Mi cuerpo y mi mente decidieron que era la hora, y aquella mano inmóvil, suspendida en el aire, rompió el espacio y tomó con fuerza el pomo helado de la puerta haciéndolo girar; inmediatamente la calidez tensa del hogar Crawforth chocó contra el pérfido viento invernal dando inicio a una guerra imaginaria de calor y frío tratando de ganar su espacio en aquel pequeño mundo sin saber que pronto ninguno de los dos poseería la misma naturaleza de antes.
Cerré tras de mi con la cautela propia de un ladrón.
Los latidos de mi corazón retumbaban dentro de mi pecho y los escuchaba perforar mis oídos como el sonido mas estresante y torturador que jamás había escuchado.
Un paso… dos… tres y cuatro. Un hermoso semblante, perfecto, un ángel cuya belleza no  era perceptible solo físicamente, iluminaba la monotonía de la sala de estar dándole un aire salvaje y llamativo que esta no merecía. Bastó con echar una rápida mirada para darme cuenta que mis sospechas eran ciertas, que no había confundido esa voz aterciopelada y mesurada pese al tono de la discusión que se desarrollaba.
Mis labios, sin esfuerzo se curvaron hacia arriba, sonriendo con la simplicidad más vaga y socarrona que se me pudo ocurrir; irónica y divertida sonrisa traviesa.
—Hola. —Saludé recatadamente con amabilidad.
Escuché mi voz distinta, educada sin remedio, mas se mostró distante y fría como un témpano de hielo.
Me dirigía a un completo extraño que solo iba de visita, a alguien que solo había visto antes una sola vez. Sí, como es lógico me negaba a creer que todo estaba sucediendo de verdad; la situación se me antojaba como una curiosa pesadilla y no sopesaba la idea de verlo a él como una figura paterna.
— ¿Debo llamarte padre? —inquirí arqueando ambas cejas.
Paseé la mirada a través de la sala, y miré hipnotizada las llamas que crepitaban en la chimenea, luego aparté la vista de allí y me detuve en cada uno por unos instantes, instantes que parecieron eternidad; vi en ambos pares de ojos mi rostro reflejado, la dureza sobreactuada pero incomprendida, tales reacciones les entristecían, sin embargo la compasión no era algo que ahora pudiera comprender, muchas cosas empezaban a carecer de sentido. Pasé la mirada de él a ella, esperando la respuesta que solicitaba. Juliette tenía su rostro abnegado en lágrimas cortadas por una impresión inesperada, era fácil percibir tales sentimientos, me sentía completamente empática a ellos dos y por tanto su tormento se convirtió también en mío, fue un delicioso tormento.
¿Qué me estaba sucediendo? No sentía ira pero había algo más que me asustaba y al mismo tiempo me fascinaba, me atraía con fuerza magnética y sobrenatural, y mis pensamientos se volvieron malos.
El pobre y sumiso Lionel me miraba impresionado, expectante y abochornado; dio un paso hacia delante con su mano extendida hacia mí. Retrocedí decididamente.
“No me toques” pensé, de alguna manera sabía que él podría percibir o saber lo que yo pensaba.
Sus ojos  azules, profundos como el mar  reflejaban dolor y angustia. Mis ojos.
—Mereces una explicación—No titubeó al hablar.
Su tranquilidad me perturbaba hasta un punto de provocarme molestia y enojo, pero me impedía ponerme a gritar y despotricar blasfemas.
—No, no la quiero, gracias. —Contesté con desgana—mis padres murieron hace años.
—Es razonable. —Dijo— Perdóname.
—No lo se.
De pronto, el significado de la palabra perdón se había perdido en un tumulto de ideas incorrectas, el rencor opacaba las razones que pudiera tener para considerar el llamado perdón.
—Yo no quería dejarte.
“¿Y porqué lo hiciste?” No pude pronunciar la frase en voz alta.
—Tenía que hacerlo, no tenía otra opción— respondió a mi pregunta mental.
Lo ignoré.
Giré mi cabeza un poco dirigiéndome a Juliette que derramaba lágrimas en silencio.
—Dime… ¿Todo esto tiene que ver con los Jackocbsob?
Soltó un sollozo que se confundió con el crepitar de las llamas en la chimenea.
Guardó silencio mientras pasaba precipitadamente la mirada hacia Lionel en busca de ayuda.
—De acuerdo. Ya obtuve mi respuesta— concluí tajante.
Cerré mi mano con fuerza sobre el tirante de la mochila, como si fuera un sostén que evitaría hacerme caer de rodillas; mis piernas temblaban y se volvieron de plomo cuando quise emprender el viaje rumbo a la seguridad de mi habitación. Lionel pareció adivinar mis intenciones de escapar y se puso delante de mí impidiéndome el paso.
—Quítate—dije entre dientes. —Ya no hay nada que decir.
Dejó caer sus manos sobre mis hombros y su mirada sobre mis ojos.
—No vine a reclamarte como mi hija, sé que no tengo ningún derecho sobre ti después de casi dieciséis años de ausencia, ahora no quiero obligarte a que  entiendas mis razones pero aunque no te guste en algún momento tendrás que escuchar y resignarte a la idea. Tu tía no tiene la culpa de absolutamente nada, ella solo trata de protegerte, cada decisión que tome respecto a tu vida es correcta y no debes contradecirla, si ella dice que no puedes estar con Jackocbsob es porque así tiene que ser.
—Al menos está consciente de la realidad de la situación—me solté y pasé por su lado— y sobre lo otro, ese asunto es entre Juliette y yo.
—Anne… —Empezó a decir Juliette.
—Por favor… ahora no. —le dije en casi en un tono suplicante.
Me marché hacia mi habitación apresuradamente, no quería saber nada de Lionel o Juliette por el momento, y, de pronto sentí una necesidad urgente de Engel, de alguien que fuera capaz de encontrar gracioso aquello y que considerara la burla como la mejor distracción, que pareciera revolotear en el mundo sin preocupaciones o que fuera incapaz de mostrarlas con tanta facilidad. Engel la única persona que no se me permitía ver y con la única que podría ser capaz de estar ahora. Su nombre había sido mencionado tanto los últimos días que era la única esperanza que tenía de que verdaderamente existía, sin embargo todos hablaban de él como si jamás debió haber existido pero nadie se molestaba en explicarme nada.
Algo sucedía y yo tenía que saber que era, yo iba a descubrirlo.
Me senté frente a mi escritorio e inconscientemente retomé las ideas que habían estado rondándome desde el jueves pasado; rebusqué entre mis libretas hasta encontrar una hoja limpia y garabateé palabras al azar que a simple vista carecían de sentido coherente, pero para mí cada línea tenía un significado más profundo. Cuando terminé y las ideas mas fantasiosas y absurdas se hubieron desvanecido, tomé el trozo de papel sosteniéndolo con ambas manos, leyendo y releyendo el in entendible diagrama, como si allí se encontrara escondida la respuesta a todas mis preguntas.
— ¿Qué misterios ocultas Engel Jackocbsob? —Susurré para mi misma— ¿Eres el chico que aparentas?
Arrugué el papel y lo metí en el bolsillo de mi chaqueta.
De pronto, por mi cabeza pasó la idea mas descabellada que jamás había tenido, pero sentí que ya nada me ataba a este lugar, no quería estar ni un minuto mas, todos quienes estaban ahí no me importaban, y yo a ellos tampoco, lo había perdido absolutamente todo y no veía la forma de recuperarlo. Además, aquella era la única forma de poder hablar con él solo una vez más. Llegar al fondo de todo había logrado obsesionarme por completo. Estaba segura de que esas tres personas se relacionaban de alguna manera, y de dos de ellas no obtendría nada, me faltaba el tercer intento. 
Pensé una y otra vez; todo era tan tentador y parecía sencillo de hacer, pero me invadía un gran temor al mismo tiempo.
Tomé el teléfono móvil y marque su número, el intento fue en vano una vez mas, su desaparición me provocó ansiedad y marcó el punto final sobre los nuevos hechos.
Decididamente vacié mi mochila sacando los útiles escolares que cayeron al suelo con un ruido sordo, abrí el armario de par en par y tomé ropa al azar metiéndola en el interior de mi bolsa, saqué las pocas libras que quedaban en mis ahorros y vertí el dinero dentro, entonces busqué los únicos recuerdos que me importaban, mis tesoros mas preciados: mi viejo libro de cuentos y la estrella de mi abuelo. Tuve que voltear la habitación, remover la basura de cosas que poseía, lanzando furiosa y desesperada cada objeto fuera de sus lugares correspondientes, mis cosas no estaban, pateé furiosa el armario, la cama, el escritorio y la silla, no quería marcharme sin mis tesoros, pero tampoco podía quedarme más allí. Los busqué persistentemente hasta que la noche cayó y la penumbra invadió la habitación, era más que seguro: no estaban ahí.
Al llegar la media noche, cuando el mundo yace sobre sus camas calentitas, sumergidos en el profundo sopor de los sueños mi inquietud alcanzó su máximo nivel; la paz y la tranquilidad de la noche no fueron suficientes para calmar esa turbación que sentía y me traicionaba convirtiendo mis sentimientos mas negativos en algo que sentía cosquillear dentro de mi estómago vacío: nervios. No podía dejar de dudar sobre el hecho de que la locura que estaba a  punto de cometer fuera o no una buena idea, sabía que no era la mejor ni la verdadera salida a mis problemas, pero, si no hacía algo ahora no lo haría nunca.
El abuelo siempre decía que si no buscábamos las respuestas por nuestra propia cuenta, nadie nos acercaría a la verdad de nuestras preguntas.
Guardé el más profundo silencio y noté que la casa estaba en completa calma, que Juliette dormía en su habitación como debía ser y que era mi oportunidad, mi única oportunidad. Ahora o nunca.
Me puse encima una gruesa cazadora invernal para cubrirme del frío que hacía allá afuera, me sentía como un enorme e incómodo oso y también muy ridícula, pero cuando abrí la ventana la idea dejó de ser mala, hacía el frío suficiente como para acobardarme  de mi “valiente” decisión, pero no, no podía retroceder en el último momento, no iba a favor de mis principios, mi ética, mis ideas. Ajusté bien la mochila a  mi espalda, como si eso fuera a hacerme mas valiente o me diera un poco más de fuerza, un ser invencible, pero no, nada de eso.
Miré hacia abajo, la distancia que separaba la ventana del suelo verdaderamente no parecía ser tan grande desde allí. Eché un último vistazo a la habitación desordenada; me paré temerariamente sobre el alfeizar y me puse de rodillas en este dándome la vuelta para bajar lentamente por las enredaderas que crecían a los lados de la pared, las ramas sin hojas aún eran lo suficientemente fuertes para soportar mi peso, el crudo invierno no las había debilitado por fortuna. Mis pies se acomodaron entre los huecos libres que las ramas de los setos colgantes dejaban a su paso; bajé con sumo cuidado hasta que llegué a escasos centímetros del suelo y salté.
Metí mis manos entumecidas en los bolsillos de la cazadora y me puse la capucha encima, el vientillo nocturno de aquella noche helada empezó a golpearme apenas había abandonado la casa, gélido y revolcado entre algunos copos de nieve que caían silenciosamente. Miré de un lado a otro cuan delincuente a punto de cometer un robo; estaba nerviosa aunque no había señales de vida alrededor, me parecía ver en cada uno de los arbustos ojos observarme, las farolas apenas iluminaban la calle en esa noche cerrada.
Mis nervios se pusieron de punta cuando escuché un ruido en el interior de la casa, me quedé rígida, plantada en medio del jardín como otro más de los arbolitos nevados que reposaban sobre la fría tierra, en ese momento deseé ser un árbol para pasar desapercibida; permanecí estática esperando que hago sucediera, pero de nuevo nació el silencio interrumpido únicamente por el retumbar de mi corazón dentro de mi pecho. Aquellos sentimientos eran únicamente una demostración de la adrenalina que mi cuerpo liberaba al hacer algo que no es correcto según los dictámenes de las reglas de la sociedad, las reglas de Juliette.
Crucé el jardín sigilosamente, mirando la casa como si fuera un monstruo capaz de devorarme incluso estando en ese estado tan apacible y muerto; sus ventanas eran profundos ojos que miraban atentos perforando la oscuridad nocturna y la puerta era su boca que podía abrirse traicioneramente en cualquier momento.
Cuando llegué a la acera donde finalizaba el jardín, me di la vuelta y salí corriendo rápidamente cuidando no resbalar en el asfalto semi-congelado; corrí lo más rápido que mis piernas me daban, como si de eso dependiera mi vida, corrí como si un monstruo me persiguiera, como si la casa viniera detrás de mí, corrí porque necesitaba hacerlo, con el viento hiriendo mis mejillas y zumbando en mis oídos, el frío calando hasta los huesos y en el interior de mi cuerpo corriendo férrea la adrenalina convirtiéndose en calor abrasador que hacía el frío agradable.
Al final de la calle me detuve sabiendo que estaba lo suficientemente lejos como para que alguien pudiera alcanzarme. Una vez ahí, en aquel desolado ambiente de noche, no supe exactamente que era lo que seguía a continuación, no había hecho un plan perfecto, solo actué deliberadamente, como siempre, y, en consecuencia esta vez estaba perdida, teóricamente. Regresar era la opción mas coherente y más correcta, pero no haría lo que fuera correcto y la coherencia ya no era  parte de mí —si es que algún día lo fue—; estaba segura de que necesitaba hablar con Engel, pero era media noche e incorrecto sería irrumpir en su castillo o casa; tampoco me quedaría a esperar ahí parada a que él mundo se iluminara. Comencé a caminar sin rumbo fijo, pensé buscar un motel en Birnam, para pasar la noche y después de eso intentaría comunicarme con Engel, no podría evadir mis llamadas por siempre y aunque no sabía ser paciente haría mi mayor esfuerzo esta vez.

Al fin alcancé el puente, me dolían los pies de tanto caminar, nunca había pensado que la diferencia entre Dunkeld y Birnam era tan larga.
Mis pies se hundían un par de centímetros en la nieve que se quedaba a orillas de la carretera, marcando mis pisadas y formando un camino detrás de mí; debajo del puente corría el agua formando olas y un sonido musical que rompía armoniosamente el silencio, un sonido tentador… un sonido que quería ser escuchado y seguido, admirado, era un sonido que envolvía  en una locura fascinante a cualquier individuo. Me detuve y me giré hacia el límite del puente para mirar a través del muro, poniendo las manos sobre la gélida piedra para sostenerme y levantar mis pies del suelo, balanceándome como cuando era niña, una niña feliz.
“Mira abuelo, puedo volar… ¡y llegaré hasta el cielo!”
Era mi vida, ya no había nada que me detuviera.
El agua cantaba para mí, aunque se distorsionaba por un sonido molesto allá en otra parte, otro extremo a una lejanía distante; me concentré solo en el canto de las olas jugando con el hielo y las rocas que se interponían a su paso.
Me las arreglé para subir hasta el borde, quería admirar y sentir, quería ser ellas, porque ellas eran libres y yo no, porque ellas iban y venían de un lugar a otro sin órdenes, sin ninguna regla que les retuviera como cadenas de hierro. Mi cabeza se sucumbió de gritos, un alma que desesperada me anhelaba, que se entrometía con excusas tontas y vagas, pero esto era un sueño, un hermoso sueño. ¿Qué podía suceder?
Exhalé profundo y contuve la respiración, cerrando mis ojos, imaginando, llevando hasta sus límites el sueño interminable…
Aquel sonido zumbante se acercaba mas, “cállate” le susurré en vano, y entonces un chirrido perforó mis oídos.
— ¿Qué haces ahí? ¿Cómo es…? —Sonreí para mis adentros al escuchar tan clara su voz irritada. — ¿Te volviste loca?
Entonces desperté de aquel sueño y su voz aterciopelada fue sustituida por la voz de mi conciencia que me reprendía profundamente molesta, su sonido después de tanta insistencia llegó hasta mi mente en forma de algo que no fuera un leve susurro indescifrable.
“¡Nadie puede vencerte tan fácilmente…!”
Abrí los ojos de golpe y miré al vacío, viendo como las olas furiosas rompían todo lo que se atravesaba a su paso. Sentí como la sangre huía de mi rostro y mis piernas se volvían de plomo y después tan frágiles que temblaban descontroladamente bajo el peso de mi cuerpo, era incapaz de moverme, mi cerebro una masa incapaz de conectar ideas, y también estaba sumamente desconcertada. ¿Qué había estado a punto de hacer?
— ¿Anne? —De nuevo él.
Asió su mano fuertemente a mi brazo, sacudiéndolo con urgencia. Mi vista seguía clavada en el vacío, esta vez no tenía deseo de unirme a él, esta vez me provocaba terror.
— ¿No puedes bajar? —preguntó.
Atisbé un tono de burla en su voz pero había olvidado como sentirme ofendida.
Tragué saliva y negué con la cabeza.
Escuché su risa como una melodía clásica y luego, entre burlas amargas tiró de mi brazo con suavidad, sentí como mis piernas se doblaban lentamente hasta quedar hincada en el cemento helado, me giró con mucho cuidado y tomó mi otro brazo atrayéndome hacia él, caí con ligereza sobre su pecho, pero él apenas se inmutó. Mis ojos estaban completamente abiertos pero no veía nada en especial, mis labios firmemente apretados y dejé de inhalar aire hasta que mis pulmones lo reclamaron.
Enfoqué la mirada hasta encontrar ese rostro suyo, afilado, salvaje y felino, me di cuenta que era real, que estaba aquí conmigo, protegiéndome en un abrazo cálido y suave; aunque no entendía como era posible ignoré ese pequeño detalle porque no importaba mucho en estos momentos y lo había encontrado —o él a mí— justo cuando lo necesitaba, cuando mi corazón inconscientemente lo llamaba a gritos, cuando lo deseaba mas que nunca. Me deshice de la vergüenza y el desasosiego. Salté hacia él rodeando su cuello con mis brazos, aceptó el abrazo con desconcierto. Sentí el rozar de sus labios sobre mi frente.
—Dime que hacías ahí— volvió a preguntar.
Suspiré profundamente pasando el aire helado a través de mi cuerpo tan rápido que sentí como me quemaba por dentro, pero al mismo tiempo fue como si me hubieran lanzado un balde de agua fría para despertar por la mañana.
—No lo se…—dije confundida—yo estaba aquí y de pronto estaba allí; te juro que no se como llegue ahí.
Me aparté un poco de él y clavé la vista en el suelo, siguiendo una línea imaginaria hasta que mi mirada se detuvo en el borde del puente y cruzó hasta encontrarse con las aguas oscuras del río Tai.
La serenidad abandonó a Engel y se puso rígido como si al fin se diera cuenta de que tenía frío. Me colocó a su espalda con gesto protector y poco a poco fue desprendiéndose de mí avanzando por la carretera, había avanzado un par de metros cuando se detuvo y miró alrededor en busca de algo que no estaba, era ilógico, estábamos en medio de la nada ya entrada la noche, no estaba segura de que esperaba encontrar.
—Sube al auto—Ordenó severo.
— ¿Nos va a caer un meteorito? — insté con ironía.
Me reí pero mi risa se cortó cuando giró su cabeza hacia mí y vi cuan molesto estaba; abrí mucho los ojos y trastabillé hacia el Lamborghini, entré y me quedé observando su sombra por la oscura ventanilla recortada por las luces delanteras del auto, se encontraba inmóvil observando el cielo y después a sus costados, sin duda buscaba algo que yo no veía. ¿Había algo ahí que él notaba y yo no, algo de su mundo?
Ya no podía hablar de nuestro mundo como si él perteneciera al mismo planeta que el mío, al mismo entorno donde la normalidad de las cosas es lo único que debe ser tomado en cuenta; inconscientemente estaba pensando en él como un ser de diferente naturaleza y estaba tan aferrada a esa idea que cualquier movimiento suyo me parecía irreal, no apto para mundo. Cualquier cosa que tuviera que ver con él era mera fantasía. Él era una fantasía.
No me di cuenta de cuando su silueta oscura desapareció de mi vista, simplemente cuando los pensamientos poco sanos que cruzaban mi cabeza empezaron a disiparse, Engel ya estaba dentro del auto, aferrando fuertemente el volante con ambas manos.
—No se que haces ni porque estas aquí… te llevaré a casa— informó.
Seguía pareciendo molesto mas no sabía si tenía que  ver conmigo o algo mas, no me importaba por ahora, su última frase fue lo que taladró mi conciencia y salté en mi defensa.
— ¡A casa no! —Grité— por favor, no.
— ¿Tienes otro lugar a donde ir?
— Yo… no, a cualquier lado menos a casa de Juliette— pronunciar su nombre me dolió mas de lo que pensé— A un motel, no lo se… todo será mejor que eso. Tengo dinero suficiente.
Se giró sobre su asiento encarándome, noté la curiosidad en sus ojos, examinaba mis expresiones y yo las suyas, a la defensiva, con una mano sobre la manija dispuesta a abrir la puerta y salir corriendo si era necesario.
—De acuerdo, a casa no— aceptó y solté el aire que había estado conteniendo— Pero tienes que explicarme porque… ¿Escapaste?
Relajé mi postura.
—Si, escapé. Es una larga historia… Primero dime donde estabas, no te he visto desde aquel día y no intentes evadir la pregunta diciendo que tu preguntaste primero—le atajé y antes de que abriera la boca para protestar seguí hablando. —Tú escapaste primero. —Le recordé.
Rió entre dientes y miró la noche a través del cristal con minuciosidad.
—Yo no escapé— dijo tranquilamente— Fui a Perthshire y acabo de regresar; la explicación: sabía que la situación no era sencilla, quería dejar pasar un poco de tiempo antes de recibir otro pequeño recordatorio de tu tía. En aquella ocasión no parecía estar muy dispuesta a ceder.
>>Los Jackocbsob somos… creo que no agradamos a algunas personas en el pueblo y tu tía piensa que te haré daño, cree que te comeré o simplemente te mataré—volvió a reír pero yo abría la boca en forma de “o” e instintivamente metí las manos dentro de los bolsillos de la chaqueta y en uno encontré mi papel de “pistas”, lo aferré dentro de mi mano y contuve la respiración para dejarlo hablar; me observaba, parecía divertido al verme— Es ridículo, no lo haría… no por ahora al menos— seguía riendo, mas sin embargo para mí no era gracioso, como si detrás de esas palabras juguetonas encerrara algo más, mi paranoia estaba llegando a un punto critico—Mira, se que cometí un error al haberme ido sin decirte nada, pero lo menos que quería era meterte en mas problemas, ahora se que antes de desaparecer un par de días debo decírtelo para que no te vuelvas loca e intentes lanzarte de un puente. 
—No iba a lanzarme—protesté. —Ya te lo dije, no se como pasó.
—Claro. Claro.
—Tu y tu familia, no son normales ¿cierto? —solté sin poder guardarlo un minuto mas.
Aferré con más fuerza el trozo de papel.
—Depende de cual es tu significado de normalidad. Creo que debería sentirme ofendido, me estas llamando raro o extraño. He de recordarte que tú tampoco eres lo más normal de mundo. Ni siquiera entras dentro de ese rango.
—Normal en el sentido humano. —Volví a contener la respiración sin evitar sentirme ridícula.
Dio la vuelta a la llave y encendió el motor del Lamborghini; observé su rostro para ver si mi comentario lo había perturbado, pero ni siquiera se mostraba un poco nervioso, no podía ver en sus ojos ya que tenía la vista fija al frente pero en sus labios se hallaba dibujada una gran sonrisa.
—No me has contado porque escapaste.
—No me has respondido.
—Ya te respondí una pregunta, la condicional. Es tu turno de responder. Además tu anécdota debe ser mas entretenida que yo mintiéndote diciendo que soy una clase de ser mitológico, vive la realidad, pequeña.
¿Por qué el cambio de tema? ¿Había puesto el dedo en la yaga?
No era posible descifrarlo, de hecho parecía divertirse de mis delirios fantasiosos pero al mismo tiempo me pareció que estaba a la defensiva.
Suspiré y sin más le conté exactamente lo que había pasado después de haberme dejado en casa el jueves por la tarde. Estaba inmerso en mi historia, escuchando con atención— mas de la necesaria— cada frase que salía de mis labios de forma atropellada; conducía con la velocidad moderada tratándose de él, pero dábamos vueltas en Birnam, tal vez decidiendo que hacer conmigo.
Conforme la historia avanzaba su sonrisa se iba desvaneciendo lentamente hasta que no quedó rastro de ella, al llegar a la parte donde había escuchado la conversación de Juliette y Lionel, sus manos aferraron con fuerza el volante y sus labios se movieron pronunciando palabras inteligibles, esa fue la parte mas dura de relatar y tuve que detenerme varias veces para controlar mi voz. Me sentí satisfecha cuando terminé pero mi vista se perdió también a través del cristal, aún me horrorizaba la idea de que Lionel fuera mi padre y las preguntas que me había hecho cuando niña me embargaron otra vez, en una sensación de amargura y falsos recuerdos, me hicieron preguntarme donde estaba mamá.
Su dedo frío acarició mi mejilla con suavidad, parpadeé un par de veces y me di cuenta que no era solamente una caricia de consuelo, si no que limpiaba un par de lágrimas que habían rodado por mis mejillas sin que me diera cuenta.
Quise sonreírle agradecida pero no era una sonrisa lo que mis labios podían formar.
—Te afecta más de lo que aparentas.
—Si—admití— Es que, todo en lo que creí ya no existe, ni siquiera se quien soy.
Mi voz se quebró y tragué saliva para deshacer el molesto nudo en mi garganta.
—Eres Annette… Anne. Y regresarás a casa porque sabes que  no puedes huir por siempre, tu no tienes madera de ser buena forastera —sonrió travieso— vivirás tu vida como lo has hecho los últimos dieciséis años y perdonarás a quienes te hayan hecho daño, es tu naturaleza. Tú sabes que no ibas a escapar en serio.
— ¿Porqué siempre tienes la razón?
—Porque soy genial.
—Arrogante Lombriz Rumana. —susurré perdiéndome en la calidez de sus ojos grises.
Soltó una leve carcajada.
—Siempre me ha encantado cuando dices eso, me haces sentir importante.
Puse los ojos en blanco.
—Tú te sientes importante con todo.
—Lo soy.
Le di un golpe juguetón en el hombro y me lo devolvió. Que sencillo era sentirse relajada con Engel a mi lado, parecía que nada le importaba, que los problemas se le resbalaban como jabón; aunque su egocentrismo me hacía rabiar era divertido de alguna forma, existía el buen humor en su diccionario y era bueno saberlo.
Volví a mirar a través de la ventana y vi como dejábamos atrás los puntos luminosos de Birnam y nos hallábamos a carretera libre, por un momento pensé que me llevaba de regreso a casa pero no habíamos pasado el puente, así que era imposible, o tal vez habíamos pasado Dunkeld y nos hallábamos en el camino que conducía hasta su mansión.
— ¿A dónde vamos? —pregunté con curiosidad.
— A tu tumba— respondió como si fuera algo tan simple como decir que dos mas dos son cuatro.
Me puse rígida en mi asiento y me giré para ver como pasábamos a toda velocidad el camino, mi mano volvió a cerrarse con fuerza dentro del bolsillo de la chaqueta, apretando el trozo de papel.
— ¿Porqué tienes que hacer el drama mas divertido?
— ¿Porqué tienes un aspecto de psicópata?
—Oh, me halagas.
—Vete al demonio.
—Yo soy el demonio.
—Pues… vete… vete… ¡Al cielo!
Frunció los labios y me sacó la lengua.
Condujo en silencio, no había atisbo de molestia en su rostro, solo estaba con el entrecejo fruncido, pensativo.
Debería haber estado nerviosa por no saber a donde me llevaba, pero no estaba ni un poco inquieta, confiaba ciegamente en él, de una forma que no debería, pero lo hacía porque era mi única buena opción en esos momentos y él siempre sabía que hacer, además aunque me opusiera me iba a ignorar, una vez que Engel decidía hacer algo lo hacía sin importarle que le gritara o lo golpeara, ya había aprendido, después de varios intentos, que lo mejor era seguirle el juego, tampoco tenía excusas para no querer estar con él, lo sabía , y en realidad, aunque quisiera engañar a todos, incluyéndome a mi, siempre quise estar con él, siempre me atrajo hasta que el deseo y los sentimientos no pudieron competir mas contra el orgullo, y así, la respuesta a una de mi muchas preguntas fue respondida: ¿Qué es mas fuerte… el egoísmo o el orgullo? Sí, egoísmo, lo consideraba no mas que puro egoísmo, abandoné mis creencias, luché contra lo que en general la sociedad considera correcto y aquí estaba sentada a su lado, yendo a quien sabe donde, a mitad de la noche, en un estatus prohibido y sin importarme el resto del mundo. Estaba haciendo lo que yo quería, al fin. ¿Eso no es egoísmo?
Cerré los ojos descansando la vista del esfuerzo vano de ver en la oscuridad, estaba cansada y de pronto me daba la sensación de que habían pasado siglos desde esta mañana; dejé caer la cabeza sobre el suave tapiz del asiento. Un sonido agudo y melódico llegó hasta mis oídos flotando suavemente, música de violín, sonreí para mis adentros y me dediqué únicamente a disfrutar de la paz y la tranquilidad que reinaba en el interior del auto. Engel no volvió a decir nada más y lo agradecí porque ya no tenía ganas de hablar.
De pronto el auto paró en seco y abrí los ojos de golpe e intercambiamos miradas, yo lo interrogaba confundida y él me miró como si nunca me hubiera visto, noté que había algo en las facciones descompuestas de su rostro que me hizo saber que algo no estaba bien, por alguna razón que yo no sabía, estaba aterrado, y, tomando en cuenta aquello, supe que yo también debería estarlo, sin embargo no veía un a razón lógica.
—Engel  ¿Qué sucede?
Sus manos temblaron sobre el  volante y su mirada taladró los cristales del auto, de un lado a otro; lo imité y me percaté de que una oscuridad poco común bañaba el exterior. Mi corazón empezó a latir rápidamente en señal de alerta.
—Dime que pasa— exigí saber.
—Sujétate bien. —dijo con voz estrangulada.
Pisó el acelerador hasta el fondo sin miramientos, el impulso repentino me lanzó hacia atrás manteniéndome impelida al asiento; las llantas del Lamborghini chirriaron contra el asfalto congelado y el sonido perforó mis oídos y sofocó la suave música convirtiéndola en una cacofonía insoportable. Traté de distinguir el camino pero era en vano, el camino se hallaba hundido en la penumbra y ni las luces delanteras parecían suficientes.
El auto ganaba velocidad cada segundo que corría, la manecilla pronto pasó los 100 km/h y seguía moviéndose hacia delante.
— ¡Baja la velocidad! —Grité aferrando ambas manos a los costados del asiento— ¡Detente!
Lo había logrado, ahora yo también estaba muy asustada.
— ¡Engel, por favor!
—Cállate
— ¡Detente, me quiero bajar! Si tu te quieres matar es tu problema no el mío…
— ¡Dije que te calles! —gritó colérico.
Cerré la boca.
Tenía que admitir que cuando se ponía así me daba miedo. La ira lo corrompía, se transformaba de un ángel a un demonio; la plata fundida en sus ojos se congelaba y su traviesa sonrisa arrogante se volvía un gesto calculador, como el de una persona sin escrúpulos.
Mi corazón estaba seguía latiendo rápido y la sensación de vértigo me revolvía el estómago, apreté los labios con fuerza y crucé los brazos contra mi pecho; desvié la mirada de la ventanilla hacia él, prestándole atención.
—Necesito una explicación. —le pedí con voz mesurada.
Su rostro permanecía aún severo, y, de pronto, una vez mas, paró en seco y la fuerza me impulsó hacia delante bruscamente, sentí la presión del cinturón de seguridad sobre mi pecho sacándome el aire de los pulmones.
Lo miré con reproché, pero no abrí la boca para protestar, pensé que al fin se dignaría a darme explicaciones, pero no fue así.
Desabrochó su cinturón de seguridad.
—Espera aquí. —Ordenó de forma autoritaria y me miró fijamente a los ojos— Pase lo que pase no salgas del auto.
Asentí contrariada. Como si quisiera estar allá afuera, pensé con ironía.
— ¿A dónde vas?
Otra pregunta sin respuesta.
Abrió la portezuela y salió. Eso de que todo el mundo oculte cosas empezaba a cansarme y a ponerme de mal humor. Escudriñe en la oscuridad clavando la mirada en el parabrisas y vi su tenue sombra recortada por las luces delanteras del auto, su sombra se adentro mas en aquella masa oscura hasta que logró perderse de vista. Mis dedos tamborilearon sobre la manija de la puerta, quería saber lo que estaba pasando, quería salir de allí pero a la vez no, de pronto el interior calentito del Lamborghini se convirtió en un espacio cerrado y sofocante…
Ahogué un grito cuando algo grande cayó sobre el cofre del auto provocando un estruendoso ruido metálico y una manta negra calló sobre el parabrisas haciéndolo añicos, me cubrí el rostro con las manos mientras los vidrios rotos caían sobre mí. Y, cuando el estruendo pasó, abrí los ojos para ver lo que había sucedido exactamente. La manta oscura empezó a moverse sobre el espacio vacío que el vidrio  roto había dejado, levanté la mano extendiéndola para tocar aquella manta, resultaba de alguna manera, muy tentador.
Mis dedos sintieron su textura de terciopelo, se asemejaba a un fino pelaje pero era tan suave como una seda… y cálida latía como si por dentro corriera la sangre; entonces me di cuenta que no era una manta si no el ala de… ¿un ave? Me sobresalté nuevamente y me encogí sobre el asiento.
El ala se movió y sus plumas rozaron de nuevo mi mano extendida. Un cuerpo que no era el de un ave gigante —si no el de un humano— se incorporó sobre el metal abollado.
Su torso estaba desnudo y aquellas alas negras nacían de su espalda, estaban unidas a su cuerpo. Entonces me di cuenta que no era un ser mitológico cualquiera que había surgido de la nada, no era cualquier monstruo: era Engel Jackocbsob trasformado en el ángel de mis pesadillas.
Cerré fuertemente los ojos, asombrada y sintiendo mi cuerpo temblar, contraerse de pánico.
—Estoy soñado—repetí una y otra vez con un hilo de voz— de nuevo una pesadilla…
Había sucedido tantas veces que debería haberme acostumbrado, pero siempre eran tan reales y esta lo era mucho mas, la forma en como habían ido ocurriendo los acontecimientos la hacían ser mas real e increíble que nunca.
Se hizo un silencio sepulcral en el que dentro del shock seguí admirándolo mientras mi cerebro maquinaba una maniobra de escape, pues, de costumbre, como en cada pesadilla pasada, yo, trataba de luchar por mi vida escapando de aquel ser. El silencio se rompió cuando comencé a forcejear contra la puerta, desesperada.
La puerta fue desprendida desde fuera, proferí un grito y la solté y vi como caía a varios metros sobre la nieve; unos brazos se enroscaron alrededor  de mí por detrás, forcejé con toda la fuerza que me fue posible, miré sobre mi hombro y mi mirada se encontró con un par de ojos rojos que brillaban  como lava ardiendo.
— ¡Suéltame! ¿¡Qué es lo que quieres de mí!?
—No te voy a hacer daño, intento protegerte—dijo el monstruo entre dientes.
Su voz se escuchó tensa y noté que no era esa voz que acostumbra escuchar, se había vuelto más aterciopelada y atrayente a pesar de la situación poco afable, pero yo no era lo suficientemente tonta como para dejarme engañar y doblegar  por un hermoso rostro y una bella voz, qué estaba segura era parte de la máscara que ocultaba el asesino que realmente era él.
Sus brazos me liberaron en un momento que aproveché para salir de aquella cárcel, tomé mi mochila y la colgué precipitadamente sobre mi hombro, no sabía a donde iría, simplemente mi sentido común y pensamiento razonable no funcionaban en ese momento, pero sabía que tenía que huir, correr para alejarme de su alcance.
Caí de rodillas sobre el suelo encapotado de  nieve, mis manos se hundieron sobre esta y el frío pasó a través de la tela mojada de mis guantes, sin embargo tenía esa sensación de no sentir nada, el shock del momento había paralizado mi cerebro a un punto donde solo podía sentir el miedo y desear correr rápido, sin detenerme ni voltear atrás, quería dejar ese lugar del infierno, despertar de esa pesadilla, pero no sabía como hacerlo.
Entre varias caídas y trompicones logré ponerme de pie y avanzar, me abstuve de mirar a mis espaldas, no quería saber que él me seguía, no quería verlo, enfrentarme a una realidad que no me gustaba… ya se oía tan lejano, a mis espaldas los estruendos de una clara e increíble batalla épica, la cual no me interesaba mas que mi propia vida.
Entonces, de improvisto, mis pies dejaron de tocar el suelo y me di cuenta de que me elevaba en el aire y la distancia que separaba a mis pies del suelo cada vez era mayor…  recibí un golpe en un costado, un grito de dolor se ahogó en mi garganta y luego mi estómago se encogió cuando empecé a caer a toda velocidad, iba a chocar contra el suelo, cerré los ojos pero el impacto de la caída nunca llegó, los abrí de nuevo y descubrí que otra vez flotaba en el aire, miré hacia un lado y otro, me encontré en los brazos de mi captor que era el mismo chico al que yo amaba o creía haber amado hasta antes de que quisiera asesinarme.
—Tienes que confiar en mi—se atrevió a decirme.
¿Cómo lo haría?
—Solo hazlo… te explicaré después.
— ¡Regresa aquí sucio bastardo! —Rugió una voz a nuestras espaldas, me estremecí solo de escucharla— ¡Te mataré cuando te atrape!
Luego se detuvo y no supe porqué hasta que logré apartar la mirada de su rostro, estábamos rodeados por seis extrañas criaturas que no podía definir como algo conocido, pero se asemejaban mucho a la clase de criaturas que representan el mal en un fresco religioso. Sus ojos brillaban con un odio y éxtasis devastador, eran un par de perlas rojas que reflejaban el ansia de matarnos; sus cuerpos eran grandes y fornidos, de piel oscura, sus rostros monstruosos pintaban sonrisas capaz de helar la sangre; de sus frentes nacían un par de enormes cuernos de ónice que se alzaban en dirección al cielo y flotaban en el aire gracias a sus alas negras, similares a las alas de los murciélagos. Despedían un olor que me revolvía el estómago y me recordó a una mañana nublada en el auto de Valerie Jackocbsob… “el aromatizante favorito de Valerie” había dicho Engel en ese entonces.
Uno de ellos, el que estaba frente a nosotros dijo algo en un extraño idioma, pudo ser latín o hebreo, pero no lo era, su voz me estremeció a sobremanera, pero mas me estremeció escuchar a Engel usar ese mismo tono de voz cuando habló y dijo:
Ielrá o stume phroire —Lo vi sonreír con arrogancia.  
Empezó a descender en picada a velocidad asombrosa, escondí mi rostro entre mis manos y me encogí en su pecho protegiéndome del frío aire que golpeaba de lleno en mi rostro y del vértigo; a varios centímetros del  suelo me dejó caer, rodé sobre el blando y frío terreno nevado, llevándome una mano a las costillas cuando mi aterrizaje lo detuvo el tronco de un árbol y un crujido poco alentador se escuchó dentro de mi cuerpo. Estaba tan aturdida como para poder gritar, respiré rápida y entrecortadamente conteniendo lágrimas dentro de mis ojos y reteniendo a toda costa el nudo que había en mi garganta. Me incorporé como me fue posible y recargué la espalda sobre el árbol, eché la cabeza hacia atrás, todo me daba vueltas, podría desmayarme en cualquier momento, pero sabía que quedar inconsciente no sería el acto más inteligente y mi orgullo me decía que no dejaría de luchar hasta el último momento, incluso cuando la batalla ya pareciera completamente perdida, si iba a morir esa noche, quería verlo.
Alcé la mirada al cielo observando que si no fuera porque un montón de monstruos se destazaban allá arriba y hacía un frío congelante, la noche sería perfecta: estrellada, en aquel rincón remoto de la campiña escocesa las estrellas brillaban mucho mas que un diamante expuesto a la luz del sol; y, la luna, dejaba de ser en ocasiones una enorme esfera que poseía luz propia opacada por la nubes, para convertirse en una maravilla digna de admiración, plateada y majestuosa.
Enfoqué la vista en los monstruos, parecía que Engel se las ingeniaba muy bien y estaba saliendo bien parado de la situación, no importaba que lo superaran en número, su fuerza y destreza eran mayores, como siempre, el orgulloso Jackocbsob sabía lo que hacía… una parte de mí se preocupaba por él y temía que fuera a salir lastimado, mientras que la otra quería  que desapareciera para siempre.
Aparté la vista de ellos y recordé que no quería pertenecer a aquella lucha entre el “mal” y el “mal”. Busqué un lugar seguro donde pudiera esconderme y observé con detenimiento la misteriosa penumbra efecto de una maraña de árboles muy juntos. Caminé arrastrando los pies por el sendero y avancé hasta adentrarme de lleno en el bosque, pronto el panorama aterrador de antes desapareció hasta que ya no pude ver siquiera rastros de la carretera, el Lamborghini destrozado ni siquiera un copo de nieve cubriendo el suelo y me sentí protegida en aquella penumbra silenciosa, en ese bosque que parecía desolado.
En un pequeño claro me dejé caer recargada sobre el tronco de un árbol y no pude contener mas las lágrimas, oculté mi rostro entre las manos y me eché a llorar como no lo había hecho desde hacía años, nadie podría escucharme ni verme escondía ahí, así que no sentí vergüenza. Me estaba ahogando ya no en un vaso de agua, si no en un inmenso océano y lo peor era que no sabía cual era la gota que había terminado conmigo y mi fortaleza.
— ¿Sufres? —preguntó una voz femenina, melodiosa y dulce, pero tan fría como esa misma noche.
Alcé el rostro y me limpié las lágrimas precipitadamente, había estado segura de que no había nadie, y entonces creí haber imaginado la voz, pues no encontré a alguien que pudiera ser dueña de ella.
— Pronto dejarás de sufrir… bueno, en realidad no.
Una risa escalofriante envolvió el claro y me puse de pie a la defensiva.
— ¿Quién está ahí? —pregunté a la nada con la voz mas amenazadora que pude sacar.
Al otro extremo, avanzando entre los árboles se comenzó a dibujar su silueta hasta que pude verla por completo.
Ahí estaba ella presentándose como la muerte, como la persona que se encargaría de borrarme del mapa, lo sabía solo con verla a  los ojos, ella había esperado tanto aquel momento como un reto personal. Sus ojos se enfocaron en mi figura y sonrió con delicadeza, a pesar de que no era físicamente como recordaba y sus rasgos habían adquirido nuevas características, seguía siendo la misma y tampoco dejaba de ser hermosa.
— Pensé que mi hermanito lo haría mas entretenido… —Suspiró Valerie Jackocbsob— Demasiado sencillo, que el juego casi me aburre.
Bostezó de forma exagerada y avanzó hacia mi por el claro, rompiendo el espacio que nos separaba, blandiendo juguetonamente entre sus manos una espada de hoja delgada y oscura como el carbón.
— ¿Qué… quieres de mi? —Jadeé ofuscada.
— ¿Yo? Nada, divertirme tal vez. ¿Estás asustada?
No respondí. Me pregunté donde estaba Engel.
—No, Nef… humana, el no te va a ayudar. ¿Aún no te das cuenta que todo fue un juego? Sí, querida… todo estaba planeado desde el principio.
— ¿Qué es lo que son?
— Demonios… ¿Sorprendida?
—En absoluto
Y de verdad no sabía porqué no lo estaba, como si hubiera esperado siempre esa respuesta.
—Quiero decir… —empecé para ganar  tiempo— tu y tu hermano no se molestan mucho en ocultarlo.
Moví mis pies lentamente, se percató de que intentaba escapar y arqueó una ceja, sonrió con amabilidad pero no hizo nada al respecto, como si no hubiera reparado en el asunto.
— ¿Para que? Cuando se convierten en estorbo simplemente los matamos, esa es la estrategia y tú te convertiste en estorbo muy rápido. Estamos aquí para divertirnos, no para jugar a que somos parte de su mundo ¿o crees que asistimos al colegio únicamente para que crean que somos normales?
—No lo se; y creo que piensas al igual que yo: que no es asunto mío.
— ¡Exacto! —exclamó eufórica como si yo fuera una niña pequeña que ha acertado en un problema matemático muy difícil; borró su sonrisa de la cara y prosiguió arrastrando las palabras. — ¿Algo mas que decir o ya te puedo matar?
Sentí nauseas, no sabía que decir, pero quería saber una cosa mas aunque la verdad me destrozara.
—Engel… él…
—Engel no es mas que un sucio bastardo que se pavonea por ahí en busca de putas que satisfagan sus necesidades sexuales. —Dijo tranquilamente como si me informara sobre un asunto casual—Pero ya me aburrí de esperarlo, tú eres aburrida, tan casta y virginal que llegaré a los doscientos años antes de que algo suceda sin que parezca violación. Además no se puede quejar de que no ha tenido nada de distracciones banales… Rachel, Bridget, Jody, Pamela… en fin. 
Soltó una carcajada y me sentí asqueada.
“Jugó conmigo…”
Ese pensamiento resonó en mi cabeza como si lo gritara cada vez más fuerte, una lágrima más se escapó.
Recobré la compostura de inmediato, sabiendo que llorar no solucionaría nada, no me salvaría la vida y tampoco borraría el pasado. Aunque resultara inútil me armé de valor, di la vuelta y me eché a correr; en un abrir y cerrar de ojos la tuve delante de mí, furiosa, muy molesta por mi atrevimiento; cerró su mano izquierda alrededor de mi cuello y me lanzó al suelo.
— ¿Crees que puedes engañar a un demonio? 
Aunque parecía molesta, se divertía.
Vino hacia mí con andares gráciles, me arrastré inútilmente en el suelo y me levantó del cuello de la chaqueta, la miré a los ojos y supe que todo había terminado.
Helada, como estalactita de hielo, la espada atravesó mi abdomen, lo hizo con lentitud prolongando el momento y aumentando el dolor y el sufrimiento; jadeé inhalando una bocanada de aire, otra más, parecía inútil.
Sus labios rozaron mi mejilla con delicadeza y luego sentí mi cuerpo pesado caer al suelo; una de mis manos se cerró sobre un puñado de tierra fría, mientras la otra temblaba sobre el líquido caliente que fluía incontrolablemente de mi cuerpo.
Dolía y dolía mucho, ella quería que le suplicara que terminara de una vez lo que había empezado, pero apreté mis labios con fuerza absteniéndome de hacerlo. Se puso de cuclillas a mi lado y susurró a mi oído mis mas grandes temores, mis mas profundas tristezas, trajo a mi mente los recuerdos mas atroces haciendo de mis últimos minutos un infierno; intenté apagar su voz con gritos y llanto que no logré contener por mas que deseé.
Agradecí cuando su voz se fue apagando y mi mirada se nubló hasta que todo se volvió negro. 



15 Comments to “10. Huida. ”

  1. Venus says:

    jajajaja, esto si que no me lo creo, Mr Vampire ha reaparecido después de su largo letargo...

    Yo que tenía la página guardada entre mi lista de blogs porque me daba pena borrarla y de repente... 1ª posición, jajaja

    Bueno, en cuanto vuelva de clase, leo y doy mi opinión. Me alegro mucho de que hayas continuado.

    Bsos

  2. Venus says:

    Ya stoy aquí de nuevo...

    ¡¡¡¿¿¿Que final es ese?????!!!!!

    Espero que tengas pensado escribir el siguiente antes de 2020, porque madre mía cuanta cosa en un momento y encima Anne al borde de la muerte si es que no la has matado. Pero no creo, de matar a alguien acabarías con Engel...

    Engel sigue siendo igual de ególatra y no me gusta como se comporta con Anne en muchas ocasiones. Pero supongo que es la magia de este personaje... Eso sí, punto positivo para el demonio que parece que va proteger a la chica y no ha matarla... (espero q mate a su hermana¬¬)

    Todo el asunto con su padre y su tía me dejó un poco extrañada... pero es que me costó recordar como había teminado el capítulo anterior (imbécil de mi por no releerlo un poco)

    P.D. Me gustaron mucho las alas-manta de Engel, jejejee

    bsos

    espero q todo q vaya bien y te animes a continuar pronto!!

    venus (anteriormente ncullen)

    bye!

  3. Mayi says:

    DESPUES DE 9 SI 9 MESES REGRESASTE!!!
    de verdad q me lleve una VERDADERA SORPRESA al leer en mi lista de blog "captilo 10 de Sueños Rotos", tuve q leer dos veces xq crei k mis ojos me engañaban xD
    la espera valio la pena, y encima me has dejado con ese final pidiendo casi a gritos la continuacionnn!!!
    solo espero y te pido porrfavorr q no demores mucho en el cap 11 *q pesada q soy verdad?* se k debes estar ocupado en la U, pero no te olvides de tus fan :)
    GENIAL, cuidate, bye

  4. HAS REGRESADO! :D No nos ilusiones u___u Pero si eso es imposible >__< NO PUEDES DEJAR ASÍ LA HISTORIA D: No creo poder dormir por muchas noches... es desesperante! x3 Extrañaba leer esta historia, de verdad que la amo y me encantó encontrar una actualización de capítulo. Lalal :B espero que actualices pronto. Cuidate :D

  5. viviana says:

    vamos Chris todas sabemos que estas ocupado en la U. Pero no nos hagas esperar a tus Fans. Escribes genial, pero eso ya los sabes. Que te vaya super fuera de tu blog.. mua

  6. Natu says:

    ...Wow...
    No me lo creo! Regresaste y con que pedazo de capitulo! Sorprendente...
    La verdad es impresinante el giro que le has dado a la historia. Aunque confio que no mataras a Anne, cierto...?
    Excelente, una vez mas lo has logrado, definitivamente valio la pena la espera.
    Espero con muchisimas ansias tu siguiente entrega.

  7. Muse says:

    Al fin !!!!! Púes sólo felicitarte porque lo haces increíble...podría leer una y otra vez los caps (lo he hecho) y me sigo enamorando de la manera en que escribes. AMO TU REDACCIÓN !!!!! es perfecta ,es como si las palabras sólo fluyeran , sorprendente.
    también tengo un blog y un libro, en el blog sólo están los borradores, al igual que el tuyo ,el mío es sobre ángeles caídos ,pero creo que nuestras historias no se parecen y eso es bueno !!!! jajaja ...te invito a pasar !!

    Nada más que decir ...estoy en shock!!! has vuelto y aún no me lo creo.
    Saludos.Besos

  8. Debo admitir que estoy tan impresionada como todos aquí... en la época en la que desapareciste varios blogs de mi lista dejaron de postear tambien... Y me dije diablos será una epidemia??? jajaja Buehh el punto es que desempolvando archivos encontré la página de nuevo y Wala! el capitulo 10... post en el 2010???

    Fasconada como siempre he leido tu capitulo y veo que no has perdido la chispa! Y como muchos aquí espero que el proximo sea posteado antes del 2011 por el amor de Dios... No te vuelvas a perder así jajaja

    Besos....

  9. Nataly says:

    OMGGGGGGGGGGG esta de regreso!!!! pues ahorita lo leo a ver que tal!!

  10. javita says:

    dios es toy en shock!!!!!estaba arreglando mi blog y dije bueno pasare por mi fotolog donde tengo los link de blog que leo etc, para pasarlo a mi blog!! y sas veo que sibiste cap!!! estoy emocionadisima_!! osea lo subiste hace ya como un mes! pero esperare el siguiete para leer dos de una y no quedar con ansias como ya lo e echo por 9 meses! sigue escribiendo cariños

  11. ...Mer... says:

    Hola a todos nunca he dejado ningun comentario ya que no tenia una cuenta. Vengo siguiendo la historia desde hace bastante, creo que desde que subiste el capitulo 5.
    Bueno, llendo al grano, no puedo creer que hallas vuelto, todos los blogs que seguia me han abandonado por temas de "falta de inspiracion" y "no tengo tiempo".
    Me puso, y me sigue poniendo, muy feliz que no te hallas rendido. Te agradezco por no dejar de subir.Debo observar que tu forma de relatar es algo confusa y muy realista, me facina. Espero con todas mis ansias el capitulo 11. Por favor sube antes del 2011 o por lo menos estima una fecha para saver si debemos esperar mucho o poco tu regreso. Tus capitulos no me dejan de sorprender. Ya no se que esperar de Engel y de Anne, eso empeora mi intriga! Por favor subee!
    Gracias y Besos

  12. angela says:

    hola!!! soy Angela:)
    soy nueva en el seguimiento de la historia, esta buenisima!!!
    hahaha
    me gusta todo, cada uno de los personajes y no puedo dejar de pensar que es lo que va a pasar...
    tengo resode interrogantes como el de si Engel va a enfrentar a su hermana para salvar a Anne y si el papa y la tia van estar involucrados en esta parte de la pelea, Engel sera alfin y al cabo bueno o malo, aunque te digo que me facina el personaje, puede que sea arrogante y bipolar pero es su escencia y me gusta, me resulta atractivo, y como me lo imagino..., ademas no es solo eso cuando quiere se muestra tierno. esto confundida sera bueno o maloeso no deja de correr por mi cabeza.
    por otro lado su hermana si que es pura maldad y cuando ataco a la pobre de Anne, yo fuy re no pobre, y cuando dijo lo de su hermano con Rachel y las demas quede toda !!!WOW!!! yo tambien me hubiese reaccionado como Anne, y quien sera la chica de pelo rojo y ojos verdes del sueño de Anne y que va a pasar con su amigos sobretodo su mejor amigo de toda la vida, que triste...
    bueno pues me gusta mucho tu historia, muy interesante, redactas muy bien, estare esperando el resto, el capitulo 11, estoy ansiosa, no demores.
    saludos, bye.

  13. angela says:

    Hola!!!
    me fascina tu historia, es asombrosa. soy nueva y lei todos los capitulos de corrido, esta muy bueno, tienes una forma de redactar muy genial, me gusta muchisimo.
    El personaje de Engelme fascina, se que es arrogante y presuntuoso pero es hermoso, porque ademas no solo es eso tambien es tierno cuando quiere, es exelente a pesar de que pueda ser un bipolar psicopata, hahaha, me fascina es tan atrayente la forma en que lo describes, y como me lo imagino.
    respecto a como termino el capitulo quede re "no!!! tengo que continuar leyendo" por lo que te pido continues escribiendo.
    Valerie es muy mala, ojala Engel desida ser bueno y lo que siente por Anne supere por mucho lo que tenia planeado en un inicio que era matarla, que la salve, que impida que la mate. tambien me mata de tristeza que se pueda acabar la amistad de toda una vida de Anne y su mejor amigo y los demas.
    Cuando lei lo que dijo la hermana de Engel sobre lo de Rachel y las demas quede super Wow yo estaria igual detriste por eso.
    bueno no es mas sino que continues escribiendo estare esperando,
    esta genial, estoy espectante.
    bueno adios.

  14. angela says:

    Hola!!!
    soy nueva aqui, ley todos tus capitulos de corrido y te digo, !!!WOW!!! escribes muy bien, esta genial, redactas de una forma muy buena, y la historia es atrayente, muy interesante, ahora estoy con la intriga de que es lo que va a pasar.
    El personaje de Engel me fascina, es hermosa su forma de ser, anque es arrogante y bipolar como lo dice en la historia, es arroyadora, simplemente un personaje genial, esa es su escencia porque ademas tambien es tierno, cuando se lo propone. En cambio su hermana esta hecha de maldad pura, pobre Anne, enserio estoy esperando que escribas el proximo capitulo, lo deseo enserio.
    Cuando la hermana menciono lo de Rachel y las demas quede re "Enserio? no puede ser" yo tambien hubiera reaccionado como Anne.
    Deseo de verdad que Engel se vuelva bueno y lo que siente por Anne, si todo era cierto, lo haga ponerce en buen camino y la salve de su hermana, que no la deje morir.
    Bueno, espero escribas pronto, chao.

  15. Anónimo says:

    soLo una pregunTa q es Lo q dice EngeL — Ielrá o stume phroire —Lo vi sonreír con arrogancia.....Me prOdrias ExpLicar >_<

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