El estruendo no se hizo esperar, y un estrépito se oyó venir de todos lados; ellos probablemente nos habían seguido hasta aquí, donde quiera que estuviéramos. Mi cabeza terminó chocando contra el suelo provocando un ruido sordo y aún después del golpe sentí que algo palpitaba pesadamente dentro de mi cráneo que se sentía presionado por una fuerza descomunal; parpadeé varias veces demasiado aturdida como para saber que estaba sucediendo, donde estaba, y lo mas importante: con quien. Había ruido por todas partes, escuchaba no lejos ese sonido cristalino de vidrios romperse en mil pedazos, golpes en algún lugar y voces. Sin embargo, pese a la posibilidad de que Gabriel viniera de algún lado y me tomara, no me moví de ese espacio donde había caído, ya no quería saber nada más, únicamente quería que terminara; me quedé tumbada en el piso esperando mientras miraba el techo blanco que despedía luz incandescente.
Entonces, un grito resonó fuerte con la potencia de los sentimientos del dolor y  la agonía, perforó mis oídos y mi corazón, me erizó la piel, me aterró por un momento imaginar lo que sucedía fuera de mi alcance, bastaron segundos para que me acostumbrase a ello, pronto me pareció irrelevante, no me interesaba en demasía, su dolor era intenso aunque probablemente físico a diferencia del mío, no obstante, yo no podía gritar, mis labios se mostraban sellados y las lágrimas en mis ojos estaban secas; simplemente yo estaba allí en un lugar del mundo ocupando un espacio innecesario. La conciencia y el sufrimiento no me daban para pensar en nada más que en el deseo de cerrar los ojos y no sentir absolutamente nada, nunca más. Dormir por siempre se antojaba como la idea perfecta.
Giré mi cuerpo adolorido hacia un lado y sobre lo que parecía ser una alfombra —adiviné por el tacto áspero y mullido acompañado de olor a almidón— me hice ovillo y abracé mis rodillas cerrando los ojos, mas siguiendo mis oídos percibiendo los sonidos y alaridos ahora viniendo de lejos y alejándose cada vez más hasta que los gritos se apagaron lentamente, acallándose poco a poco. 
Tiempo después —no sé exactamente cuanto tuvo que haber transcurrido— cierto tacto frágil acarició mi mejilla y cabellos, una y otra vez. Esa persona pronunció mi nombre con tanta dulzura como en un sueño profundo; era una voz familiar pero en mis sueños no había imágenes, todo era una penumbra negra, sin embargo ella siguió llamándome pacientemente hasta que abrí los ojos cansada de escucharla hablar sola con la impotencia de no poder contestarle. Dijo algo más que no escuché antes de ayudarme a que me incorporara de la patética posición fetal; recargó mi espalda sobre una superficie acolchonada antes de ponerse delante de mí.
La pequeña Sophie apareció en el parámetro de mi vista sonriéndome indulgentemente. Era ella, la niña que una vez había merodeado en una de mis pesadillas, con sus rizos rojos y sus ojos como dos joyas llameantes color esmeralda.  
— ¿Estás bien? —preguntó por quizás décima vez sin perder la paciencia. — ¿Me podrías decir que pasó, Anne?
Parpadeé tratando de asimilar al mismo tiempo que buscaba desesperadamente la forma de entender todo lo que había pasado. Le devolví la mirada resignada; encontré la preocupación asomándose en sus pupilas, trataba de disimular con sonrisas hospitalarias pero no lo hacía demasiado bien, de eso podía darme cuenta yo a pesar de querer estar lejos de allí justo ahora; me daba cuenta de ello con tan solo escrutar atentamente en su rostro.
—Por favor—insistió.
Apreté los labios cuando mis memorias volvieron hacia atrás.  Pareció ser tan real como antes, demasiado real como estar nuevamente en la nave central de la catedral, con los ángeles atacando por doquier, mi padre y Engel haciendo todo lo que podían mientras yo únicamente pensaba en salir de allí a como diera lugar para salvar mi vida sin tener alguna capacidad de defenderme, finalmente Gabriel…
Me llevé las manos a la boca y proferí un único sonido transformado en un sollozo ahogado. Mi cabeza se movió precipitadamente de un lado a otro y abracé con fuerza mis piernas. No quería que fuera verdad.
—Está bien, está bien—suspiró Sophie con resignación—Ya todo está bien.
Sentí que mis labios se separaban pero no supe si estos habían pronunciado algo antes de lacrarse nuevamente.
—No, ellos no vendrán aquí, nada te va a pasar. Te lo prometo.
¿Cómo podía estar tan segura? No había estado allí, no había visto a los ángeles atacarnos, no había visto el blanco enrojecer, la nieve bañarse de sangre.
Recordé: ella era un ángel.
Alcé la mirada horrorizada, viendo sus ojos brillantes que se veían tan serenos y amables como los de Gabriel, emanando esa misma sensación tranquila de cada uno de sus poros, sonriendo con amabilidad, haciendo ver lo malo como un suceso pasajero, acariciando con sus manos mis cabellos revueltos como si yo fuera su muñeca. La aparté de un golpe y me alejé trastabillando.
Por primera vez eché un vistazo alrededor para saber donde estaba y  buscar una salida. El lugar era enorme, y también elegante. Hacia todos lados se extendían las piezas características de un departamento habitable por un magnate hombre de negocios, decoración perfectamente sobria y moderna en colores oscuros, muebles sencillos y geométricos, paredes pintadas de rojo, negro y blanco texturizadas con interesantes pinturas abstractas, ventanales gigantes cubiertos de persianas negras pero a través de las cuales podía  verse el exterior, una vista del cielo nocturno y otros edificios cercanos. Había ciertas cosas que no concordaban, como los vidrios esparcidos en la alfombra de lo que pudo haber sido una mesa, uno de los sofás colocado en una extraña posición invertida que no tenía nada que ver con la decoración, la alfombra estaba rota como si las garras de un felino la hubieran rasgado a la fuerza; daba la impresión de haberse desarrollado antes una batalla…
La sensación de estar perdida se apoderó más de mí cuando todo me pareció desconocido y la única persona cercana era esa niña. Ni siquiera Engel. ¿Dónde estaba él? ¿Si ese lugar pertenecía a los ángeles y el desorden se debía a una lucha desarrollada entre Engel y Gabriel? ¿Si Gabriel le había hecho algo a Engel? Los ojos se me bañaron de lágrimas una vez más, pero acordé que tenía que ser fuerte y salir de allí…
Yo estaba recargada contra uno de los sofás de cuero negro. Cerca de mi había una mesilla de centro que aún estaba intacta con objetos de formas extrañas cuya utilidad, me parecía, era únicamente la exhibición y la decoración del living. Sin pensarlo dos veces tomé lo primero que mi mano alcanzó, esto era una cosa con forma de… cosa, me paré y la blandí delante de mi como si fuera un arma, mientras me alejaba de la pelirroja.
—No te voy a hacer nada—dijo poniéndose de pie también y acercándose con cautela. —Estoy  de tu lado.
Se acercó un paso más y le lancé con todas mis fuerzas el artefacto. Ella abrió mucho los ojos con expresión sorprendida y se movió hacia un lado rápidamente que solo me di cuenta cuando ya no estaba en la misma posición de antes. El objeto fue volando directamente hacia la pared y se rompió contra un trío de cuadros sin sentido, uno de ellos se rompió al mismo tiempo que el objeto se hizo añicos sobre él, finalmente ambos terminaron en el suelo.
Tomé algo más de la mesilla de centro y lo volví a lanzar contra ella, pero el efecto fue el mismo. Sophie únicamente me miraba, algo en esa mirada me hacía rabiar, tal vez era la lástima que se afloraba en ella, no me gustaba. Esos malditos ángeles. Ojala todos ardieran en el maldito infierno, que las llamas los hicieran agonizar y sufrir lentamente hasta que su muerte se produjera…
— ¡Los odio! —Grité.
Por unos segundos me costó asimilar que esa frase había venido de mí, pero era mi voz, era yo la que sentía eso.
— ¡Déjame ir! —le ordené con otro artefacto en mis manos.
—No—refutó serena.
La sangre ardía dentro de mis venas, mi dolor se transformaba en ira, mas aún al saber que era inútil seguir lanzándole cosas; tiré al suelo lo último que había tomado pero ni siquiera cuando se rompió me sentí satisfecha; aferré mis manos con fuerza a los bordes de la mesa y la volteé delante de la niña; luego me pasé por delante del sofá y empecé a lanzar los cojines en direcciones aleatorias, descargando el coraje que se albergaba dentro de mí; quería romper, aniquilar, matar, pero yo no tenía la fuerza suficiente para hacerlo, yo no  podía porque era una débil e insulsa cosa y saberlo era frustrante.
Caminé hacia el otro extremo del living lanzando y destrozando todo lo que se encontraba a mi paso mientras ella, Sophie, me seguía de cerca sin detenerme.
Sin previo aviso mis rodillas se plantaron en el suelo y un estremecimiento de dolor físico recorrió mi cuerpo, caí de bruces, me había tropezado con uno de los cojines que yo misma había dejado por ahí. Cerré los ojos completamente dolida, era mas allá del dolor físico o era algo mas intenso que no alcanzaba a reconocer, algo mas profundo que el rencor y el odio, el miedo y la desesperanza, el coraje y la impotencia; podrían ser todos esos sentimientos encontrados a la vez, no tenía idea, por que nunca me había sentido de esa manera y por ende, con cierta desesperación el nudo en mi garganta se deshizo y se produjeron sollozos, de mis ojos se desbordaron verdaderas lágrimas; un llanto que jamás había escuchado en mí, un llanto verdadero y vergonzoso.
La vida apestaba.
—Todo estará bien, pequeña.
La voz de Sophie tenía un tono que su promesa parecía ser verdadera y me daba un aire de esperanza, pero no quería confiar en ella ni en nadie más. Sin embargo sentí algo agradable y apacible cuando sus brazos me envolvieron en un abrazo con intensidad y fuerza, como si fuera un lúcido sustento, su sensibilidad arrolladora penetraba en mí como una ráfaga de viento invernal, pero ella no poseía la gelidez de tal, ella era dueña de algo más.
Estuvo a mi lado todo el tiempo sin separarse de mi hasta que mis sollozos cesaron y las lágrimas se agotaron, cuando no hubo nada más por lo cual llorar, cuando los sentimientos amargos aminoraron su intensidad dejando únicamente a su paso un vacío intenso pero soportable.
No necesitaba innecesarias palabras de aliento, no necesitaba lástimas ni miradas compasivas, necesitaba tener a alguien a mi lado que supiera exactamente como me sentía y la hermanita de Engel parecía ser la persona indicada para ello, pues de alguna manera estaba segura de que ella sabía exactamente como me sentía; era difícil de explicar, pero no demasiado de entender. Sophie estaba conmigo.
Me ayudó a levantarme del suelo y tomó mi mano con firmeza conduciéndome hacia un lugar desconocido, ella caminando por delante y yo yendo detrás sin oponer resistencia, ya no tenía fuerzas para hacerlo.
La niña abrió una puerta y una habitación completamente diferente apreció, su decoración seguía los mismos cánones que el resto del lugar, tenía el aspecto de una habitación de hotel, la clase de habitación que utiliza una pareja de recién casados en su luna de miel: cama amplia con ropa de cama roja y desbordada de cojines, pantalla plasma gigante en la pared, mas de esas pinturas abstractas texturizando las lisas paredes blancas, sillones de cuero negro con la misma forma de cubo; la pieza, aunque sobria, daba un aspecto cálido que se debía a las lámparas modernas de pantalla roja y las cortinas que cubrían una pared de vidrio.
Sophie me acompañó hasta la cama y ambas nos sentamos en el borde al mismo tiempo, nos miramos a los ojos, aunque yo no pude sostener su mirada durante mucho tiempo, era impactante.
— ¿Dónde está Engel? —traté de sonar tranquila e indiferente.
—Mi hermano está durmiendo ya, y tú deberías hacer lo mismo.
Extendió sus brazos en dirección a mí y deslizó el abrigo por mis hombros de manera cuidadosa.
— ¿Está bien?
—Engel es irrompible. —Rió con nerviosismo. —Saca los brazos.
Obedecí.
—Él gritaba—recordé.
—Un pequeño percance—respondió evasivamente—nada que no se pueda solucionar.
Se puso de pie y se movió por la habitación abriendo puertas, yendo y viniendo mientras decía de manera soñadora algo sobre el clima, el invierno, lo bonito que era Escocia y otras tonterías irrelevantes.
—Quiero saber—insistí.
Se sentó de nuevo delante de mí y pasó un pañuelo húmedo con suavidad sobre mis mejillas, Sophie tenía un tacto sumamente maternal a pesar de su apariencia de una chica de no mas de quince años, ella seguía siendo una niña en apariencia y quizás un poco en su comportamiento, pero de pronto los años que en su ser se habían acumulado se veían reflejados en sus actos cuidadosos. Sus manos acariciaban la piel de mi rostro y después mis brazos, mis manos. Sentí la calidez de sus manos llenarme y conforme esto sucedía el dolor físico se iba cuando mis heridas sanaban.
—Mañana, ahora es tarde. —repitió mientras preparaba la cama. —Duerme… no quiero drogarte para que lo hagas, es mal.
No podía imaginarme conciliando el sueño después de todo lo que acababa de ocurrir; sin saber que le había pasado exactamente a Engel, sin saber si realmente estaba bien, sabiendo que allá afuera había un montón de Ángeles buscándome para matarme por una razón que todavía no me quedaba clara y que estaban dispuestos a todo con tal de lograr su objetivo. No quería quedarme sola, ellos me encontrarían de nuevo, era un hecho irrefutable, esa noche no sería la última que vería a Gabriel.
—Ellos no pueden saber que estás aquí. —Intervino Sophie—Este lugar ha sido condicionado para que ni los ángeles ni los demonios puedan sentir la presencia de otros, aquí estarás a salvo.
Sonrió.
—Toma, puedes usar esto por ahora; mañana si tú quieres iremos de compras, dicen que eso es lo que les gusta a las chicas… y a decir verdad se ve divertido por televisión.
Alcé la mirada y tomé la tela blanca que Sophie me tendía con amabilidad; la extendí y descubrí un vestido igual al que ella llevaba en estos momentos.
—Eres más alta que yo pero te quedará bien y si Engel te viera—soltó una risita melodiosa—le gustarías más de lo que ya le gustas.
Mi corazón dio un vuelco y sentí mis mejillas arder; doblé el vestido nuevamente y me giré en otra dirección prestando atención a una lámpara encendida que no tenía nada de interesante.
—No pienso ir de compras, no es divertido; además mañana regresaré a casa, no es necesario.
Me dio un beso en la frente y se adelantó a la puerta, riendo como si algo le resultara muy divertido.
—No, no lo harás—dijo antes de salir—Lo siento, Anne.
Me costó un momento asimilar lo que había dicho. ¿A que se refería con no irme a casa? Ella no podía mantenerme allí contra mi voluntad. Luego confirmé mis sospechas cuando escuché el sonido de un cerrojo por fuera; me levanté de la cama y fui apresuradamente hasta la puerta. Intenté abrirla aunque de anticipo ya sabía el resultado: esta no se abriría. Estaba encarcelada o algo parecido.
Pateé la puerta como si con eso se fuera abrir mágicamente. Al parecer lo fastidioso venía de familia, no podían tenerme allí secuestrada, tenía que ir donde Juliette, asegurarme de que ella estaba bien, decirle que yo estaba bien. Eché un vistazo por la ventana para saber si tenía posibilidades pero fue en vano, de solo pensar la cantidad de pisos que había hacia abajo sentí nauseas.
Caminé de un lado a otro de la habitación pensando como podría escapar, tenía muy buenas ideas, pero a la vez parecían imposibles de ejecutar tomando en cuenta que ellos eran dos, y si a eso le sumaba que ellos podían hacer cosas que las personas normales no, las maniobras eran mas o menos suicidas.
Finalmente me tiré sobre la cama, agotada. Eché un vistazo al reloj que reposaba en la mesilla de noche atormentándome con su ruidoso tic tac, dándome la sensación de que el tiempo, algún tiempo indefinido se agotaba y aunque no quería dormir la hora tardía y el cansancio me obligaron a hacerlo y los párpados fueron cayendo pesados sobre mis ojos.  Cuando los abrí nuevamente la luz del sol se colaba por una pequeña franja que las cortinas no cubrían en la ventana y ese haz de luz partía la habitación en dos. Me restregué los ojos, amodorrada, pero suficientemente despierta para comprobar que no había sido una pesadilla. Miré a todos lados sin saber que hacer, como si hubiera respuestas pintadas en las paredes o como si un libro mágico fuera a aparecer con las instrucciones, algo similar a los libros de cocina que muchas veces había intentado utilizar sin obtener éxito.
Bufé con cierta desesperación y me puse a arreglar la cama en la que había dormido, esperando no tener que usarla de nuevo, esperando no ser la prisionera de esas extrañas personas. Recogí los cojines que habían caído al suelo sin preguntarme como habían llegado allí, era lo que menos importaba; después estaba sobre esa misma alfombra negra una tela delgada blanca, la recogí y la extendí frente a mi, viendo el pequeño vestido de Sophie y después analizándome críticamente, mirándome de pies a cabeza. Llevaba puestas mis viejas zapatillas de deportes, los vaqueros raídos pero estaban casi limpios y el suéter de lana intacto, sin embargo; me miré las manos y estaban un poco sucias, las heridas se habían ido, pero debajo de los puños del jersey noté en mis muñecas unas marcas que antes no estaban, eran algunos tonos mas oscuros que el resto de mi piel, parecían quemaduras, pero no dolían, solo estaban allí, rodeando las muñecas como un par de gruesas pulseras, en algunas partes se podían distinguir claramente los eslabones de cadena. No quise acercarme a un espejo por temor a ver el resto de mi apariencia, pero estuve conciente de que necesitaba una ducha.
 Llevé conmigo de mala gana el vestido blanco hacia el cuarto de baño, empecé a desvestirme lejos del espejo grande del tocador y dejé que el chorro de agua fría fluyera para dar paso a la temperatura más cálida. Mientras esperaba abracé mi cuerpo y me estremecí cuando el frío acarició mi piel desnuda. Poco a poco el vapor fue subiendo por el cuarto de la ducha hasta que inundó toda la habitación; me metí bajo el reconfortante chorro de agua, dejé que este golpeara mi cabeza con su presión y se deslizara entre mis cabellos cayendo hacia mi espalda y mi pecho. Me senté sobre la porcelana de la tina de baño y abracé mis piernas haciéndome ovillo mientras el agua seguía cayendo sobre mi cabeza recargada en mis rodillas. De pronto un nudo se hizo en mi garganta y la brecha dolorosa dentro de mi se abrió una vez más, fue poco después que me di cuenta que de mi boca salían sollozos que se perdían con el sonido de la regadera; los ojos me ardían y supe que no era solo agua lo que lavaba mis mejillas, si no también lágrimas. Papá, pensé con pena.
Recobré la compostura cuando el agua disminuyó su temperatura y poco a poco dejaba de ser caliente, se volvía fría cada vez mas rápido, no me di cuenta de cuanto tiempo había pasado allí llorando. Me avergoncé de mi misma. Aunque nadie podía verme daba la sensación de que estaba siendo vigilada, como si las paredes escucharan y tuvieran ojos; realmente me sentía de esa manera, y el encierro del pequeño cuarto de baño me sofocó. Cerré el grifo del agua y salí rápidamente, tomé aire y miré en todas direcciones, como si esperara ver a alguien esperándome fuera de la ducha. Tomé rápidamente una toalla de la repisa más cercana y me cubrí el cuerpo, me di prisa a vestirme, esa sensación de ser observada no se iba.
El vestido me quedaba corto, como lo había predicho Sophie, incluso podía ver parte de mis pechos en el espejo con el escote travieso de la parte delantera y el escote de la parte trasera dejaba libre casi toda mi espalda, era un poco ajustado para mi gusto. Me pregunté si no tendría más que vestidos blancos en su guardarropa.
Después de cepillarme el cabello y doblar cuidadosamente mi ropa, fui a comprobar que la puerta de la habitación estuviera abierta y no cerrada con llave. Estaba abierta, afortunadamente.
Salí con sigilo y eché un vistazo al departamento, observando con cierta curiosidad mientras buscaba el comedor o la puerta de salida, lo que estuviera primero. En los muros que dividían el lugar de manera elegante había colgados mas de esos cuadros absurdos, la clase de pinturas que mi tía denominaba como arte contemporáneo abstracto, la clase de pinturas que yo denominaba como feas y sin forma. De vez en cuando encontraba una que otra planta que le daba algo de color y vida al lugar; en las mesillas estaban esos artilugios plateados con formas raras y cuya utilidad seguía sin conocer y se me antojaban como estorbo inútil. En lo personal odiaba lo moderno, lo minimalista porque era demasiado frío, seco y carente de imaginación. No obstante las fotografías rescataban un poco de esa calidez de hogar que se perdía. Me detuve a observar aquellas que llamaban mi atención, la mayoría eran de Sophie y descubrí que vestidos blancos no era lo único en su guardarropa, aunque si lo mas predominante, era la Sophie con los ojos almendra que también estaba en la fotografía de la habitación de Engel en la mansión Jackocbsob. Había otras fotografías en las que aparecía el mismo Engel con su hermana, raras veces se le veía sonriendo; en otras estaba un pequeño niño con aspecto… hermoso pero… diabólico, no me habría imaginado que a Engel le gustaba recordar su infancia. Entonces mis ojos se detuvieron en una imagen realmente interesante, tanto que me vi obligada a retirar el portarretratos de su lugar para asegurarme de que no era un engaño de mi mente. En la fotografía estaba Engel, con esa misma apariencia, el muchacho de diecisiete años que yo conocía, con el ceño ligeramente fruncido mirando a la cámara como si le reprochara algo, su brazo derecho hacia el frente y su mano extendida como si intentara ocultarse, al mismo tiempo en su brazo izquierdo sostenía un pequeño bulto de mantas blancas de las cuales sobresalía el rostro lloroso de un pequeño bebé.
Mi estómago cosquilleó y el corazón empezó a latirme más aprisa, el retrato tembló junto con la mano que lo sostenía. Lo dejé nuevamente en su lugar sin tener cuidado de dejarlo como estaba.
— ¡Anne! —Era Sophie—Ven, el desayuno se enfría.
Me sobresalté al escucharla, pero caminé en la dirección donde se había asomado su cabeza llena de rizos rojos. El comedor era pequeño de cuatro sillas, a juego con el resto de los muebles de la casa, y sobre este estaba servida una considerable cantidad de comida, platillos que lanzaban al aire flotando un aroma delicioso en el vapor que suspendido encima de ellos.
Se sentó y me miró de manera urgente, animándome a unírmele. Lo hice, cuando inmediatamente mi estómago lo reclamó, y me senté frente a ella. Se sirvió una taza de té y una tostada con margarina, la imité y le di un pequeño mordisco a la mía, después la dejé nuevamente en su lugar.
— ¿Dónde está Engel? —suponía que todo ese banquete era para él, típico.  
—Aún está dormido, es perezoso—dijo y evadió mi mirada inquisidora.
Dejé caer la taza de té con más fuerza de la que me propuse; algunas gotas saltaron fuera y me quemaron la mano pero no le di importancia pese al ardor.
— ¿Qué me estás ocultando, Sophie? —pregunté de forma autoritaria.
—Nada. Vamos, come. Después iremos de compras.
—Te dije que no quería ir de compras. Debo regresar con mi tía.
— ¿Qué deberíamos comprar? —siguió como si no me hubiera escuchado—No se que clase de ropa te gusta. Pensándolo bien, no te conozco lo suficiente, háblame de ti…
—No quiero. —fui tajante—Engel ¿Dónde está?
—Dormido, ya te dije. Y odia que lo despierten. Mejor come.
—No quiero.
— ¿No te gustó? —Clavó la mirada en su tostada—Lo preparé solo para ti. Quizás prefieras galletas con chispas de chocolate… puedes ser mas parecida a mi hermano de lo que aparentas.
Me levanté de la mesa, demasiado furiosa para seguir su juego, demasiado molesta para conmoverme por sus trucos de… ángel. Y caminé hacia donde sea.
Encontré una puerta y la abrí, era un armario. La cerré. Otra puerta, una especie de oficina.
—No te puedes ir, tengo la llave de la puerta principal.
Otra puerta más, una habitación parecida a la que yo había utilizado.
— ¡No pensaba irme! —grité.
Me alcanzó y me detuvo antes de abrir otra puerta.
—No lo hagas.
— ¿Por qué?
—Porque… —suspiró— Acompáñame al living, te contaré algo.
Dudé por un momento pero finalmente cedí ante su mirada, de todas maneras no podría retenerme por siempre y tenía curiosidad, mucha curiosidad sobre lo que pasaba, esperando que fuera ella quien finalmente me contara algo relevante y no lo mismo de siempre, lo que ya sabía.
Nos sentamos en un sofá, mirándonos la una a la otra, ella como si deseara intensamente que yo dijera “no importa, no me digas nada, soy feliz” y yo, pensando “hazlo ahora”.
—Y bien—alcé una ceja, esperando impaciente.
—Lo siento mucho, yo no quiero pero… tengo que hacerlo—pensé que se pondría a llorar en cualquier momento, pero no lo hizo—Anne, escúchame, esto no es un juego, si te digo que no te puedes ir es porque no puedes, tu vida está riesgo.
— ¿En serio? Que bueno que lo dices, no lo había notado.
—No es solo el hecho de que todos quieran matarte, no se que sucede, aunque eres una Nephilim no debería ser así, incluso dudo que seas una, tienes un carácter un poco… difícil, pero no es nada de otro mundo, los Nephilim son diferentes en muchos aspectos, no le has hecho mal a nadie, es muy confuso. Tampoco un ejército de ángeles comandado por un arcángel superior aparece de la  nada sólo para tratar de eliminar al Nephilim. Mas aún, a Gabriel no le pertenece esto, él es solo un mensajero.
—Y su mensaje me ha quedado muy claro. No le gusto; no le gustan los híbridos; Engel tampoco le gusta.
Sonrió ligeramente para sí, como si recordara algo divertido; al instante volvió a retomar su seriedad.
—Mira Engel y yo intentamos averiguar que está pasando, pero no podemos hacerlo si tu no pones de tu parte, por eso no te puedes ir a casa, no aún, menos después de lo que sucedió anoche... Al menos eso dice mi hermano. —torció e gesto poco convencida—No deberían atacar humanos pero al perecer las reglas han cambiado y no las conocemos, ya no es un juego de todos, es el juego de Gabriel o de alguien más, no se. Es tan confuso, de verdad trato de entenderlo y es muy difícil porque… —bajó la voz—ni siquiera puedo confiar en Engel.
— ¿Qué?
— Engel tiene sus planes y no los conozco; él no es mala persona, Anne, pero a veces el demonio que lleva dentro se apodera de su alma. Por alguna razón que tengo que averiguar, le interesas mucho, Engel no arriesga su propia vida por nadie y anoche lo hizo por ti, lo ha hecho antes, no está bien que lo diga, porque es mi hermano y lo quiero mucho pero no voy a permitir que dañe más inocentes, cuídate y no confíes en él. Espero que su ambición no lo lleve a cometer un error del cual se arrepienta después.
Suspiré preguntándome que clase de monstruo era Engel que hasta su propia hermana desconfiaba de él, esa niña que se mostraba siempre amable e inocente, pero, no estaba segura que era lo que más me importaba.
— ¿Ahora si me dirás que sucedió anoche? —Cambié hacia el tema que en estos momentos sembraba mi curiosidad—Escuché sus gritos, era como un animal que sufría.
—Un par de flechas lo alcanzaron durante la persecución.
La sangre golpeó mi rostro con fuerza y después huyó, el corazón latió muy rápido y mis extremidades temblaron de pánico. No quería preocuparme por él, quería que mi reacción fuera todo lo contrario y reír como si fuera un chiste gracioso, pensar que no me importaba lo que le ocurriera a ese sinvergüenza, pero no podía aunque lo deseara con tanta intensidad. Por dos razones muy diferentes: una de ellas era por que no tenía idea de cómo desearle algo malo por mucho que le detestara y la otra era que no iba a dejar de amarlo, no ahora, no mañana. Quizás nunca. Y era lo que más odiaba porque no podía sacarlo de mi mente, no podía hacerme a la idea de que él no me quisiera, de que yo fuera un “plan”, era incorrecto pero cierto.
—Él está bien—se apresuró a decir mi interlocutora. —Nada grave. Ya te lo dije, es irrompible… le dolió un poco porque esas son armas especiales para terminar con demonios pero en esos momentos es cuando Engel se aprovecha de ser también un ángel.
Sonrió.
Lo que decía no me importaba, tenía que verlo con mis propios ojos para saber que ella decía la verdad. Me paré automáticamente del sofá y caminé apresuradamente hacia la puerta que me prohibía entrar, mientras más me acercaba el corazón golpeaba mi pecho con más fuerza y sus latidos me parecieron audibles.
Abrí de golpe y me paré en seco en el umbral. Contuve la respiración al verlo tumbado sobre la cama, semidesnudo, boca abajo con sus enormes alas negras prendidas en su espalda, desplomándose a cada lado de la cama en la que dormía, con el rostro sereno y apacible; así Engel Jackocbsob parecía un ángel infinitamente inofensivo, un niño que solo duerme después de una larga tarde de juegos.
Me acerqué vacilante a su lecho y me tumbé de rodillas en el suelo a su lado, observándole embelesada, aunque con cierta preocupación, era extraño verle como un ser frágil.
Desvié la mirada hacia la puerta donde estaba parada Sophie, con una sonrisa reconfortante en su rostro. Supe que él de verdad estaría bien.
—Saldré. —Dijo. —Debo hacer algo, regresaré a medio día, y no intentes escapar.
Asentí con la cabeza y ella cerró la puerta antes de marchar.
Volví mi mirada hacia él. Me sobresalté y me alejé antes de que abriera los ojos, sin darme cuenta me había ido acercando lentamente. ¿Qué me pasaba?
De pronto, los ojos de Engel se abrieron repentinamente, brillantes y rojos. Ahogué un grito llevándome las manos a la boca, sintiendo el efecto de ver una buena película de terror.
—Tienes lindos pechos…—dijo con voz adormilada.
—Estás despierto—vacilé nerviosa.
— ¿Esperabas que siguiera durmiendo después del alboroto que armas?
La sangre regreso hasta mi rostro repentinamente sin medir su intensidad.
—Lo siento, me… voy.
Me puse de pie y como reacción por instinto me llevé las manos al escote, yo no era la única que podía verlos, él aún adormilado lo había notado, quería que me mirara pero no quería que me observara como una especie de objeto sexual.
—No, no te vayas.
No me detuve y seguí andando en dirección a la puerta.
—Tenemos que hablar—insistió. —Es lo menos que puedes hacer por mí después de que casi muero por tu culpa.
—No seas dramático… eres… irrompible.
—Por favor.
Me volví contra la voluntad de mi ser razonable y me quedé plantada en medio de la habitación con los brazos cruzados, jurándome no conmoverme por los gestos doloridos que contorsionaban su rostro y destruían lo maravilloso que antes le había apreciado. Engel estaba ahora sentado al borde de la cama con la cabeza gacha y el cabello cayendo sobre su frente, daba el aspecto de estar exhausto.
—Deberías seguir descansando. —Concluí y salí casi corriendo de la habitación.
Me senté en el sofá y clavé la mirada en la pantalla negra del televisor gigante que tenía enfrente, no entendía por que razón me aterraba estar a solas con él, porque mi corazón palpitaba de esa forma y mis piernas dejaban de responder las ordenes que mi cerebro enviaba, porque estando en su presencia sentía como si estuviera con un extraño. Llevaba semanas evitándolo, dándole la espalda a quien una vez tomó mi mano en los corredores del colegio, quien besó mis labios y me hizo disfrutar de ese sumiso acto como si disfrutara de la mas pura creación, quien me hacía sentir revoloteando placenteramente en un mundo tan imperfecto y corrompido. Justo ahora lo tenía tan cerca y era tan lejano al mismo tiempo, nos separaban pocos metros, estábamos a solas en el mismo lugar, encerrados; y, yo le tenía un miedo que estaba muy lejos de ser a causa de su naturaleza, era algo más.
El sofá se hundió varios centímetros por el peso de otro cuerpo ocupando el espacio que quedaba libre a mi lado, era él.
— ¿Qué es lo que sucede contigo? —Su tono de voz sonó a reproche—Desde lo que sucedió en la cueva apenas me has dirigido la palabra.
—No pasa nada—mentí.
Su mano tomó mi mentón y desvió mi cabeza a la fuerza para que lo mirara; tenía el ceño fruncido, sus ojos de demonio se observaban feroces y su boca crispada adoptaba un gesto molesto.
—Annette acepta de una vez que eres una híbrida, que yo soy un híbrido, que no eres una humana normal y que tu vida como la conocías va a cambiar. —siseó de manera cruel—No te sientas especial porque todos quieren matarte, en realidad no lo eres, lo único que eres es… una absurda novedad, hace tanto tiempo que no teníamos un Nephilim a quien molestar, es todo. Gabriel, no se que pasa por la cabeza de ese maldito blanco pero ¿A quién le importa? Asesinó a tu padre, sí, pero mira querida, toma en cuenta que hasta hace unos meses creías que estaba muerto, las cosas no cambian mucho.
»Si te tengo aquí es porque… me interesas, no de la forma que tu quisieras pero me interesas, eres un delicioso misterio; también quiero que dejes de temer, que aprendas a valerte por ti misma, que no dependas de nadie, no siempre estaré para salvarte ¿No te aburre ser la damisela en peligro? Créeme no es nada sexy. Será la última vez que arriesgue las alas por ti, y, no me parece que me pagues volviendo a ponerte en riesgo. No pido que seas la heroína y nos salves a todos del Apocalipsis, solo… deja de ser tan patética, Annie.
» ¿Quieres las respuestas a todo? Yo estoy aquí para dártelas, llámame milagro o como más te guste. Pero ¿Cómo te daré respuestas si huyes de mí? Yo no como humanos, menos cosas como tú.
Las palabras fueron duras y frías; penetraron en mí como cuchillos afilados, herían, pero él tenía razón, él siempre tenía razón. Cuando soltó mi mentón dejé salir todo el aire que había estado conteniendo mientras hablaba. Se puso de pie y dejó caer una chaqueta suya en el lugar donde había estado sentado.
—Póntela, saldremos y no trates de hacerte la difícil, no quiero verme en la necesidad de obligarte, no tengo tiempo para juegos. Si te comportas yo me comportaré, es un trato.  
Su trato era poco amable, nunca antes se había comportado tan hostil como en ese momento, muchas cosas parecían haber cambiado y yo no estaba de acuerdo. Me parecía poco justo. Me estaba obligando a hacer cosas que yo no quería, me estaba tratando como su prisionera; de alguna forma me decía “si haces lo que yo digo, todo estará bien”. Pero aunque hacer todo lo contrario a lo que él decía parecía en extremo confiable, quería escuchar lo que tenía que decir en esta ocasión.
— ¡Tienes medio minuto, Nephilim!
— ¡Mi nombre sigue siendo Annette! —increpé hastiada.
A regañadientes me puse la chaqueta y lo alcancé en la entrada del apartamento; antes de salir se colocó unas gafas oscuras que ocultaban sus excéntricos ojos, inmediatamente me pregunté porque no cambiarlos a grises como lo hacía para ir al colegio.
Caminamos por el pasillo dirigiéndonos a un ascensor y entramos; según observé estábamos en el piso veinticinco, él presionó el número uno y el elevador empezó a descender, me concentré en los numeritos rojos que cambiaban uno a uno. Nadie decía nada, era un silencio incómodo que se rompió únicamente cuando Engel sacó del bolsillo de su pantalón un artefacto metálico negro, un móvil demasiado sofisticado, de esos que parecían incluso ser capaces de caminar solos.
—Engel Jackocbsob; quiero en la entrada mi auto, ahora mismo—dijo de manera autoritaria a quien estaba del otro lado del auricular—Gallardo negro.
Después de un “tin” las puertas se abrieron para dejar abierto el paso hacia un vestíbulo de aspecto lujoso, era semejante a los recibidores de los hoteles de cinco estrellas que solo se veían por televisión, con lámparas de luz dorada por doquier y una grande de araña en lo mas alto del techo; personas iban y venían con apariencia de ser importantes, pomposos y adinerados. Por supuesto la única que no iba acorde con ese grupo de personas —como siempre que estaba a lado de Engel—era yo, pues ni mi apariencia ni mi porte se les acercaba un poco.
Un hombre vestido de gris y azul marino, igual que otros que figuraban por allí se acercó a nosotros y con actitud servicial, me dirigió una mirada curiosa y me sonrió. Dejó caer sobre la mano de Engel una llave cuando este extendió su mano; mi acompañante no le dirigió la palabra ni le correspondió con un “gracias”. Traté de hacer algo para remediar el poco educado comportamiento de él devolviéndole una sonrisa tímida al empleado de servicio quien correspondió el saludo asintiendo discretamente.
Cruzamos la puerta de cristal que nos separaba de una calle atestada; y, el flamante Lamborghini esperaba intacto a su dueño, el auto estaba como nuevo, no tenía ningún rasguño de lo lamentable que había quedado la última vez que lo vi, tenía el parabrisas completo y ambas puertas abiertas hacia arriba.
Una vez dentro, en la seguridad del auto, donde nadie podía escucharnos pregunté con mucha curiosidad.
— ¿Cuántos Lamborghini murciélago tienes?
El motor del auto rugió como un león feroz.
—Ninguno, por tu culpa mi murciélago murió. —Respondió arisco—Y para tu información existen diferentes modelos de Lamborghini, no solo el murciélago, este es un Gallardo. —Cuando terminó de hablar como presentador de programa de autos, gruñó—Mujeres…
—Todos se ven igual—increpé entre dientes.
Desvié la mirada hacia un lado observando fuera de los cristales tintados de su estúpido “Gallardo”. No pregunté a donde nos dirigíamos, daba igual si me parecía o no, a fin de cuentas terminaría donde él quería que terminara, estábamos en su terreno. Pronto reconocí algunos lugares y supe que estábamos en Perth. No sabía si sentirme aliviada de no estar demasiado lejos de casa o si estar molesta porque al fin él se había salido con la suya y me tenía cautiva en esta ciudad que tantas veces en el pasado había mencionado como opción para secuestrarme.
Solté un bufido indignado.
—Por cierto—dije cuando estuve segura de que no hablaría durante el trayecto—no niego que soy una Nephillim o como sea, ni que tu seas un híbrido. Lo único que quiero es entenderlo, no puedo ser alguien si no se cual es el papel que tengo que interpretar; ponte en mi lugar, me contaron una historia sobre mi y después de casi diecisiete años me entero de que era mentira. Bien, no hay marcha atrás, pero creo que al menos merezco una explicación, algo, lo que sea. ¿Cómo voy a ser un Nephillim si no se lo que es? Tú sabes más que nadie como me siento, parece como si hubieras olvidado las dudas que hace muchos años te embargaron acerca de tu naturaleza.
»Tampoco te he pedido en todas esas ocasiones que me salves, eres tú el que siempre está ahí cuando hay problemas… quizás es que eres tu quien trajo a mi vida los problemas. Esa teoría es la que considero la más adecuada a todo lo que ha sucedido desde varios meses atrás. Damisela en peligro ¿Qué esperabas? ¿Que me defienda de todas esas criaturas que me atacan?  Son seres que hasta hace unas semanas pensaba que solo existían en los cuentos, las novelas, en libros religiosos. Es como si quisieras que la liebre se defienda del halcón, es ilógico. Tu naciste con poderes mágicos y tus ojos bicolor, yo no.
»Algo más—aseveré—te he permitido muchas cosas; me has humillado, has pasado sobre mi como te ha dado tu gana, has jugado con mis sentimientos pero ya no te lo permitiré más, ni a ti ni a nadie. Así como tampoco permitiré que te metas con la memoria de mi padre. Tal vez eres superior en muchos aspectos, pero yo también soy capaz de muchas cosas, te has molestado en planear tus tácticas tan bien que olvidaste conocerme en realidad, Engel Jackocbsob.
Fue en ese momento que decidí dejar de amarlo definitivamente, me tomaría tiempo, pues una planta no renace de un día a otro, pero tarde o temprano lo hace si no muere en el intento. Ese amor enfermizo que le tenía a Engel Jackocbsob me llevaría directo a la muerte y después al infierno; antes, habría enfrentado al mismísimo Lucifer por él,  le habría obsequiado voluntariamente mi alma, pero ahora sabía que no valía la pena. No importaba cuan perfecto pareciese, estaba podrido por dentro.
 Y sentí algo extraño dentro de mí, como si mi razón y mis sentimientos al fin hicieran las paces. Era una sensación profundamente agradable que apaciguaba el dolor y la angustia que sus rechazos habían provocado en mí, que el saberme no correspondida me hacía sentirme sumida en un profundo pozo lleno de oscuridad, del cual, antes habría parecido imposible salir. Me sentía definitivamente mejor, tan bien que mis labios se movieron traviesos, las comisuras se extendieron de lado a lado por un instante y, presté atención a la música que se emitía, en esas circunstancias me pareció hermosa, melodías quizás melancólicas pero al mismo tiempo en sus notas el violín desbordaba belleza infinita.
Pensé en todo momento, como buen Engel que él era, que me respondería de la forma mas hiriente que considerase posible, pero no habló en todo el trayecto, lo que hizo el viaje un poco aburrido. Tampoco dijo nada cuando llegamos a un pub local y entramos en el establecimiento. Se sacó las gafas al entrar mostrando sus ojos humanos otra vez y eligió la mesa que supongo consideró la más adecuada, ésta situada en la parte más escondida y oscura del lugar: predecible. No negaré que a mi también me pareció adecuada si íbamos a hablar de lo que se suponía que hablaríamos, aunque no encontré la necesidad de salir de la casa, más aún asentarnos en un bar público y exponernos de una forma tan peligrosa, aún no lograba entender como funcionaba ese mundo pero yo creía que ellos nos escuchaban y nos veían a donde quiera que fuésemos. Supongo que Engel sabía lo que hacía o se divertía con alguna travesura que yo no alcanzaba a entender lo suficientemente bien.
Un muchacho se acercó y Engel pidió un par de Bitter’s. Solté una risita.
— ¿De qué te ríes? —preguntó cortante.
— ¿Piensas ponerme ebria? —pregunté fingiendo escepticismo incrédulo.
Sonrió y ese gesto fue una grata señal.
—Claro—Su mirada se perdió en un punto inexistente, parecía mirarme a mí, pero realmente no lo hacía y presa de sus pensamientos esa sonrisa se transformó en una sádica mueca que solo él sabía hacer—Es lo que mas anhelo. Ponerte tan ebria para tener la oportunidad de tomarte en mis brazos, subirte a mi auto y conducirte a mis aposentos, donde tendría la oportunidad de llevarte a mi cama… no tienes una idea de cómo deseo lamer tu cuello y robarte besos apasionados a la fuerza, disfrutar nuevamente del sabor inocente de tus labios y desgarrar desesperadamente los hilos de ese hermoso vestido que llevas para descubrirte, rozar mis manos con tus pechos redondos y besarlos sin saciedad, al mismo tiempo que mis manos bajan por tu cuerpo despojándote del resto de las prendas para tener libre y natural a esa “dulce” niña que eres; seguir deslizando mis manos por tu silueta suave, con deseo… con pasión… con lujuria… por último penetrar en ese cuerpo pequeño, frágil y humano de piel de porcelana fina… No sabes como lo deseo…
Puse los ojos en blanco.
— ¿Solo piensas en sexo?
—Si. Ahora si. —Volvió a  sonreír como un niño— ¿Me complaces?
—En tus pesadillas y si eso no te hace feliz lo lamento mucho pero me temo que no podré hacer nada mejor por ti.
—Algún día cederás, Annette—dijo seguro de sí mismo y recobrando su aburrida seriedad—Todas caen.
—Si, como quieras. —rolé los ojos—Ahora si “querido milagro” dame mis respuestas. Es justo y necesario.
Se echó hacia atrás en su asiento y él mesero dejó en la mesa el par de cervezas; cuando se marchó Engel se inclinó nuevamente un poco en mi dirección.  
—Pregunta y que sea en orden. —bebió un largo sorbo de su jarra.
—No se a que llames tu orden, pero explícame ¿Qué es un Nephilim?
Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas… y les engendraron hijos. —Recitó místicamente. —Está en el Génesis ¿Nunca leíste la Biblia? Nada de lo que dice es tan cierto pero son cuentos divertidos que enseñan algo al menos… la Biblia es como caperucita roja, el código Da Vinci, Harry Potter, Pinocho
— ¿Comparas la Biblia con Pinocho?
—No exactamente, pero es gracioso lo que dices la Biblia y Pinocho son un par de grandes mentirosos, afortunadamente a la Biblia no le crecen mas hojas con cada mentira…
—Como digas. ¿Y todo eso qué, lo del  Génesis?
— ¿Aún no lo comprendes? Vaya que eres retrasada. Los hijos de Dios, es decir los ángeles, al llegar al mundo terrenal y mezclarse entre los humanos, conocieron los placeres y descubrieron el deseo al tener ante ellos a las hijas de los hombres, mujeres humanas.
»Los humanos para nosotros, seres superiores en todos los sentidos, son criaturas fantásticas, tan bellas no en el sentido de lo físico, si no en muchos otros aspectos que dudo alcances a entender; muy pocos se atreven a enamorarse de un humano, pero los que lo hacen dicen que es una experiencia formidable, hablo de los ángeles, nunca he conocido a un demonio que se haya enamorado, ellos no sienten como ya te lo había dicho, un demonio prefiere que se enamoren de él o de ella.
»El punto es que, de esta unión que por supuesto es prohibida nacen los Nephilim, criaturas indeseadas, temidas pero codiciadas. “Había gigantes en la tierra en aquellos días” Con gigantes  no se refiere a seres de inmensa estatura, habla de un poder grande, que superaba todo lo conocido hasta entonces en la tierra; sin embargo los Nephilim que poseían el alma humana pero el poder de los ángeles, se corrompieron a sí mismos conscientes de que podrían llegar a ser grandes, se autoproclamaron los reyes del universo, los amos de la tierra y de todo lo que habitaba en ella. El mundo se sumió en caos en aquellos tiempos… y los culpables recibieron el castigo; una vez se consideró error, la segunda vez fue desobediencia, los rebeldes que osaron desafiar la naturaleza y el curso del mundo terrenal fueron desterrados condenados a vivir despojados para remediar su error, considerados no merecedores del don y se convirtieron en ángeles caídos.
»Por supuesto el sentimiento de injusticia se apoderó de ellos, ¿Por qué ser castigados si ellos habían actuado por amor? ¿Qué no existía ya el perdón? Hubo alguien que les ofreció una segunda oportunidad a cambio de su alma, les prometió poder a cambio de servicio, les ofreció la tierra para gobernar y tomar venganza por su propia mano, lo primero que hizo fue devolverles sus alas, las alas para un ángel son significado de orgullo… Muchos, la mayoría aceptaron la propuesta y pactaron con Lucifer, mientras que otros vivieron su condena terrenal; mientras tanto, los Nephilim fueron erradicados, la Biblia habla sobre ello llamándole “diluvio universal” ¿es verdad? No; aquí es donde empieza una más de las guerras entre el bien y el mal, donde los buenos luchan contra los malos, muerte y desolación por todas partes, ángeles y caídos “blancos” contra Demonios, Caídos oscuros  y Nephilim, supongo que fue un empate pero los Nephilim tarde o temprano desaparecieron del mapa, no todos pero sí la mayoría y si quedaron vivos algunos, se acobardaron y refugiaron, escondiéndose de los enviados a aplicar el “juicio”.
»Después el mundo volvió a vivir en paz y armonía, con intermediarios, ángeles y demonios conviviendo en conjunto con los humanos, los demonios divirtiéndose, los ángeles protegiendo, como si su vida girara en torno a la sobreprotección de esos insulsos seres…
—Respondiendo a tu pregunta, los Nephilim son solo la unión de un ángel con un humano; poseen el poder de los ángeles y el alma humana, parecen inofensivos pero no lo son…
Bebí un gran trago de cerveza y aclaré mi garganta.
—No te creo.
— ¿Por qué?
—Por qué yo no soy poderosa. Yo no hago esas cosas que dices y esas que leí, todos eso sobre los Nephilim que hacía referencia a abominaciones, seres malvados, pero… yo… no me siento así, no al menos en el grado que esos textos lo describen. Nunca querría conquistar al mundo, no en serio.
—Esa es la parte complicada. Si tienes ese poder pero no lo sabes, y tampoco sabes como usarlo… has mostrado ciertas manifestaciones inconscientemente pero eres como un bebé, apenas es perceptible y solo ocurre en momentos específicos… No me mires así, no tengo todas las respuestas, una parte de ti sigue siendo un misterio para mí.
—Creí que me dirías toda la verdad—reclamé.
—Lo que yo se. ¿De donde pretendes que saque respuestas que no tengo? Tengo mis teorías pero antes de decirte algo tengo que confirmarlo.
—Supongo que tienes razón. ¿Cómo supiste que era yo? ¿Tu llegada no es casualidad, cierto? ¿Por qué tu?
—No fue sencillo, yo solo buscaba un Nephilim, tuve ayuda; mi único trabajo era llegar, manipularte y ganar… ¿Casualidad? Por su puesto que no, aunque me viste llegar antes de que entrara en ese salón de clases; tu dibujo… te he dicho que tienes ciertas manifestaciones de tus poderes y en tus dibujos plasmas algo así como “visiones” del futuro, tu no lo notas pero ahí está, algunos de tus sueños también, aunque son mas subjetivos.
Sentí que me ponía roja.
— ¿Tu viste el dibujo?
—Yo tengo tu dibujo. —Afirmó— Admito que no lo haces mal.
— ¿Cómo es posible?
Rodó los ojos.
—Anne, desde el primer minuto que te conocí has sido mi blanco principal, no te he quitado la mirada de encima y no porque me parecieras atractiva, interesante o fueras de mi agrado.
»Mi familia llegó a Dunkeld teniendo los antecedentes de que un Nephilim estaba allí en ese lugar; Valerie y yo nos inscribimos en el colegio para buscarte, habíamos recibido la información de que nuestro objetivo era una adolescente de dieciséis años estudiante del Birnam College; S4; llamada Annette Zaphire Crawforth; único pariente vivo Juliette Miriam Crawforth; personas cercanas Travis Wright, Andrew Stephenson, Katherine Davis. Entrar en las oficinas y manipular los horarios no fue difícil en absoluto. Al día siguiente los Jackocbsob llegaron y se presentaron como un par de hermanos transferidos desde alguna provincia Rumana.
»Cuando entré en el aula pensé que podría sentirte pero no había nada y sopesé la posibilidad de que ese día la Annette que buscaba no había asistido a clases, hasta que el profesor Lafter te mencionó pero no podría asegurar que fueras la única Crawforth y aún estando cerca de ti, sentado tan cerca seguía sin percibir nada, no sabía como se sentía la presencia de un Nephilim, solo la imaginaba excitante pero nada, como una humana más en la habitación, mi única esperanza de que fueras tu eran tus confusos pensamientos los cuales no podía escuchar tan claramente como los de cualquier otro, como si bloquearas tu mente en momentos determinados, imagina la interferencia en la radio… algo similar. Estaba confundido y se me ocurría pensar que mi mensajero había osado burlarse de mí; habría esperado que se tratara de alguien más interesante para que mi misión no fuera tan aburrida, pero desafortunadamente tenías que ser tú, la extraña lunática sentada detrás de mí, demasiado normal para ser lo que debías ser. Sin embargo, al mismo tiempo tu instinto de supervivencia te incitó a alejarte de mí y saliste casi corriendo del aula, pensé que quizás tú si podías sentirme a mí y saber que era, pero no podía dejarte huir y desaparecer sin estar seguro de que eras quien yo buscaba. Te seguí y deliberadamente te detuve, tocarte fue… extraño, sentí lo que esperaba sentir, eras tú… mi blanco, mi enemigo.
— ¿Por eso me miraste así? ¿Cómo si te hubiera ofendido con el simple hecho de respirar el mismo aire que tu?
Soltó una risilla.
—Si… supongo que te miré así. Tocarte me produce algo… pero saber que tengo a mi enemigo enfrente me pone a la defensiva, todos, sobre todo nosotros actuamos por instinto. Te pregunté tu nombre para estar seguro y tu torpeza me enfureció, pensé que definitivamente iría a matar a mi mensajero, alguien se estaba burlando de mí y yo no podía permitirlo. Tu comportamiento era como el de cualquier niña de ese colegio: tonta, superficial, te molestaba mi trato indiferente, te gustaba mi apariencia, no aceptabas ser rechazada…
—Te equivocas… —rebatí ofendida—sí, eres guapo, pero que no se te suba a la cabeza.
—No es una afirmación, esa fue la impresión que tuve de ti. —Me hizo saber—Cuando bajé del edificio fui a buscar a Valerie y le conté sobre la Annette Crawforth que acababa de conocer, entonces nos marchamos del colegio pensando que era una pérdida de tiempo. No me rendí en ese instante, pero mi frustración era grande, como mi orgullo; regresé cuando las horas de clase hubieron terminado y te seguí para saber donde vivías y cuando cayó la noche volví… humm curiosamente no puedo aparecerme dentro de tu casa así que entré por la ventana de tu habitación cuando estabas dormida, indagué un poco para saber más de ti, de tu tía, tu pasado y recaudé la mayor información que me fue posible, antes de irme se me ocurrió ponerte a prueba y penetré en tus sueños…
—Fue real…—musité con voz sofocada llevándome una mano a la boca.
Asintió.
—Mas o menos… manipulé todo lo que ocurría dentro y al mismo tiempo tu inconsciente se defendía, sucedieron varias situaciones: confirmé que eras la criatura que estaba buscando, me di cuenta que tenía muchos misterios que resolver sobre ti y eras más de lo que aparentabas, me planteé sacarte de la oscuridad en la que vivías. Desde esa noche te dejé pistas, no soy tan descuidado como para dejar que alguien me descubra si no lo quiero.
»A la mañana siguiente volví al instituto dispuesto a seguir con el juego, se me presentaba con un reto fascinante; una parte de mí no quería relacionarse contigo, repudio tu aroma a ángel…
—También eres mitad ángel—le reclamé preguntándome como olía yo para él.
—Sí, pero viviendo con demonios tienes que ser uno de ellos la mayor parte de tiempo, décadas de lo mismo… te acostumbras. Digamos que no lo hice tan bien el primer día, he tratado con muchas humanas antes, pero tu eres tan diferente, no eres alguien a quien simplemente pueda ofrecerle lujos y besos para que quede satisfecha, eres aburrida y conservadora, lo que complicó más mi tarea. No se como logras sacarme de quicio tan fácilmente, deseé matarte tantas veces, pero al mismo tiempo no dejabas de divertirme hasta que lo arruinamos. Me confundías, me veía obligado a cambiar mis planes cada cinco minutos, Valerie interfiriendo pensando únicamente en divertirse con los humanos que le rodeaban, el demonio maquinando planes para alcanzar su objetivo de la manera en que más sufrieras, el ángel tratando de protegerte y metiéndose todo el tiempo donde no le llamaban… Te convertiste en mi duda existencial.
»Sin embargo no podía mi mundo detenerse por tu culpa, eras solo una misión más que yo cumpliría tarde o temprano y empecé a comportarme como solía hacerlo siempre, armando mi ajedrez humano, los adolescentes son muy divertidos, cometen estupidez tras estupidez. Y, la única forma que tenía para acercarme a ti para darte mis pistas era por medio de tus sueños, yo lo cree todo. Humm… yo tengo una pregunta interesante para ti; cuando viste la fotografía de Sophie, tu reacción fue como si la hubieras visto antes ¿Por qué?
Me sorprendió su pregunta.
—En… una pesadilla, ella estaba ahí. Si eres tu quien creaba todo eso ¿Por qué preguntas?
—Yo no pondría a Sophie en tu camino, de haber podido evitarlo ella no estaría metida en esto, no la quiero interfiriendo, es peligroso para ella, tú has visto que sea cual sea el plan de Gabriel y sus intenciones, están dispuestos a todo.
Asentí recordando lo sucedido la noche anterior.
—Entonces… ¿Cómo es que…?
—No se, pudo ser Valerie, no soporta que Stephanoff me de juguetes especiales a mi y a ella no.
— ¿Juguetes? —Arqueé una ceja.
—Tú. —respondió y su sonrisa se ensanchó en su rostro antes de volver a la normalidad.
— ¿Por qué me dijiste que había muerto hace años?
—Ya te dije que no la quería involucrada en esto. Y ahora creo entender el momento en el que Valerie se puso en mi contra, ella quiere que yo falle y que reciba mi castigo… si tu no estás buscar a otro Nephilim podría tomar años; intentó matarte en el baño de chicas, llegué a tiempo y te salvé la vida por primera vez y también me sentí tan tentado a revelarte que era yo en el momento que lo preguntaste pero cuando estuvimos demasiado cerca el uno del otro, el demonio se sobrepuso ante el ángel de inmediato y quise que fueras mía como una mujer, tenerte y no únicamente como un trofeo más, conquistarte sería divertido, tan tentador que empecé un nuevo juego, olvidando casi por completo que no estaba allí para eso. Escuchar tu corazón palpitar tan rápido cuando nuestra cercanía se cortaba, tus pensamientos entrecortados completamente confundidos sobre lo que sentías hacia mí, la definitiva atracción que te poseía… tantas cosas. Cada vez resultaba más sencillo permanecer a tu lado, pero no importara cuanto me esforzara, eres tan obstinada y la manipulación no funciona contigo. Traté de impedir que fueras a Blair porque ese lugar está atestado de ángeles, es un territorio neutral pero se suponía que no debía exponer el anonimato de los Jackocbsob, menos a una horda de blancos, pero tampoco podía dejar que ellos te contactaran, las cosas hubieran sido muy diferentes definitivamente. Mi trabajo no fue el mejor de todos, traté de dejar fuera al ángel, de esta manera ellos no percibirían mi presencia como algo peligroso y no los alertaría demasiado, hay ángeles y demonios conviviendo con humanos todo el tiempo. Cuando te alejaste del grupo y te quedaste completamente sola temí que uno de ellos te encontrara y te dijera la verdad o hiciera algo, mi desesperación se acrecentaba al mismo tiempo que mi frustración y me molesté tanto cuando ese quiso persuadirte, tener dentro al demonio mientras la rabia recorría mis venas fue imposible, el vagabundo era un ángel que intentó protegerte casi desde tu nacimiento… él y Lionel solían ser buenos amigos. ¿Recuerdas a Zanek?
Abrí ligeramente la boca en forma de “o”, sorprendida y anonadada al mismo tiempo, recordando con claridad al vagabundo del callejón con sus ojos oliva y sus cabellos cenizos.
—Cuando eras no mayor de cinco años solías llamarlo amigo hasta que un día desapareció y lo único que te quedó de él fue un vago recuerdo, su nombre en realidad es “Zanekiel”; él era tu ángel guardián o como quieras llamarlo, al Lionel no poder estar cerca de ti supongo él se ofreció a protegerte y trató de protegerte de mí.
—Si estaba para protegerme ¿Por qué se marchó?
—Nunca se marchó, siempre ha estado allí pero tu creciste y lo olvidaste, muchos creen que tener amigos imaginarios no es saludable y no lo es, que asco tener que tener a tu lado a un ángel… El punto es que siempre estuvo allí cuando lo necesitabas únicamente, todos los humanos tienen un ángel que los protege de influencias malignas… pero solo uno, si muere… bueno, que el humano se proteja solo.
Lo miré a los ojos directamente.
— ¿Qué le hiciste, Engel?
—Le di una lección para que aprendiera a no meterse con mis cosas. Tú tuviste la culpa, no debiste marcharte, si no me hubieras dejado solo yo no me habría visto obligado a regresar y arrancarle las alas… él maldito tiene más poder del que imaginé y no pude matarlo.
Me mordí el labio inferior para no gritar y protestar, no quería interrumpir su historia.  
»Se me presentó el problema de que nuevamente había arruinado “nuestra relación”, de que el tiempo pasaba y sinceramente no había logrado demasiado contigo únicamente ponía en riesgo a mi clan, Valerie empezaba a aburrirse y Stephanoff a frustrarse; mis decisiones cambiaron una vez más; esa noche regresé a Dunkeld y envié a… mi mascota… a cumplir un trabajo que a mi me resultaba imposible.
— ¿Tu mascota? —Pregunté con curiosidad, pero entonces, lo recordé como si una luz iluminara mis ideas— ¡El gato blanco!
—Gata—me corrigió—su nombre es Eris. Quería que trajera para mi ese lindo colgante azul, pero no lo encontró, regresó con un tonto libro de cuentos, te lo devolveré después… supongo que debo leerle más seguido antes de dormir… Stephanoff se enteró de mi aventura descuidada por Blair y recibí mi castigo y un ultimátum y pensé que el momento adecuado sería el baile de Halloween, así que… te obligué a ir conmigo, tus sentimientos hacia mi crecían pese a la forma en como yo te trataba, me odiabas pero no te podías resistir a mi, todo parecía estar a mi favor. El baile terminó siendo un desastre, lograste meterte en problemas antes de que la fiesta hubiera comenzado y te perdiste… esa persona que te llevó hasta ese lugar no se quien era y no se cuales eran sus intenciones, pensé en mi hermana pero ella estaba ocupada encargándose de Green, mi padre no estaba esa noche en casa, no sentí la presencia de otros demonios desconocidos… ángeles mucho menos…
—Espera… ¿Has dicho, “encargándose de Green”? ¿Te refieres a Justin?
Asintió torciendo el gesto.
—Una noche ella estuvo con él, pero Valerie fue descuidada y se dejó llevar por sus emociones mostrándose como es en realidad, mi estúpida hermana pensó que el chico estaba tan ebrio que no recordaría nada, pero se equivocó y no solo anduvo con él de un lado a otro de la habitación si no que le contó nuestros planes como una forma de desahogar su ira. Se volvió un estorbo peligroso, así que lo mató esa noche.
—Oh, por dios… —exclamé con voz estrangulada—recuerdo que él intentó advertirme de algo…
—Así es, él quería decírtelo pero no tuvo tiempo.
Los ojos se me llenaron ligeramente de lágrimas.
— ¿Cuántas personas más tendrán que morir a causa de ustedes?
—No es a nuestra causa—objetó tranquilo—esta es una guerra, eso sucede en las guerras, vidas que se sacrifican, otras que se pierden en vano, y, muchos perecerán antes de que esto termine; apenas está empezando.
—Yo no quiero ser parte de esto—impugné— así como tu no quieres a tu hermana involucrada tampoco quiero que las personas que amo lo estén.
—Muy tarde, todos están dentro ahora.
— ¡No! —protesté.
—Supongo que recuerdas todo lo que sucedió después de la fiesta de Halloween—prosiguió como si no hubiera habido interrupción—yo… no estoy muy seguro, simplemente no pude cumplir con la orden de mi padre, estábamos tan cerca una vez más que sentí la necesidad de estar contigo de una forma diferente… consolidar lo que me había propuesto primero, que fueras mía de alguna manera y tener ese objetivo tan cercano fue mas ambicioso que todo lo demás… los demonios son tan insistentes, sobre todo si son internos.
— ¿Y no te importó lo que yo sentía?
—No.
—Maldito seas. —refunfuñé.
—Ya lo estoy—se encogió de hombros. —Ya no te quejes ¿Por qué le dan tanta importancia a eso del amor? Solo veo personas besándose y mirándose como estúpidos mientras se dicen palabras también estúpidas, terminan teniendo sexo y después nada, creo que eso del amor no existe, solo está en la literatura y el cine… es demasiado relativo.
— ¿Tú no sientes nada por nadie?
—No… no lo se.
Se hizo un silencio incómodo entre los dos, en el cual solo bebimos el resto de nuestras cervezas, evité mirarlo a toda costa con los ojos ligeramente humedecidos y ardiendo de coraje. De nosotros dos, sólo yo había logrado sentir mi corazón latiendo desesperado por él y solo a mí nuestros besos habían surtido el efecto de idiotizarme…
— ¿Qué hago ahora? —pregunté después de que la cerveza ya no pudo ser mas distracción.
—Aunque no lo creas, te… aprecio, quiero que estés a salvo, pero todos están en contra de eso, y tú ya no puedes ir por el mundo como si nada sucediera, jugando a ser humana, tienes que hacer lo que yo te diga, si te vas a casa pondrás en riesgo a los que tu quieres, si te quedas conmigo aprenderás muchas cosas y ambos ganaremos.
— ¿Cómo?
—Tú obtendrás tus poderes y yo habré cumplido mi misión o eso haré que eso crea Stephanoff.
— ¿Por qué debo creerte? ¿Cuál es esa misión de la que tanto hablas?
Se quedó serio un momento, observando la mesa, sin mirarme a los ojos cuan ladrón avergonzado de sus actos.
—Debes creerme porque ya no quiero ser un prisionero de él—suspiró— yo no estoy con ellos, soy como su prisionero, solo estoy pagándole por todo lo que él me dio, he de cumplir con quinientos años de servicio y porque si no lo haces… me veré obligado a amenazarte con borrar del mapa uno a uno a tus seres queridos, sabes que si soy capaz de hacerlo. Mi misión… no puedo decírtela, hice un pacto infernal y si hablo… moriré, yo no quiero morir, me queda mucho por divertirme.
— ¿No tengo otras opciones, verdad?
Negó con la cabeza.
—De acuerdo, creo que la mayor parte me ha quedado claro.
Clavé la mirada en las jarras vacías de cerveza y varios minutos, en los que el silencio permaneció entre nosotros, donde la música de fondo en el pub se volvió cacofonía intensa; me puse de pie.
—Necesito… usar el baño. —mis mejillas se pusieron rojas.
Engel suspiró con exasperación y se echó hacia atrás en la silla, supuse que esa era su respuesta para decir que me daba permiso de ir. Puesto que no dijo nada me dirigí al baño de chicas con cautela, me daba la impresión de que él seguía mis pasos aún cuando no me estuviera mirando. Cerré la puerta y me recargué contra ella, el corazón me latía rápido, la adrenalina empezaba a correr por mis venas y mi cuerpo entero temblaba mientras sopesaba alguna posibilidad de escape, ya no quería estar con él, todo lo que Engel había hecho en el pasado era abominable, todo lo que había intentado hacer conmigo aprovechándose de mi ignorancia me daba miedo; Sophie me había advertido sobre él pero no tenía idea de cual era mi lado del juego… si tenía que ponerme de algún lado elegiría el punto intermedio, no podía estar con los demonios, tampoco me hacía feliz estar de lado de los ángeles, yo solo quería ser yo.
Cuando me hube calmado salí del baño y miré discretamente en todas direcciones buscando la salida de emergencia más cercana, localicé una puerta de metal con el señalamiento verde a pocos metros y avancé rápido en esa dirección sin importarme las miradas curiosas de los empleados que estaban por allí. Salí a un callejón maloliente y vi el final de la calle por donde caminaban despreocupadas personas que tenían aspecto normal y se mostraban inmersos en sus propios mundos humanos, sus problemas y sus pasajeras alegrías, yo podría colarme entre ellos, porque ese era mi mundo…
— ¿Intentando escapar? —me quedé helada al escuchar la voz de Engel a mis espaldas. — ¿Intentando verme la cara de idiota? ¿Crees que me puedes engañar con un truco tan simple? —Con cada interrogación su voz se elevaba un tono y su ira se hacía evidente en cada sílaba pronunciada— ¿Cuántas veces tienes que cometer el mismo error para que puedas aprender? ¿¡Hasta que me fastidies y me obligues a arrancarte el corazón!? ¡Bien, me gusta jugar!
—Déjame ir… por favor. Sólo quiero que me dejes libre. —mi voz se quebró a causa del terror—Acepto tu trato pero no quiero permanecer a tu lado como una prisionera… sé que se puede hacer de otra manera…
—Te equivocas, niña… ¿Sabes? tu impertinencia me atrae cada vez más y cada minuto que pasa te deseo… con mas intensidad… te necesito…
Solo pocos metros me separaban de la calle donde él no podría hacer nada a menos que su intención fuera exponerse frente a todas esas personas, y estaba segura de que esa no era su intención. Tomé la decisión, morir o dejar que me matara…
Me eché a correr hacia la calle.
Antes de que hubiera avanzado más de tres pasos apareció delante de mí, me detuve en seco y sofoqué un grito en mi garganta. Me tomó del cuello con su mano izquierda e hizo presión.
La sensación de vértigo en la boca de mi estómago dio aviso previo de que desaparecíamos del sucio y lúgubre callejón suburbano; sucedió demasiado rápido que mi impresión conmocionada me tenía petrificada y en menos de un segundo rodé por la alfombra del departamento.
— ¡Dije que no! —le oí rugir.
Quedé boca arriba de una manera en la que podía verlo de pies a cabeza, evité clavar mi mirada en esos ojos rojos que parecían acuchillarme. Y, en un movimiento que mi vista no captó, él estaba sobre mí, apresándome de las muñecas con tanta fuerza que dolía. Esa su cuerpo masculino y fuerte lo que presionaba el mío clavándolo en el suelo; su rostro quedó a un palmo del mío, sentía su respiración golpear mi cara, podría distinguir cada uno de sus rasgos así como estos distorsionados por una cólera enfermiza, y se acercó mas a mí, inclinándose sobre mi cuello, sus labios besaron frenéticamente mi piel, la suya ardía como una roca dejada al fuego durante horas; me moví en el intento mas vano de quitármelo de encima, grité y pateé el suelo con desesperación cuando rompió a la fuerza el cierre de su la chaqueta que me había prestado, su mano bajó por uno de mis muslos presionándolo ligeramente mientras lo acariciaba con lujuria y la punta de su lengua lamió lo que desnudaba en mí a la fuerza.
— ¡Por favor no lo hagas, Engel! —grité entre sollozos. — ¡No me hagas esto!
Antes prefería que me matara.
— ¡Dame una buena razón para no hacerlo! ¡Eres mía ahora, yo te salvé la vida, me perteneces!
— ¡Entonces mátame!
Sonrió mostrando toda su dentadura, un reflejo ambicioso destelló en sus ojos.
—No ahora.
Se acercó arrebatándome un beso a la fuerza mientras forcejeaba por evitarlo, no lo quería, no así.
— ¡Engel! —bramó la voz de Sophie en algún lugar de la sala.
Y solo así él se detuvo. Como si se hubiera congelado sobre mí, encontré sus ojos, observé los cambios radicales de su rostro que ya había cambiado por completo, su agarre firme tembló vacilante, se apartó de pronto como un rayo, una ilusión equívoca donde primero estaba ahí y en un parpadeo ya no. Mis manos se dirigieron hacia el escote roto y junté las telas rasgadas en un intento torpe de proteger mi pudor; Engel Jackocbsob me devolvió la mirada y algo parecido al arrepentimiento se asomó en sus ojos grises y brillantes.
—Lo siento… —masculló.
— ¿Qué es lo que te sucede? —le reclamó Sophie cuando salió de su estupefacción.
— Dije que lo siento. —Volvió él a adoptar sus expresiones duras, me miró una vez más— Tú… ya sabes. Yo no juego.
Salió pisando fuerte y después se escuchó un portazo al fondo del pasillo.
Sophie se acercó a mí, me había quedado estática en el suelo y sin evitar pensar que todo eso no era posible, que tenía miedo y que no me quedaba otra alternativa que ser la prisionera de Engel Jackocbsob.
— ¿Qué ha sucedido, Anne? —inquirió Sophie dejando caer su abrigo encima de mis hombros.
Negué con la cabeza.
—Ya lo conoces—susurré—Yo… lo odio.



14 Comments to “13. Prisionera. ”

  1. *VERO* says:

    dios simplemente cuando vi el enlace en facebook, no me lo podia creer!
    este capitulo fue...impactante, yo aun lo releeo, fue emocionante, y bueno en definitiva ahora si me llevan al psicologo, es que no lo supero.
    ni hablar de las palabras con las que explicas el caos de annette al principio, lograste sumergirme a un gran novel (como siempre).¿stephenie meyer? ¿j.k rowling? ¿william shakespeare? quienes son esos?, tu historia le mete tres patada por el....!!!! ok nos es necesario decirlo, por donde.Engel, jum! ese demonio divino, definitivamente amo la dinamica enfermisa entre el y anne,(ves tengo que ir al psicologo)sencilamente no tengo idea que pasara con estos dos, pero estoy segura de que me sorprenderas.
    ... ya sabes que ansio el siguiente.
    p.d:yo como anne...no lo perdono!

  2. viviana says:

    Muy cierto Vero excelente como siempre y en cada capi se supera mucho mas.

    yo siendo ella tampoco lo perdono casi violarla no no no. Aunque si siente algo por ella el lado demonio no lo deja decirle porque solo quiere hacerle daño. Bueno así fue como lo vi yo.

    ESPERANDO UN NUEVO CAPI.
    PD: CUIDATE....

  3. isabel says:

    muy bueno el capítulo!! a mi me gusta pensar, a pesar de lo que el dice, que si esta enamorado de Anne, solo que no lo quiere admitir xD
    esperare el próximo con muchas ganas, bye!!

  4. Impresionante, tanta verdad en un sólo párrafo. Una vez más he quedado anonadada con tu increíble narrativa. Espero con ansias el próximo.

  5. Anónimo says:

    ahhh que beiiio (A su manera claro xD)

  6. Anónimo says:

    nO puedO ni abLar.......me a FASCINADO eres ExeLentee me Encanta tu Forma de Narrar.......y La Verdad Lo OdiO ( a EngeL ) aLa Misma Vez qe Lo AmO Hahaha Otra qe va aL psicoLogO.........

    Eres un ExeLentee EscritOr es pOr esO qe Aunqe Nos Agas Sufrir Semanas Hasta Meses SegimOs Aqii LeyendO Cada ParrafO qe nOs Mantiene aL bOrde deL InfartO ( nO LiteraL) perO tu HistOria es SimpLemente Una MexcLa de Chico maLo-hOmbre PerfectO qe ENAMORA♥....

    Vay
    PD_Escribee mas SeguidO....aLexa☺☻

  7. Caroh,, says:

    Cuando se publican mas capitulos ?
    MUY bueno, me ha encantado =D
    Bsos estoy esperando con ancias el prox capitulo ! :)

  8. Anónimo says:

    Oye! Sólo quería decirte que soy muy fan de tu historia, sobretodo me gusta la dinámica entre los personajes no sólo Engle y Anne sino como se entrecruzan con las demás historias =) Espero que no tardes mucho en actualizar y sigue así! un besazo! =)

  9. Anónimo says:

    Por poco casi llego a odiarlo! no sabes la frustacion q me produjo leer todo lo q confesaba Engel en el bar... pero despues pensé mejor y por poco me engañas! el esta re loco por ella... "tiene q estarlo" me encanta tu manera de escribir, dinamica y tus descripciones llenan al punto medio perfecto, no al extremo del tedio ni al extremo demaciado sencillo... lo adoro! Y adoro el personaje de Engel, malo y bueno, luchando concigo mismo... nunca se sabe q va a pasar! Espero ansiosa el siguiente capitulo! has pensado en publicar la novela en papel? sería genial! yo lo compraría!

  10. Laila. says:

    No lo puedo creer, yo sabia que no era tan malo como parecia O.o, me encanto el capitulo, aun no me puedo creer todo lo que paso <3, era simplemente perfecto, no podia dejar de leerlo. Por favor publica el siguiente pronto, necesito saber que sucede, no puedo esperar.

  11. anii says:

    Me encanta tu historia cuando la termines deberías mandarla a las editoriales que seguro que la cogen y si no nos juntamos todos y nos quejamos!! jaja sigue así y espero desesperada más capis!

  12. Anónimo says:

    hola por accidente encontré el enlace que me lanzo directo a tu historia, no podia dejar de leer los capítulos, espero con desesperación el siguiente capítulo, espero poder disfrutar y deleitarme ya que no tengo palabras realemente para descirbir las ancias de seguir leyendo me obseciono con las historias, y con esta en particular. saludos

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    - Yago Richelly

  14. Anónimo says:

    A mi me encanto este cap. esta genial!!!

    pero a pesar de lo impulsivo que pueda ser engel y de lo que puede llegara hacer a mi me fascina ... lo amo!!!! jajjaja solo hay que hacerlo entrar en razon
    pero estoy algo depre porque .. como es posible que anne ya no lo quiera?!?!
    yo tambien juraria que engel la quiere a ella pero su lado malo no se lo deja decir o lo hace dudar.
    Quiero que esten juntos!!!!
    jajaja (toda loca yo)

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