiempos malos y ganas de continuar.

Así como le agradezco a Beth también le agradezco a todas las personas que me leen, siguen la historia y dejan sus comentrios.

El premio se llama "Premio a la imaginación Crisálida Literaria". Curioso xD


Esto tenía unas reglas (como odio las reglas) que voy a cumplir :D :

1. Publicar una entrada anunciándolo.
Listo

2. Ecribir tres deseos:
-Todo, TODO lo bueno para Fran y que logre superar todos los retos que está pasando ahora.
-Que la situación de la influenza mejore.
-Poder ir a la Universidad para dejar de ser un vago ^^.

3. Sonreir.
Ya... :D

4. Escirbir lo siguiente:
Let your imagination open its wings!
¡Deja que tu imaginación abra sus alas!


5. Otorgar el premio a cinco blogs más:
-Love in the Spring.
-Red Trash.
-Las Alas de mi inspiración.
-Libros. Relatos & Historias.
(la casa de libros)

-Criaturas de la noche.

7


¿Cómo seguir después?

Cuando llegué a Dunkeld la noche ya había caído, oscura y silenciosa con la frialdad pronunciada entre vagos susurros de lluvia; el día perfectamente soleado había terminado cubierto por unas grises y tormentosas nubes, las cuales se rompieron derramando la llovizna sobre el pueblo. Una ligera ventisca soplaba desde el norte provocando que el gélido aire calara sobre los huesos al tocar la piel recién mojada; metí mis manos en los bolsillos de la chaqueta para protegerlas y apresuré mis pasos.

Un par de veces, mientras caminaba, me vi obligada a cerrar los ojos con fuerza, intentando, por sobre todos los medios dejar de pensar en la única persona que ocupaba mi mente en esos momentos: Engel.

Imposible.

Cualquier cosa en estos instantes me hacía creer que era él, desde confundir un auto negro cualquiera con su ostentoso Lamborghini, hasta pensar que era precisamente él quien iba detrás de mí. No pude contener más mis ansias e instintivamente volteé con la mayor discreción que me fue posible, pero no era Engel, se trataba simplemente de mi vecino, Justin.

Ahora que estaba completamente segura de que no era Engel, sus enormes pasos retumbaban sobre la banqueta, sus patosos movimientos rompían de manera insultante el silencio nocturno mientras arrastraba los pies –-algo que Engel no hubiera provocado—.

—Anne… Hola— me saludó inesperadamente.

Éramos vecinos desde que tengo memoria y pocas veces solíamos dirigirnos la palabra; compartimos juntos el preescolar, la primaria y ahora un par de clases en el colegio; sin embargo, daba la impresión de que apenas nos conocíamos de vista. Tenía que admitir que su aspecto me intimidaba, sus ojos negros poseían una rudeza permanente y su mentón cuadrado no encajaba correctamente con una sonrisa amistosa, además era enorme—mi cabeza quedaba muy por debajo de sus anchos hombros— vestía siempre con ropa oscura y en sus muñecas usaba pulseras de pinchos, sin embargo parecía inofensivo detrás de toda esa indumentaria—no tanto para Travis que era el juguete favorito de Green—a mí siempre me trataba bien.

—Hola— dije mostrando indiferencia.

Seguimos caminando bajo la incesante lluvia, ninguno de los dos demostraba prisa o hacía algo para protegerse de las frías gotas que caían desde el cielo sin reparos.

Arrastré perezosamente mis pies en el asfalto rompiendo las charcas que recién se habían formado ahí.

— ¿Asistirás al baile de Halloween? —preguntó de pronto.

Alcé mi cabeza en su dirección para poder mirarlo.

— No lo se. —admití, si antes no deseaba asistir, ahora lo deseaba menos. — ¿tú?

— Con Pamela, de séptimo… ¿nadie te lo ha pedido?

— Ah… no, bueno tampoco espero que lo hagan.

Soltó una corta risa que más bien pareció una burla contenida.

— Recuerdo que eras mi amor platónico en preescolar y en primaria— confesó divertido. — por eso Wright no me caía nada bien… creía que te gustaba mucho y quería desquitar mi coraje con él; ahora es diferente, lo hago solo por rutina.

Abrí los ojos como platos, sorprendida por sus repentinas confesiones. Era la mas extraña declaración de amor que me habían hecho —si se le podía llamar así—, tampoco tenía tantas, pero… Justin.

— Vaya. Bueno, en realidad si voy no iré sola, voy con mis amigos. — me apresuré a decir antes de que me contara sus fantasías.

Mis palabras salieron de manera atropellada y pensé que lo había ofendido cuando vi una extraña mueca dibujarse en su rostro.

— Si lo haces… debes tener cuidado con la chica Jackocbsob— soltó con seriedad.

Abrí la boca un poco sorprendida, pero aún así solté una risita nerviosa.

— No entiendo… ¿de que hablas?

— Creo que no le agradas.

¿Tan obvio era que incluso Justin lo había notado?

— Si… bueno, ella cree que estoy pretendiendo a su hermano— pensé con coraje— pero no es así.

— No creo que solo sea eso. Yo la vi…

Su mirada se perdió en la oscuridad de la calle que recorríamos y su semblante se descompuso en una expresión que reflejaba temor. Justin estaba asustado. Algo le mortificaba. Tenía que ser demasiado terrible como para hacer que un chico tan fuerte y reacio como él pareciera vulnerable.

Las últimas tres palabras que pronunció se quedaron flotando en el ambiente con su misterio encerrado desvaneciéndose con la lluvia. Seguimos caminando, esperé en silencio albergando una esperanza de que continuara lo que había empezado pero no lo hizo; su mirada aún permanecía ausente como si su mente hubiera viajado entre el tiempo y el espacio, pero su cuerpo permanecía en movimiento a mi lado, se encontraba en una especie trance que no me atreví a perturbar.

Me detuve cuando él se detuvo, habíamos llegado al final del recorrido y estábamos parados frente al jardín de mi casa.

— La viste… ¿Cómo…? —Insté en un intento de que continuara.

Miró hacia todos lados como si alguien lo estuviese observando desde un punto escondido, alguien que no era yo.

— Te lo diré después, ahora me tengo que ir y tú también.

Se dio la vuelta y su ancha espalda quedó frente a mí para después alejarse rápidamente; se quedó parado frente a la puerta de su casa y me lanzó una insistente mirada desde allá, solo ahí me di cuenta que estaba completamente empapada; me despedí con un ligero movimiento de mano y crucé el jardín, abatida y noté una gran diferencia a cuando lo crucé esta mañana.

Abrí la puerta con mi llave de repuesto y me quedé plantada en el vestíbulo, toda mi ropa y mi cabello chorreaban de agua. Julliette me escuchó llegar y asomó la cabeza por el marco de la puerta.

— Anne, ¿Qué tal el…? —Calló de golpe— ¡Mírate estás empapada! ¿Por qué…?

Vino hacia mí y recogió mi chaqueta mojada.

—Será mejor que subas a cambiarte antes de que pesques un resfriado. ¿Quieres que te prepare algo de cenar?

— Ya cené— mentí. —Estoy cansada, tía. Necesito dormir, fue un largo día, muchas compras.

Me colé con agilidad por su lado y subí las escaleras lo más rápido que pude en un intento de evadir todas sus preguntas. Tuve la impresión de que una burbuja protectora había estado cubriéndome durante todo el día, pero alguien había la pinchado con una aguja y esta se había reventado con un silencioso plop, y apenas me daba cuenta de todos los peligros. Primero, desafiar las leyes de la física, de la vida y del país dejando que Engel condujera de esa manera: adrenalina; después, dejándome llevar por mis ridículos sentimientos y mirarlo más allá de lo que él no sería: deseo; luego, caminar como tonta por las calles cada vez mas vacías de Blair y no hacer completamente nada útil contra el vagabundo: estupidez; ver a Engel en ese estado e intentar enfrentarlo: miedo; y ahora que la burbuja estaba rota y dejaba salir todos esos sentimientos guardados también me daba canta que estaba tiritando de frío.

Decidí tomar una ducha de agua caliente para aumentar mi calor corporal, pese a ser temprano me puse mi pijama más cómoda, unos shorts holgados y una camiseta de futbolista que Travis me había regalado, con su nombre y un gran número 9 grabados en la espalda.

Era temprano como para ir a la cama por lo que tomé mi material del Literatura y encendí mi portátil dispuesta a distraerme en mi ensayo sobre Edgar Allan Poe —un escritor más bien reconocido por sus poemas sombríos y cuentos de terror—, el cual especialmente había elegido la profesora Parker para este mes y no podía quejarme porque me gustaba.

Estaba demasiado concentrada en lo que estaba haciendo, una concentración que me hacía meterme de lleno a su historia, me envolvía en el oscuro panorama de sombras y de tinieblas, el misterio y ferocidad de cada verso me provocaba olvidar el momento real y mi habitación desordenada para recorrer el tiempo atrás, viendo con claridad como las imágenes falsas, creación de mi mente e imaginación se movían al compás de cada línea. Como si estuviera ahí, presenciando el momento…

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia…

…Un golpe sordo a la ventana que ignoré después del sobresalto, no era más que la lluvia o el crujir del viento gélido castigando con poca compasión las ramas de los árboles…


¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día…


…Y entonces el panorama cambió radicalmente… no era un diciembre frío, si no una tórrida tarde de Octubre que con la mayor de las desesperaciones ansié acallar y olvidar, anhelando que al día siguiente el recuerdo amargo se desvaneciera…


Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos.


…Un trueno, como el rugido de un fuerte y fiero animal feroz hizo retumbar la habitación; el corazón me dio un vuelco y acto seguido un nuevo golpe llamó a mi ventana, “es el viento y nada más” repetí las palabras de Poe en mi cabeza una y otra vez; respiré profundamente sintiéndome ridícula ante el miedo atosigante de un poema. Yo sabía que iba más allá de la narración, más allá de cualquier verso perfecto, más allá de algo que no alcanzaba a entender, pero que moría de ganas por deducir.

Cerré el libro con firmeza y me levanté, dirigiéndome con paso cauteloso hacia la ventana y descubrir el origen del golpeteo, antes que mis dudas me hicieran sembrar y cosechar toda clase de teorías absurdas.

Corrí la cortina y miré mas allá de cristal que sólo mostraba entre los poco nítidos reflejos de la habitación, el otro lado la calle desierta y la luz neblinosa de las farolas en contraste con la lluvia. No obstante, abrí la ventana de par en par y asomé la cabeza pero no había nada. Cuando la iba a cerrar de nuevo algo entró ágil y velozmente por un lado; cerré la ventana de un golpe y giré bruscamente sobre mis talones, buscando con la mirada al pequeño –porque tenía que ser pequeño— intruso.

Entonces, mi mirada lo localizó justo a un metro de mis pies, puramente blanco y sin ningún rastro de agua arruinando su pelaje sedoso, me agaché y se dejó tomar entre mis brazos, como lo imaginé su cabello de nieve era tan suave como el algodón.

—Me asustaste… ¿de donde has salido? —como si me fuera a responder. Si lo hiciera palidecería hasta quedar muerta solo del susto.

El gatito blanco ronroneó con suavidad en su interior y soltó un suave maúllo. Al menos era un gato normal.

Lo dejé de nuevo sobre la alfombra y le miré inquisitivamente con las manos sobre mi cintura, él parecía saber que estaba pensando, su mirada cambió de ávida a una ternura descomunal que me erizó la piel, me miraba tiernamente como si implorara…

—Es que… no te puedes quedar… porque mi tía no lo aceptaría, es alérgica al pelo de gato— le expliqué dolida.

Me dio la impresión de que sus ojos azul grisáceo brillaban más como si fuera a llorar. Tragué saliva y continué con el mismo tono de voz.

— De acuerdo, pero solo por esta noche, mañana regresarás a casa.

Me sentí malvada, pero era un gato hermoso y por lo tanto debía tener un dueño que lo buscaría y reclamaría, quería quedármelo por su puesto, pero, Julliette desaprobaría mi nuevo plan de tener una mascota felina. Siempre nuestro debate, yo quería un gato y ella un perro; solo llegamos al acuerdo de que nada de mascotas que dañaran a la otra, los gatos le provocaban estornudos y a mí los perros me daban miedo o simplemente no me agradaban.

El gatito paseó entre mis piernas una y otra vez, quizás agradecido.

Cuando pude liberarme de su ataque de ternura regresé a la cama y guardé mis cosas de Literatura, no mas Allan Poe en una noche de tormenta posterior a Engel Jackocbsob —él tenía mucho que ver en torno a mis terrores nocturnos— ni previo a dormir.

No dormí instantáneamente, navegué en Internet por páginas inofensivas hasta que el sueño se apoderó de mí. El gatito blanco subió hasta mi cama, no protesté y lo dejé acurrucarse en las colchas calentitas a mis pies.

Dentro de mis sueños —porque sabía que eran sueños— no reinó una paz amodorrante; al principio solo eran trivialidades y recuerdos chuscos de las tiendas de Blairgowrie, entonces se convirtió en un mal sueño cuando abandoné una tienda protestándole a Andrew que el ingrediente principal del helado de vainilla no era queso —carecía de sentido—. Fuera, el ambiente era desconocido, una desolada calle gris con dos faroles encendidos, estaba nevando pero no hacía frío. Al fondo de la calle solitaria estaba parado Justin con una enorme caja roja de bombones y un ramo de rosas, yo tenía que llegar a él para que me acompañara a la fiesta de Halloween, aunque ambos habíamos olvidado el disfraz. Caminé rápido escuchando mis pasos huecos; dos manos fuertes como tenazas se cerraron en torno a mis brazos, una en cada lado, impidiéndome avanzar, giré un poco mi cabeza para ver a la persona de la derecha y después la de la izquierda, primero estaba Lionel con sus hermosos y joviales ojos azules, sonriendo con naturalidad y emanando tranquilidad, aunque había cambiado su atuendo de detective y vestía como vagabundo; al otro lado estaba Engel, severo con rostro inescrutable, sus ojos oscurecidos por una rabia interna, tan vacíos como un hueco profundo en el cual es imposible ver el fondo.

— Aléjate de ellos —repetía Lionel una y otra vez en voz baja

— Tienes que venir conmigo —Exigía Engel.

—Si vas con él ya no tienes amigos—me espetó Drew a mis espaldas.

Me quedé petrificada, no podía perder a mis amigos, pero también estaban Justin que seguía a la espera, Engel con quien deseaba ir aunque no tuviera pinta amable y Lionel tenía que decirme quien demonios eran “ellos”.

— ¡Decide! — gritaron todos al mismo tiempo dentro de mi cabeza.

Decidí.

Sí, pero decidí solamente despertar, porque a comparación de cualquier pesadilla anterior está si estaba bajo mi control y aunque me costó trabajo abrí los ojos hacia el nuevo día.

El cielo había aclarado, no llovía, los únicos rastros de la tormenta eran un cielo gris perlado con pomposas nubes oscuras que ya se alejaban. Me levanté de la cama en busca del gatito, pero después de voltear toda mi habitación supe que se había ido, no estaba por ningún lado, aunque no entendí como pudo escaparse. Ventanas y puertas estaban cerradas, no había huecos en las paredes y los gatos no desaparecen solo porque si. Definitivamente, estaba al borde de la esquizofrenia. Resistí la tentación de pensar en ese asunto, no quería tener un ataque de pánico.

Me alisté para ir a casa de Travis por mis cosas, que esperaba las tuviera él y no el bando enemigo: Engel. Después lo invitaría a hacer algo, lo que fuera.

Los domingos eran los peores días de la semana, al menos para mí, me aburrían brutalmente, no había nada que hacer más que las tareas escolares, que por pereza, no se habían hecho los días anteriores. El domingo también traía consigo la desesperanza de que otra semana poco productiva concluía, y al día siguiente otra vez a clases, y por consiguiente… vería a Engel.

Aunque no estaba lista para enfrentarlo, moría de ganas de verlo el lunes por la mañana, había entrado en un estado masoquista realmente extraño, pero al mismo tiempo mi deseo se convertía en miedo ante su reacción. Había muchas preguntas sin respuestas, me pregunté durante todo el camino a la escuela si estaría aún molesto, optaría por hablarme como si nada hubiera pasado, sería yo quien reaccionara furiosa y le aplicaría la “ley del hielo”… todo era tan incierto.

En el aparcamiento vi el Beetle de su hermana en el mismo lugar de siempre; la hora de la verdad estaba mas cerca y hasta que crucé la entrada de la escuela me di cuenta de lo nerviosa que estaba; mis manos temblaban y mi corazón palpitaba con prisa, quería omitir la primera hora a toda costa pero tampoco me sentía capaz de evadirlo, sin embargo, cuando entré en el aula de Historia él no estaba sentado en el asiento delantero al mío; mire con discreción a mi alrededor, tal vez se había cambiado de lugar nuevamente, pero no estaba, la clase comenzó y jamás entró, después de veinte minutos esperanzada a que entrara por esa puerta para aturdirnos a todos mientras caminaba luciéndose y sonriendo de manera socarrona, mi nerviosismo se convirtió en algo parecido a la desesperación. Fue como si no hubiese entrado a la clase del señor Lafter, jamás puse atención, pues mis ojos estuvieron clavados todo el tiempo en la puerta del salón de clases, y de regalo recibí deberes extras por no haber respondido a la pregunta del profesor, o mejor dicho, por haber respondido algo incoherente.

Así sucedió en las siguientes clases antes del almuerzo y también en los cortos recesos, me veía distante y ajena a todo acontecimiento, si algunos de mis amigos pedía mi opinión mis respuestas favoritas y adecuadas fueron monosílabos, a ellos no les era extraño, había días en los que solía ser seria o me encontraba en las nubes, quizás creían que hoy era uno de esos.

Incluso me sentí culpable al pasar por alto la extraña felicidad que embargaba a Travis y según la poca atención que presté cuando nos contaba se debía a algo que ocurrió en su entrenamiento de Football, algo sobre ¿porristas?… creo que lo habían animado a meter un gol fantástico, no estaba segura, pero mis torpes conexiones de palabras me parecieron lógicas.

En clase de química tampoco estaba y no era que lo estuviera esperando, tampoco tuve ninguna esperanza de que apareciera. Con su ausencia me di cuenta de que la clase de química era mas sencilla; comúnmente Engel me distraía, era difícil concentrarse cuando se pasaba la clase entera murmurando cosas inteligibles y riendo en cada momento de lo que solo él entendía, tampoco había nadie lo suficientemente valiente y brillante que se atreviera a opacar a todos respondiendo todas y cada una de las preguntas de la señorita Monrrow.

A la mañana siguiente desperté más ávida que en un día normal, como si hubiera esperado solamente que el despertador sonara para abrir los ojos de forma automática. Había una leve esperanza en mí de que Engel no apareciera y poder ser capaz de mantener ese ánimo, para no tener que atribuirlo al hecho de que un nuevo día significaba un nuevo comienzo que borrara todas las desagradables marcas que había dejado el Lunes; pero aquella parte masoquista insistía que necesitaba verlo.

Pasé a recoger a Travis como cada mañana, él también tenía muy buen humor hoy, pero el no contaba, porque él siempre estaba de buen humor y ahora era contagioso.

Conduje hasta el puente que conecta Dunkeld con Birnam y cruza el río Tay; a lo lejos pude visualizar una figura oscura en medio de la carretera que obstruía el paso, pensé que la lejanía del objeto y mi vista no me eran muy fieles, pero cuanto mas me acercaba pude aceptar que no era un espejismo; un auto oscuro se interponía en todo lo ancho de la carretera, era un maravilloso auto negro que no había visto nunca, Travis hizo una silenciosa exclamación mientras su boca se quedaba abierta en forma de “o”; me detuve a un par de metros, hice sonar el claxon para que su irresponsable conductor dejara de estorbar, yo no quería llegar tarde a la escuela y no ganaría nada con chocarlo para devolverle la maldad. El auto no se movió ni un centímetro, empecé a dudar que hubiera alguien en el interior del vehículo, después de hacer sonar el claxon nuevamente casi de forma desesperada, golpeé mis manos contra el volante y salí echando chispas del auto, Travis también bajó detrás de mí, pensé que intentaría detenerme antes de que lanzara piedras contra las ventanas de aquel suntuoso monumento móvil —no lo iba a hacer de todas formas—, pero solo había bajado para admirarlo más de cerca y percatarse de que era real, no entendía la emoción que los chicos mostraban por los autos, sí, eran geniales algunos, pero solo eran medios de transporte con cuatro ruedas.

— ¡Wow! ¿Ese es un Spyker? Vendería mi alma al diablo por uno de estos.

Ignoré a Travis y seguí caminando, asomé la cabeza por la ventanilla y detrás del vidrio oscuro se distinguía una silueta masculina. Bufé exasperada y toqué con el puño cerrado el cristal.

La puerta del otro lado se abrió hacia arriba, el dueño del auto bajó y se giró hacia mí, me aparté del auto como si alguien lo hubiera puesto sobre fuego vivo y ahora ardiera incandescente, me quedé sin habla y estupefacta.

— Buenos días— dijo tranquilamente como quien no quiere la cosa.

— Aparta… aparta esto del camino. — le exigí. La sangré me hervía por dentro.

— No quiero.

— Jackocbsob, por favor… no se tu, pero tengo que ir a la escuela. Jugaremos otro día.

Se recargó sobre el capó del auto, mirándome o eso pensé, mientras sus ojos se encontraran ocultos detrás de las oscuras gafas de sol no sabría si me miraba exactamente a mí o a que.

— Necesito hablar contigo. ¿Podrías acompañarme?

— Me encantaría —respondí sarcásticamente— pero no puedo dejar mi auto aquí, yo no soy una conductora irresponsable.

— Yo lo puedo llevar. — se ofreció Travis.

Puse los ojos en blanco.

— Eso sería genial— sonrió Engel— sube.

Abrió la puerta de lado del copiloto. Aborrecía lo sencillo que le resultaba solucionar todo; siempre obtenía lo que quería, aunque no lo mereciera.

Me di la vuelta para lanzarle miradas asesinas a Travis pero él ya iba camino a mi auto.

Resignada, subí al nuevo auto de Engel, me pregunté que había pasado con el Lamborghini o si él tendría algo así como un guardarropa de autos y sacaba el que más le gustaba ese día. Niño presumido.

Cerró ambas puertas, y apartó el Spyker retomando la carretera hacia Birnam, no habló en lo que restaba del camino, yo quería decir muchas cosas pero no sabía por donde empezar o que era lo más prudente.

Llegamos a Birnam e inmediatamente se desvió a la derecha, comprendí que el no pretendía ir al colegio, me pregunté a donde me llevaba pero antes de que pudiera formular la pregunta en voz alta se detuvo en un paseo arbolado.

Bajamos y se adelantó, lo alcancé en cuanto pude.

—Pensaba llevarte a otro lugar… pero al ver que estas a punto de una histeria nerviosa decidí acortar el camino.

—Solo dime lo que ibas a decir y llévame a la escuela.

Se sacó las gafas oscuras y me miró arqueando las cejas, divertido.

— ¿Creíste que íbamos a clases? Te dije que quería que me acompañaras no que quería que fuéramos juntos a clases.

Entrecerré los ojos mirándolo de pies a cabeza, entonces vi que su vestimenta era muy formal para asistir al instituto.

Me despeiné el cabello inconciente de forma frenética y me di la vuelta, rabiosa, sus juegos me desquiciaban.

— Eres imposible. Me largo

— Oye no… tengo que hablar enserio contigo. —dijo haciendo mayor énfasis en la palabra “enserio”.

— ¿Seriamente? ¿Sobre que? —protesté con ironía. — ¿Las propiedades nutritivas del chocolate y diez buenas razones de porque Anne no merece probarlo?

— Ese tema es bueno… pero no.

Me sostuvo firmemente por el brazo a la espera de que me tranquilizara.

— Si te vas a poner histérico y a burlarte de mí, mejor deja que me vaya. Ya me cansaste, te comportas demasiado infantil, no…

— No, nada de eso. —Interrumpió—Esta vez tengo disculpas… buenos argumentos y una petición.

Eso sonaba mucho mejor, pero, aún no me convencía.

— Estoy esperando. —Me crucé de brazos.

—No aquí.

Me tomó por la muñeca y me adentró en el parque que tenía un hermoso aspecto otoñal, el suelo estaba recubierto de una alfombra amarillo dorado y había contraste con los troncos cafés de los árboles; era un lugar demasiado bonito y pacífico que ayudó a calmar mi cólera, seguramente ese era el motivo del paseo: calmarme. Me soltó cuando se dio cuenta que ya no volvería atrás y estaba dispuesta a cooperar. Casi parecía que nos habíamos adentrado en un bosque, los árboles de otoño solo eran la fachada que ocultaba un verde paisaje por dentro, las entrañas del parque. Llegamos hasta las orillas del río Tay. Se dejó caer sobre el verde césped con los antebrazos descansando en sus rodillas. Me senté a su lado con las piernas cruzadas, los labios fruncidos y la mirada al frente, observando la lejanía del puente de roca.

—Sigo esperando—le recordé

—Bueno, empezaré por las disculpas… sabes, no es costumbre mía disculparme con las personas, no suelo ser yo quien comete errores—“arrogante lombriz rumana” pensé— pero lo que sucedió el sábado fue… no lo se, si te lo dijera no lo entenderías, no comprenderías…

— ¿Me estás llamando tonta o lenta?

— ¡No! —se apresuró a decir. —Son situaciones complicadas. Es… personal.

— Humm… de acuerdo, no me meteré en tu vida privada, pero eso, no justificaría lo que hiciste… ¿Qué culpa tenía ese hombre?

Masculló algo inentendible y se pasó con desesperación una mano por el cabello.

—Eso es diferente, te dije que tenía argumentos.

—Escucho.

Aspiró una bocanada de aire y continuó.

—Cuando desaparecieron, tu y tus amigas, decidí… ir a comprar golosinas—soltó una risa y regresó de nuevo a la seriedad anterior—di un paseo… sabías que no me quedaría con tus amigos a tomar el té, el punto es que cuando regresé dijeron que te habías ido a buscarme; Stephenson estaba furioso, Wright lo detuvo antes de que me golpeara… aunque no hubiera estado mal porque me habría obligado a devolverle el golpe y… en fin.

>>le dije a Wright que se marcharan y que yo te llevaría a casa, no esperé su respuesta y fui a buscarte, no tenía idea de que tan lejos pudiste haber ido, regresé una vez mas para asegurarme de que tu no habías vuelto y, efectivamente, no estabas, busqué mi móvil para localizarte mas fácil, pero lo había dejado en casa; regresé nuevamente a buscarte y auque no lo creas estaba… preocupado, no me hubiera perdonado si algo te pasaba y eso me hizo enojar, pero no estaba molesto contigo, si no conmigo mismo.

>>Entonces cuando iba en aquella calle desde lejos vi como él te atraía hacia dentro, no sabía que eras tu, pero sabía que había una posibilidad y me dirigí en aquella dirección, me acerqué y ahí estabas, histérica y asustada; pensé que él te había hecho algo y lo único que quería era sacarte de allí cuanto antes. Cuando llegamos a mi auto aún tenía en la mente tu rostro lleno de pánico y la idea de que, no se… pudo pasarte algo solo por mi culpa, no estaba conciente de lo que hacía, es que… te has vuelto especial para mí, quizás no lo comprendas porque no sientes lo mismo y pasamos por situaciones diferentes… pensamos diferente… ¡Somos diferentes!; no quiero que todo lo que he dicho suene como excusa, para mí no lo es, solo quiero… dime que me perdonas. Por favor.

Me removí en el pasto, nerviosa y mas cohibida de lo casual; su pequeño discurso seguía presente en mi cabeza, trataba de asimilar lo que había dicho al mismo tiempo que sus palabras aterciopeladas se iban evaporando conforme avanzaban las unas tras las otras, llegando deliberadamente hasta una parte de mí que no sabía si era lo que los hombres llaman corazón, alma o cualquier parte del cuerpo que se relaciona con aquellas palabras que traspasan tus oídos y se transforman en sentimientos, golpeando brutalmente ahí y dominando por sobre tu mente.

Sentí como, involuntariamente mi cabeza giraba hacia un lado, de mi vista desaparecía aquel puente que unía a ambos pueblos y un bello rostro que me dejó sin aliento por unos minutos, estaba a mi altura; tan hermoso que no estaba segura si alguna vez lograría acostumbrarme a tan arrebatadora belleza inhumana y envidiable. Lo contemplé como si fuera la primera y la última vez que podría hacerlo, sus ojos parecían plata fundida, grises y brillantes escrutando con minuciosidad cada una de mis entorpecidas reacciones; intenté agachar la mirada porque temía perderme en la suya anhelante, pero Annette Crawforth jamás bajaba la mirada ante el enemigo.

Apreté los labios con fuerza, conteniendo deseos que no se me estaban permitidos, conteniendo mis verdaderos sentimientos y apegándome a mis propias reglas; pensé que sería mas difícil pero afortunadamente él cedió primero y soltó mi mentón pero no dejó de mirarme, suplicante a la espera de lo que yo tenía que decir.

Repentinamente él había logrado que yo olvidara todos mis prejuicios sobre si, que no me importara que fuera un psicópata o algo parecido, que mis miedos nocturnos fueran a tomar una siesta a la media tarde para que por la noche permanecieran silenciosos.

Sentí una nueva primavera resplandecer dentro de mí, flores coloridas retoñaban y paisajes de diversas bellezas sobrenaturales se pintaban como en un óleo… eternos permanecerían. Era bonito sentir todas esas sensaciones al mismo tiempo, aunque, después de la tempestad salga el sol… la tormenta retornará una vez más, así sería... un ciclo, un cuento de nunca acabar.

—Engel…—había un nudo en mi garganta y una barrera que me impedía pensar con claridad— yo… olvidemos eso, mejor.

Que mal había sonado eso. Poco interesante, muy tonto, pero demasiado Anne. Mejor me quedé callada.

—Eres tan… extraña.

— ¿Ahora porque? —objeté medio ofendida, medio divertida.

— Es imposible saber como vas a reaccionar. —opinó haciendo una mueca que demostraba lo caótica que me encontraba—nunca actúas como creo que actuarás…

— ¿Y tengo que hacer lo que el señor Jackocbsob espera de mí? —pregunté satírica alzando ambas cejas.

— Para mi sería lo ideal… me golpeaste y eso no me gusto— sonrió con suficiencia y flirteo mientras se tocaba la mejilla derecha y me hacía enrojecer de vergüenza—Pero, admito que perderías tu toque interesante.

—Te lo merecías… creí que tu me golpearías. —Admití—Bueno… y ¿Qué es lo que sigue?

—Primero jamás te golpearía, soy… yo, pero aún así sigo siendo buen mozo y lo que…

— ¿Mozo? —Solté una pequeña carcajada poco discreta— Si no lo habías notado, estamos en el siglo veintiuno.

—Oh. Disculpe, señorita Annette-futurista-Crawforth—recitó con parsimonia haciendo una reverencia con su brazo, inclinándose un poco hacia delante y mirándome a los ojos—No quise perturbarla con mi vocabulario…

Entrecerré los ojos y le di un zape en la cabeza; se calló de golpe y me miró abriendo mucho sus ojos, lo que yo encontré repentinamente gracioso él pareció encontrarlo insultante; me escrutaba con una ahora gélida mirada permaneciendo intensamente serio, me llevé las manos a la boca casi completamente arrepentida por lo que había hecho.

De improvisto y con una velocidad que me tomó por sorpresa, él se lanzó encima de mí tirándome de espaldas en el césped, haciendo una presa con sus manos sobre mis muñecas que se hallaban a la altura de mis mejillas, sus piernas se abrieron a cada lado de las mías con sus rodillas apoyadas en el suelo. Su sonrisa se amplió maliciosamente y la severidad se borró como si jamás hubiera estado allí, se fue inclinando hacia delante con lentitud, dejándome saborear a propósito el fruto prohibido sin dejarme probarlo, maldito Satanás, pensé con lujuria y frustración. Me moví debajo de él, un fuego incandescente recorría mis venas, algo que yo no recordaba haber sentido antes y una sed insaciable me provocaba el tenerlo aquí; me resistí en vano y seguí luchando por liberarme de él, lo primero que quería hacer era que dejara mis brazos en libertad para rodearle el cuello y atraerlo con fuerza hasta mí, pero era mucho mas fuerte que yo.

— Ahora no tendrás excusas para negarte a mi petición—susurró con intensidad.

Su aliento me golpeó de lleno, atravesó mi boca entreabierta y el fuego en mi interior ardió con más fuerza.

Delicioso elixir de la vida.

—Lo que sea si me sueltas—dije con un hilo de voz.

— ¿Te gustaría ser mi acompañante en el baile de mañana?

—Eres un tramposo—protesté— pero acepto.

—Gracias, señorita Crawforth.

Como lo prometió, me liberó inmediatamente, pero no me dio tiempo de hacer lo que yo quería; no bastó una coreografía ridícula, él era perfecto y elegante, todo le salía bien, se irguió con garbo y facilidad mientras que con petulancia se quitó el césped adherido a sus pulcras ropas.

Yo en cambió, estaba tan aturdida como para moverme, miraba el cielo nublado incrédula ante la decisión que había tomado sin comprender que me había llegado a aceptar su propuesta con esa facilidad. Me había quedado vacía, el fuego había terminado impaciente y finalizó consumiendo mis deseos por él, ahora se hallaba extinto. Una falsa alarma. Nada sucedió. ¿Engel me drogó?

Tomó una de mis manos y me levantó del suelo, se inclinó y me besó el dorso provocando un ardor allí donde sus labios se posaron por unos segundos.

—Te recogeré a las ocho en punto.

— ¡No! —Hora de la rabieta—Tu me has hecho algo para que acepte, yo no iré.

—Es de mala educación deshacer el compromiso—puso ojos de borrego tierno— ¿eres tan fría que no te importa romper mi corazón?

— ¿Tienes? —pregunté sarcásticamente

—Mas del que aparento. —Pugnó sin inmutarse—Ya aceptaste, no permitiré que rompas conmigo solo por capricho. Te llevaré a rastras si es necesario.

Le saqué la lengua.

—Es que no puedo ir contigo— ¡una excusa! ¡Urgente! —Ya había quedado con mis amigos. Lo siento.

— Eso no es problema—insistió— Wright asistirá con mi hermana.

Me reí.

—No puedes obligar a tu hermana a hacer algo que no quiera.

—Yo no la obligué ¿no lo sabías? Ella se lo pidió… no creí que Valerie fuera a hacer eso, no es que me importe, en absoluto, pero ¿Wright?

Abrí mucho los ojos estupefacta por la nueva noticia, eso era completamente imposible, él tenía que estar mintiendo porque su hermana no era la clase de persona que se anda con gente como Travis, era como si Rachel empezara a salir con uno de los miembros del Club de ciencias o algo así, mi Travis era una excelente persona pero no para Valerie Jackocbsob, me asustaba lo que ella pudiera hacerle. Sin duda Engel tenía que estar mintiendo aunque había un par de cosas que encajaban: la euforia de Travis y aquello que contó en la cafetería a lo cual yo no puse atención.

—En cuanto a Stephenson y tu otra amiga asistirán juntos.

— ¿Como puedes saber todo eso?

Se encogió de hombros.

—Cosas de la vida. —Suspiró con aire despreocupado— Bueno, te recogeré mañana a las ocho.

— ¿Ganaste tú?

Soltó una débil risotada y me pasó el brazo por los hombros, me llevaba de regreso al auto. Crucé los brazos sobre mi pecho y me solté de él dando unos pasos a la derecha, dejando claro que aunque fuéramos juntos a ese estúpido baile nada cambiaba y yo no me convertiría en otro de sus juguetitos que valían menos de un centavo.

Tenía la sensación de haber entrado en la boca del lobo y no sabía como iba a salir de allí.

Paciencia xD

Hola a todos.
Primero que nada agradecerles a los que se pasan y dejan un poco de su tiempo para leer mi historia; tambien gracias por todos su comentarios. Y bueno no se exalten comentarios malos siempre habrá, se respetan todos los puntos de vista aunque ciertas insistencias nos fastidian; ahí van a estar y nunca se irán.

Respecto al capitulo 7... >.< no se desesperen... hago lo que puedo, esta historia solo empezó como un pequeño pasatiempo y a veces con la escuela y otras cosas no me queda mucho tiempo en el día. Pero se los prometo lo mas pronto posible.

Bueno... y no se como no tengo mas que agregar aqui les dejo unos videos... el primero que me encontré por casualidad en YouTube y el segundo que hice yo porque me aburría... que los disfruten.



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