¿Quien imaginaría que algo tan hermoso pudiera ser tan peligroso?
¿Qué harías si tu vida está en manos de un enemigo desconocido y no lo sabes?
Y...
¿Si descubres que lo deseas mas de lo que pensabas?
Amar nunca será un pecado pero siempre será un problema.
Bueno al fin colocaré algunos de los premios que me han dado (los que no coloque es porque se me perdieron xD), y apartir de hoy no podré entrar con la misma frecuencia que antes (pero seguiré subiendo capítulos) por eso les dejo mi herencia jajaja, premios!
Gracias a todos los que me los dieron, gracias por considerar mi blog y también gracias a quienes leen y siguen esto.


Requisitos
1) Agradecer a la persona que te lo envió
2) Decir que pareja, ya sea de libro o película, te gusta más.
Em… una pareja… pues… no se xD
Tal vez una de mis parejas favoritas es… Romeo y Julieta, ya que de su historia de amor se han derivado muchas otras parejas…
3) nombra a tu amor imposible (famoso si, no queremos que se peleen con sus novios por esto)
-Alice Cullen *o* mi hermosa vampiro pixy
4) Cita una escena de amor de tu libro favorito
-No tengo una escena de amor favorita de algún libro, pero me gusta la escena de Titanic entre Jack y Rose… si… me agrada esa película.
5) Blogs Premiados
Ann - http://angeloanaphoenix.blogspot.com/
Maysu - http://proyectomaysu.blogspot.com
------------------------------------
Premio Meme

Premio otorgado por Iza de Criaturas de
Para poder dar el premio tienes que hacer lo siguiente.
Aquí están las condiciones: Colgar el premio en tu blog.
1-Agradecer a la persona que te dio el premio.
2-Concederle el premio a 7 blogs y explicar por qué les das el premio,
3-Colgar los requisitos en tu blog para la persona/s a la/s que le/s concedas el premio los cumpla/n.
4-Dedicarle el premio a alguien.
Dedicado a Jae, Fran, Alex y Marce.
5-Agradecer a todos aquellos que visitan y siguen tu blog.
Por supuesto, muchas gracias, se lo merecen por soportarme y regalarme un poco de su tiempo leyendo mi historia.
Blogs Premiados.
http://elmundodehanna.blogspot.com/
------------------------------------------------------
![[Premio+7+cosas+raras+sobre+m%C3%AD.jpg]](http://1.bp.blogspot.com/_wHeeaa8yh5M/Sgi7RZiJrxI/AAAAAAAAAFk/V7A7KZlS26M/s1600/Premio%2B7%2Bcosas%2Braras%2Bsobre%2Bm%25C3%25AD.jpg)
Gracias a Analieta por el premio
Premio 7 cosas raras sobre m:
Soy el rey Christopher Alexander Hersheys Nestle I de mi reino de chocolate (que no les diré donde está) :D
Soy Vampiro
Me gustan los gatos y tengo uno que se llama Cork pero estuvo a punto de llamarse “gato”
Me gusta jugar Rol y ser el malo
Hubo un momento en el que era adicto a los ositos de gomita pero no me gustaban los ositos verdes y los lanzaba en clases.
Tengo instintos asesinos
Marce y Fran.
-------------------------------------------------
Estos premios son para todos los que leen y siguen Sueños Rotos
Gracias a Hanna (http://elmundodehanna.blogspot.com) por ellos.

PREMIO PEDAGOGÍA DEL AFECTO
PREMIO EDWARD
PREMIO MARIPOSAS AL BLOG AMIGO
PREMIO VIOLETA
PREMIO CORAZÓN QUE LATE

PREMIO VAMPIRE CROWN
Reglas:
1-Seleccionar 4 Blogs que fomenten este género, bien sea de Forma literaria (información, novela, Fan Fic) o bien hablando de películas & Series.
2-Avisar al Blog elegido para que venga a recoger su premio.
3-Poner un enlace de los Blogs elegidos y a ser posible, razón constructiva de por que en tu opinión son merecedores del premio.
Reglas:
1. Agradecer a la persona que te lo esta otorgando y colgarlo en tu blog
http://notodosetratadehistoriascuerdas.blogspot.com/
2. Otorgar el premio a 4 Blogs
3. Explicar el porque se lo otorgas
Estos premios son para:
http://heaveninhellsaga.blogspot.com/
http://322bandofwitches.blogspot.com/
http://legado-shader.blogspot.com/
-----------------------------------------------
Gracias a Ann de http://angeloanaphoenix.blogspot.com/ por estos premios.
Premio Olha que blog Maneiro!

1-Exhibir la imagen del premio"Olha que blog Maneiro"
2-Poner el nombre del blog que te lo dio.
Etto... no lo recuerdo ^^
3-Indicar 11 blogs preferidos, avisarles.
Premio "Luna de Fuego"

Reglas para recibir el premio Luna de Fuego:
1 Pegar el premio y sus reglas en tu Blog para que aquellos que reciban el premio puedan cumplirlas.
3 Agradecer al Blog que te lo mandó.
Premio Let's be Friends

"Blogs that receive the Let’s Be Friends Award are exceedingly charming. These kind bloggers aim to find and be friends. They are not interested in self-aggrandizement. Our hope is that when the ribbons of these prizes are cut, even more friendships are propagated. Please give more attention to these writers. Deliver this award to eight bloggers."
Premios para:
Marce: http://al-caer-la-noche.blogspot.com/
Fran: http://manyatika-fantazia.blogspot.com/
Isha: http://www.ishamiblog.blogspot.com/
Estrella Negra http://lokurasenlasestrellasylaluna.blogspot.com/
------------------------------------------
^^PREMIO DELIRIUM
ESTE PREMIO SE LE OTORGARA A LAS PERSONAS Q NOS HACEN DELIRAR, YA SEA POR SUS HISTORIAS, POEMAS, CUENTOS, DISEÑOS DE BLOG O POR Q SON UNAS PERSONAS INCREIBLES!!!
REQUISITOS:
1.-MOSTRAR EL PREMIO EN TU BLOG
Publicado ^^
2.-AGRADECER A
Muchas Gracias a Marce e Isha
3.-DECIR TU MAYOR DELIRIO O TUS DELIRIOS
El chocolate! Y la sangre!
4.-DECIR TU PEOR DELIRIO
Lanzar a mi gato de la azotea por diversión xD
5.-OTORGARLO A LOS BLOG Q TE HACEN DELIRAR
http://arae-recopilaciones.blogspot.com/
http://notodosetratadehistoriascuerdas.blogspot.com/
http://angeloanaphoenix.blogspot.com/
http://proyectomaysu.blogspot.com
Y también me hacen delirar Fran, Alex y Marce xD
9
Prohibido
Sucedió.
La noche de halloween, fue, entre tanto el mejor de mis sueños y al mismo tiempo la peor de mis pesadillas, pero todo había sido real. Aún podía sentir ese fuego incandescente en mi cuerpo añorando con deseo los labios de Engel Jackocbsob, su sabor merodeaba en mi alma, acallando los gritos de súplica sobre la insistencia de su cercanía, el aroma de su cabello, de su piel, no podían ser olvidados pues eran tan embriagantes como un perfume inaccesible, único en su especie; y, a pesar de la repentina frialdad que se depositaba en mi corazón, estaba feliz.
A la mañana siguiente, no hubo desencanto alguno de que todo había sido una ilusión; sin embargo, tenía pánico a un nuevo rechazo, no estábamos atados a ningún compromiso y él podía decidir que todo había sido un juego y que, en tiempos presentes cosas como noviazgos formales ya no existían entre las juventudes que mas que nada preferían una “aventura” de distracción en sus miserables rutinas diarias, que tonta de mi por aún vivir en un mundo conservador esperando en la torre mas alta del castillo a que mi príncipe azul llegara a declararme su amor eterno, —o en un pensamiento mas maduro— ser verdaderamente amada.
Mi mente viajaba atolondrada de un lado a otro, de recuerdo en recuerdo, entre lo positivo y lo negativo, entre el disminuido espacio que nos separaba a Engel y a mí. Ya no había barreras, habían sido derrumbadas como el muro de Berlín, y éramos, por fin, libres y cercanos.
Paso tras paso, escalón tras escalón en el camino hacia mi nuevo purgatorio o mi desconocido paraíso, recorrí con temor y una leve osadía por el lugar que me llevaría a deshacer cualquier incógnita, a conocer cualquier clase de verdad o darme cuenta de cuan mentiras engañosas se habían deambulado la noche anterior. Mientras subía las escaleras que dirigían al aula de Historia, pensaba en lo que iba a pasar después de esa clase, que desconocido se mostraba aquel futuro cercano; mi corazón latía muy rápido a causa del nerviosismo y dio un vuelco cuando entré en el salón de clases y lo vi, sentado en el lugar que siempre ocupada delante de mí, tan guapo, tan perfecto como cada día y podría parecer aburrido pensar siempre de la misma forma, además, era un ser detestable superficialmente lo que marcaba sus miles de defectos escondidos tras su pulcra máscara, pero, así era él y no había remedio. Afortunadamente, no tuve tiempo de entablar conversación con mi extraño verdugo, pues el señor Lafter entró rápidamente detrás de mí, al fin encontraba el lado positivo de que el señor Lafter fuera puntual y amargado. Me apuré a llegar a mi lugar; yo no quería prestarle atención, no quería mostrar alguna señal de recordar los acontecimientos preliminares, pero cuanto mas te empeñas en no hacer algo, lo haces, como un acto natural, un instinto de ir en contra de lo que se dicta, y, así, pugnando mi revolución, mi mirada se desvió un poco, necesitaba verle con urgencia; nuestros ojos se encontraron por un instante muy corto, los suyos ya no era de un rojo ardiente, de nuevo eran grises y hermosos, un líquido plateado sin fondo. Esbozó una sonrisa torcida antes de desviar la mirada hacia el lado contrario lanzando un bostezo a la ventana mientras la observaba distraído.
Decepcionada, tal vez esperando algo más y a la vez no, me tumbé sobre mi asiento, abatida, anticipando ya el rechazo que se acercaba cada vez mas. Dicen que soñar no cuesta nada, pero ¿Llamarías nada a un corazón roto?
Saqué mi libreta de apuntes para garabatear cualquier puñado de trazos amorfos sobre la hoja, alguna clase de distracción oblicua que intentara ocupar un trozo de aquella mente regalada a un solo pensamiento.
Lafter pasó lista y después empezó a regresar personalmente los últimos ensayos que había pedido, de los cuales no había entregado ninguno por culpa de Engel, sin mas; clavé con fuerza la punta del lápiz sobre la hoja, mis notas estaban disminuyendo y solo él era la única razón, no me dejaba dormir bien, me secuestraba en horas de clases y toda mi atención la acaparaba de forma egoísta; era demasiado frustrante, porque se trataba de una de esas situaciones en la cual el culpable no tiene la menor idea de que lo es —o lo sabe pero no le importa porque su cerebro parece esponja y todo lo hace bien— y por tanto, no tienes derecho alguno a reclamarle.
—Excelentes ensayos, señorita Crawforth—dijo Lafter cuando llegó hasta aquel rincón del concurrido salón de clases.
Por un momento pensé que se mofaba de mi irresponsabilidad, pero no se trataba de eso; me entregó un par de juegos de hojas y le miré perpleja preguntándome si me hablaba a mí, era una cuestión tonta ya que no había otra Crawforth Anne por ahí.
—Gra…cias—me limité a decir y noté como mi voz denotaba la confusión.
Observaba, incrédula, el inconfundible nombre escrito sobre la parte posterior de la hoja, con letra redondeada y pequeñita y un pobre estilo caligráfico, era mía, sin duda. No me negaba al pequeño milagro, pero era un raro misterio, pude haberlos hecho sin darme cuenta… y ahora deliraba. Genial.
Algo tocó mi rodilla derecha con dos ligeros golpecitos, me sobresalté y miré por debajo de la mesilla, era la mano de Engel que se asomaba discretamente por el lado que tocaba la pared, volvió a picar mi rodilla con su dedo, ahora de manera urgida, y, extendiendo su mano dejó ver un pequeño trocito de papel; extrañada, lo tomé y antes de abrirlo me percaté que Lafter no se encontraba al acecho. Al diablo los ensayos.
Lo abrí silenciosamente extendiéndolo sobre mi cuaderno abierto; su fina letra afilada ocupaba una parte pequeñita del papel y no había ningún mensaje que se notara importante, de hecho, todo era nada.
“Hola.”
Esa simple palabra me provocó algo parecido a la histeria.
Le di la vuelta con desesperación, esperando que dijera algo mas, no podía ser solo hola y ya, pero tenía que aceptarlo: solo cuatro letras había allí. Tomé mi lápiz y escribí alguna respuesta.
“Hola (? Qué pasa ahora?”
Eché otro vistazo alrededor y vi a Lafter al frente iniciando la clase, hablaría un rato mas sin prestar verdadera atención, el campo de batalla era seguro. Enrollé el trozo de papel y con la punta de mi dedo toqué el hombro de Engel, él pasó su mano por un costado y dejé el papel ahí; la mano se desvaneció ágilmente y cuando acordé ya escribía una respuesta. Me devolvió la notita nuevamente.
“Nada. La clase de historia es aburrida”
Volví a escribir.
“Mmm un poco bueno en realidad mucho.”
“Jaja”
“Solo esto? Que ingenioso y comunicativo estas hoy *sarcasmo*”
“ “¿*Sarcasmo*?” ni siquiera por escrito te va tan bien como a mí. Volví a ganar.”
“Volvemos a pelear?”
“No estoy peleando. ¿No vez mi sonrisa? =( jaja”
“Ooooh claro, es tan eufórica *mas sarcasmo*”
“Annette Zaphir Crawforth… tenemos que hablar”
¿Cuándo la conversación ilegal de notitas tomó aquel giro tan drástico? Dejó de ser divertida y mostré los síntomas de un claro ataque de Xenolumbrifobia. Mi corazón empezó a retumbar y el lápiz tembló sobre mis dedos.
“De que?”
La letra ya arruinada, se estropeó. Pensé bien antes de reenviar el mensaje, mi curiosidad quedaba entre un hilo delgado a causa de mi temor, pero era difícil decidir cual era mas grande y mas dominante, probablemente el temor, pero, cuando este estaba a punto de hacer gala de su especialidad (la cobardía) el papel se deslizó brucamente entre mis dedos; me sobresalté inmediatamente al mismo tiempo que maldecía y levantaba la mirada, sin embargo, no sabía si tenía que estar preocupada o agradecida de que aquel momento se prolongara un poco mas.
Sosteniendo con furor el mensaje, el señor Lafter leía línea tras línea todo lo que habíamos escrito, su mandíbula temblaba de rabia y cuando terminó de leer dobló el papel y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta. Nos miró como si le hubiéramos ofendido de la peor manera, y, al mismo tiempo se mostraba extrañamente decepcionado de ambos.
— ¿Así que mi clase les parece muy aburrida? —preguntó con malicia al mismo tiempo que se acomodaba las gafas sobre el punte de la nariz.
Negué con la cabeza, estaba un poco divertida respecto a la situación y por aquello decidí que abrir la boca no sería la mejor idea si no quería soltar una carcajada.
—Si—demandó Engel con vehemencia.
Remití mi risa ante el asombro de tal desfachatez; no todos los días alguien se revela contra “la autoridad”, no era la única que lo pensaba, los demás estaban expectantes, inmersos en cada movimiento pasando sus ojos de Lafter a nosotros y de nosotros a Lafter.
Una vena en la sien del profesor empezó a palpitar peligrosamente y su rostro se tiño ligeramente de rojo, sus muecas y gestos rábicos no presagiaban nada bueno, pensé que pronto se pondría morado; necesitaba urgentemente cinta adhesiva para taparle la boca a Engel para que no dijera otra tontería que nos costara la vida a ambos, nunca se sabía hasta donde podía llegar un profesor obsesivo y psicópata que ha leído mucho sobre guerras y asesinatos, torturas y civilizaciones sanguinarias.
— ¡Fuera de mi clase! —Bramó Lafter furioso.
Fue mejor de lo que pensé.
Tomé mis cosas y las metí al azar dentro de la mochila; hablando con sinceridad, ser echada de la clase de historia era mas bien un premio beneficioso que un tremendo castigo. ¡Bah! ¿A quién le importaba historia? A mi no.
Me puse de pie y seguí a Engel que caminaba despreocupado. Bajamos las escaleras en silencio, pensaba muchas cosas que decir, pero las palabras no salían porque no iban a ser capaces de transmitir nada, también otra buena alternativa era echarme a reír, soltar locamente a la nada frenéticas carcajadas propias de una mente psicópata, estaba nerviosa, obviamente, y, la risa siempre ocultaba aquella debilidad o la engrandecía, dependiendo la forma en como mi receptor la captara. Al final no me armé de valor para hacer nada, más que para prolongar dicho silencio presente.
Fui un par de pasos por detrás suyo, emergida del todo y de la nada; al pie de las escaleras esperó paciente el termino de mi tramo, con expresiones adustas observando cada detalle en la decoración escolar, del ambiente que nos rodeaba, como cazador analizando su terreno, pero, al mismo tiempo no prestaba verdadera atención a nada en especial; Engel se mostraba ausente y presente al mismo tiempo, avasallado por sus propios pensamientos que yo desconocía e invisibles eran incluso en su mirada o sus indescifrables facciones. Mis pies tocaron el suelo, dirigida hacia él me quedé y su mano buscó la mía, sus dedos, largos y fríos se entrelazaron con los míos que estaban aún más fríos que los suyos, ese contacto anhelado produjo un calor abrasador que recorrió cada centímetro de mi cuerpo y el frío se esfumó por completo.
Fue hasta entonces, viéndome aferrada a lo que más quería, cuando la pregunta importante volvió a rondar en mi cabeza. ¿Había significado algo?
La respuesta no llegó en el momento que fue solicitada.
No dirigió sonrisa alguna que me dijera a que punto de confianza habíamos llegado, que me diera una pista de lo que estaba ocurriendo, que me hiciera entender que pasaba ahora entre nosotros dos. Tampoco hubo palabras… solo estaba el tacto cálido de su mano envolviendo la mía, solo era aquel acto sumiso de amor lo que albergaba esperanza alguna en cualquier sueño que se mantuviera presente, cualquier sueño que se prolongara irrumpiendo en la realidad, feroz y mordaz.
Caminamos con pasos moderados por los pasillos y la actitud silenciosa seguía siendo la misma, fría como la mañana de hoy y frías se volvían mis esperanzas al no mostrar seguimiento sobre mis ideas, al parecer había olvidado todo hecho anterior, incluso, desconocía si me había olvidado ya. Mi mirada se quedaba perdida en el vacío, allá en un punto fijo del horizonte, mis ojos veían, mis oídos escuchaban, pero, solo percibía un entorno borroso y lejano, sonidos distantes e insignificantes; Engel, el chico en quien menos debería confiar mi vida y mi alma, era, mi único guía a donde sea que nos dirigiéramos. No mucho tiempo después noté que mis pies se detenían espontáneamente, porque él así lo quiso; habíamos llegado y no sabía donde estaba, desconocía aquel lugar por completo, no obstante, la libertad presentida y esos aromas de ensueño me eran familiares, pero seguía permaneciendo adversa sobre que lugar era aquel, y, me abstuve de girar mi cabeza para reconocer, él podría borrarse de ahí si me descuidaba por un momento; era mí momento, es que era tan bello como un sueño, tan hermoso como una cruel y masoquista fantasía.
Sus ojos estaban sobre los míos, poseyéndome con la penetrante mirada, armando su fortaleza, debilitando la mía; no podía romper su contacto visual, aunque, intimidante se volvía cada vez más terrible; férreo y despiadado príncipe de mis tinieblas.
Una gota de agua congelada recorrió lentamente mi mejilla e hizo arder aquel camino que había marcado. Titubeante, levanté aquella mano que no estaba a merced de Engel para apartar la fría gota, y, al llegar al punto donde el frío y el calor se unen, mis dedos chocaron no con el agua imaginada, si no con dedos fríos que en caricias me atendían. Rompiendo mi precioso instante de contacto visual analicé su rostro de sonrisas interrumpidas y severidad preocupante, frunció su ceño no en significado del enojo (que razones no tenía), si no en la especie de gesto preocupado que no entendía. ¿Por qué algo mortifica a mi ángel?
— ¿Estas molesta conmigo?
Aquella voz tan hermosa, más maravillosa que nunca, canto de los querubines, anunciación de los pecados rompiendo ofensivamente el sepulcral silencio que nos envolvía. Abandoné mis caóticos pensamientos entrando en un trance distinto; había sonado tan dulce y limpia, pudo ser un murmullo pero fue tan clara y enrollada de ternura que mi corazón se enterneció y se aferró más a él, ahora más que nunca me negaba a perderlo.
—No—solté casi sin aliento— ¿Debería estarlo?
—No lo se—masculló, otra vez con ternura, jugando con un mechón de mi cabello—quizás yo…
Alcé mi rostro y vi aquellas facciones corrompidas por un dolor insufrible tan exquisito y diferente que me alcanzó en cuestión de segundos como fuego traicionero que se propaga en todas direcciones durante un incendio descontrolado o el agua que se desemboca de un río durante una fuerte tormenta; los vellos de mis brazos se erizaron, solté su mano y deshice cualquier atadura que me mantuviera sobre él, solo eran mis ojos incapaces de dejar de ver aquel rostro devastador cuando retrocedí.
—Lo que pasó anoche... —empezó a decir de nuevo con voz baja.
Tuve la impresión de que cualquier cosa que intentaba salir de sus labios lo ahogaba en desesperación y me sentí completamente egoísta.
“No te lastimes temiendo lastimarme”
—No significa nada—me apresuré a decir.
Me sorprendió la seguridad que mi voz transmitía, un aire despreocupado como si no me importara aquello que mas me importaba ahora. Fingir puede ser fácil, la vida que viene después es mucho más difícil.
Pero, me resultaba más sencillo afrontarlo cuando lo decía yo, porque si hubiese salido de sus labios habría sido como si el mundo entero cayera sobre mí.
— ¿Qué?—Unas arrugas surcaron su frente y agachó la mirada.
El orgulloso Engel Jackocbsob parecía indefenso y derrotado. Con un paso vacilante se acercó otra vez a mí, tomó con ambas manos mi rostro pese a la resistencia que quise poner ¿Por qué me hacía esto? No alzó su mirada para desprotegerme de mi testarudez y porfía, no se atrevió a combatir contra mí para bajarme de mí nube con palabras burlescas e ironías hirientes.
—Te odio—gruñó apretando los dientes.
Mis extremidades se contrajeron tensas y temblaron como sus manos en torno a mi rostro.
Solté una risita nerviosa y sin poder deshacerme de su abrazo miré hacia otro lado.
—Eso no es nada nuevo. —dije con voz entrecortada entre las risillas.
— Esta vez es diferente. —concretó seriamente. Me resultaba sorprendente que a pesar de dejar a relucir aquel sentimiento intachable, su voz seguía rebozando en la ternura y la dulzura— ¿Sabes porque te odio? Porque estas entrometida donde no deberías, siempre, siempre… siempre. Desde anoche que dejé de ver tus hermosos ojos, sentí como si la luz de las estrellas se hubiera extinguido. Porque ya no me soporto a mi mismo cuando estoy lejos de ti, me casé de pelear contra algo inútil. Lo peor es que no entiendo lo que pasa; me confundes y no me gusta, siento… cosas extrañas, nuevas ¡No las entiendo!
Al escucharlo me quedé sin aliento, sus palabras aunque atropelladas iban encerradas en sentimientos únicos y especiales, no obstante, su rostro seguía mostrando sufrimiento y dolor alguno. Atónita, emití un suspiro sin saber que hacer, como actuar, porqué hacerlo. ¿Cuál era mi ideal?
Liberó la presa de sus manos sobre mis mejillas que ardieron cuando el viento gélido las besó y extrañaron el tacto cálido de esas manos tersas. Se alejó con tal rapidez que apenas me di cuenta que se había movido, y, ahora yacía sentado en una banca con los codos apoyados sobre sus muslos cubriendo su cara con ambas manos. Únicamente, con él a la lejanía noté que hacía mas frío del que pensaba, el viento se colaba en todas direcciones combinando aromas silvestres y jugó con mis cabellos haciéndolos danzar libremente al aire; sacudí un poco la cabeza para salir de mi ensimismamiento y lograr encontrar la compostura. Todas mis extremidades temblaban, ya no era el frío solamente si no la incertidumbre de aquel momento crucial, mi corazón reclamaba paz mientras palpitaba rápido y más rápido.
Me sentí curiosamente extraña plantada a medio camino, en el jardín trasero, lejos de un Engel trastornado, por primera vez débil. El escenario hacía poca justicia con sus pocos árboles carentes de hojas y el color gris rojizo del ambiente.
El destino seguía reticente a mostrarse, inflexible y distante atormentándonos esporádicamente entre minuto y segundo, entre cada paso hueco que daba para llegar hasta él. Sonidos amortiguados obra de mi imaginación o reales y dolientes como dagas afiladas. No era capaz de salir huyendo porque estaba tan conmocionado que tenía inmensas ganas de abrazarlo y decirle que todo estaba bien, que si lo quería jamás lo dejaría y si lo deseaba saldría de su vida para siempre o que podríamos estar juntos para entenderlo todo porque yo tampoco entendía muchas cosas y con el paso del tiempo todo sería mas claro. Podría gritarle —pero no lo haría— que lo necesitaba, que lo quería por razones estúpidas, que me obsesionaba inevitablemente, que podía seguir viviendo sin él pero que sería terrible…
Un jardín que se acercaba mas a la muerte que a la vida, el gélido viento de otoño que calaba en los huesos y un cielo oscuro sin sol, eran los únicos testigos de que sin ser capaz de dar marcha atrás, me había enamorado perdidamente de Engel Jackocbsob.
Alzó la mirada y me contempló como si fuera la primera vez que me veía; el instante perturbador había terminado y compuso su rostro nuevamente con gestos adustos y sombríos, sonrió fríamente y su sonrisa cuadró perfectamente con el sadismo que reflejaba en su mirada. Detuve mis pasos fluctuantes en seco, admirando la expresión psicópata que había devorado el dolor y la desolación, intrigada por la seguridad arrogante y obscena que mostraba. ¿Se estaba burlando de mí?
La respuesta no llegó de ninguna manera.
Arqueó una ceja, como si se preguntara que demonios estaba haciendo parada en medio de la nada, observándole como bicho raro.
Con gesto grácil y elegante levantó su brazo y tendió su mano al aire, invitándome a su encuentro. Vacilé, pero después, apremiante, anduve a su encuentro, tomé su mano y mi corazón ardió de pasión y deseo.
No había palabras, pero las acciones y las miradas lo decían todo, absolutamente todo; yo necesitaba de él y podía decir que él de mí. La decisión estaba planteada y se desenvolvía libremente en las volutas engañosas del destino.
Tomándome con la facilidad que siempre lo hacía y me envolvió con sus fuertes brazos, acunándome y protegiéndome de todo como si hubiera tomado repentinamente un trabajo de ángel guardián.
—Eres solo mía—susurró a mi oído después de un prolongado silencio. El abrazo se volvió más fuerte e irrompible.
— ¿No me dejarás? —pregunté con temor.
—No. Estaré contigo —dijo seguro de sí mismo. —Hasta que la muerte nos separe.
Sus labios tocaron mi frente y se quedaron ahí por minutos, entonces confié en él.
Hasta que la muerte nos separe.
Sonaba a eternidad, algo que aún se veía a la lejanía, tan lejano y simple que apenas parecía un reflejo nítido entre vaporosa neblina, y, aunque no podía evitar pensar que era una mentira me dejé llevar por lo que jamás quería que terminara.
Me quedé con la cabeza recargada contra su pecho y sus brazos rodeándome en un ademán cálido y protector.
El tiempo corría. Tic tac, tic tac, el reloj; tum… tum… latidos de corazón.
Una estridente carcajada enloquecida rompió la pasibilidad rítmica de nuestros corazones que latían juntos, al mismo compás; me sobresalté al darme cuenta que el origen del frenesí provenía del pecho de Engel y el sonido lo emitían sus cuerdas bucales, me incorporé y giré un poco, terminé deslumbrada con sus gestos risueños, nunca pararía de tener ataques bipolares, ya no sabía si aquellas reacciones repentinas eran divertidas o peligrosas. Un poco de ambas, tal vez.
Lo observé con la curiosidad que un niño observa un maravilloso fenómeno nunca antes visto, y después, contagiada por sus carcajadas me eché a reír.
Ipso facto, se puso serio de nuevo, callando de manera sepulcral.
— ¿De que te ríes? —preguntó impasible.
Cerré mi boca y llevé los dedos a los labios tratando de remitir la risa que parecía no querer cesar.
— ¿De que te ríes tu?
—Yo pregunté primero. —frunció el ceño a la defensiva.
—Yo me reí después. —contradije retadoramente.
—Pero yo estoy loco y… los locos se ríen solos.
—Pues yo también debo estar muy loca. —Mi sonrisa se amplió al recordar algo— ¡Si! Estoy tan loca que te asesinaré en cualquier momento.
Su seriedad imperturbable se rompió con otra carcajada, la cual debo admitir, no fue tan enloquecida y escalofriante como la anterior.
De un salto me lancé sobre su cuello, busqué su garganta imitando “elegante” salvajismo y gruñí bajito como tigre hambriento, hundí mi nariz en su cabello recibiendo de golpe un aroma embriagante y elocuente que hizo marchar y volver mi mente a un mundo desconocido; sus caricias endebles musitaron sobre mi cuerpo, cerré los ojos jadeando de placer jugueteando con aquellos mechones azabache de textura de seda y mis labios buscaron un curso hasta su oreja mordiéndola cariñosamente. Engel se quedó inmóvil sin deshacer nuestro abrazo, conteniendo risas y suprimiendo placeres para seguir mi juego con el dramatismo que este requería.
—Oh—mustió divertido entre murmullos seductores, envueltos en pasión desenvuelta— ¿Por qué me ocultaste tu secreto?
—Porque sabía que me rechazarías por lo que soy, que tal vez me temerías y no querrías saber de mí. —murmuré a su oído.
Se quedó firmemente inmóvil, como una estatua, el latido de su corazón se detuvo por unos instantes.
—Pero jamás daño a lo que amo—insistí besándole el cuello.
Bajó sus brazos hasta mi cintura y me apartó del regalo que era su cuerpo, cerré mis manos con fuerza sobre sus hombros, no me di cuenta como había llegado hasta ahí, con mis rodillas reposando sobre sus piernas.
Sus ojos clavados en mí, sombríos de nuevo, mí mirada llena de reproche, rabiosa y reclamante.
—Has leído demasiado sobre Anne Race—soltó fríamente entre dientes. Su sonrisa torcida se pintó de amargura— Los monstruos no existen.
—Solo tu ¿verdad? —pregunté con sarcasmo.
Al ver su expresión me di cuenta que no quería seguir jugando y súbitamente me aparté para dejarlo respirar.
—Tengo clase de Literatura—pugné poniéndome de pie—debo ocupar mi mente en otros autores que no se llamen Anne Race. Tal vez un poco de Charles Dickens me hagan estar mas en la realidad.
Efectivamente, se me hacía tarde para ir a Literatura y tenía que darme prisa; recogí mi mochila que había quedado en el suelo olvidada cuatro metros más allá y le lancé una mirada ofendida a Engel; no dijo absolutamente nada y yo tampoco lo hice, ni esperaría que lo hiciera si no quería, era su vida, sus asuntos y haría con todo eso lo que se le viniera en gana.
Las preguntas me invadieron una vez mas, aterrorizándome, contribuyendo a la tristeza y la furia de mí ser, preguntas que con displicencia dramática evocaban dudas dolorosas.
—Lo mejor que puedes hacer es alejarte—mi chiflada conciencia al acecho. —Jackocbsob no es lo que te conviene…
Gruñí haciendo todo lo que estaba en mis manos para ignorarla, su voz se estaba volviendo insoportable.
Con pasos fuertes y furibundos me interné en el pasillo del edificio que me llevaría a mi siguiente clase; por órdenes de mi vanidoso orgullo, me mordí el labio antes de respirar profundamente para mantener en apariencia una máscara de fortaleza, impenetrable como muros forjados en hierro.
—Lo siento
Un escalofrío recorrió mi columna y me estremecí discretamente, no tenía idea de cuanto tiempo llevaba caminando a mi lado, sus pasos eran inaudibles y él tan sigiloso como un fantasma.
Me esforcé por parecer inmutada antes de hablar.
—Creo que deberías pensar mejor lo que estas haciendo—dije mientras seguía avanzando
—No dudo de lo que siento por ti—objetó, parecía sincero.
—Tengo que entender mucho de ti y tú de mí. —recalqué. Mi voz se hacía más fuerte como cada paso que daba al subir los peldaños. —Es que es ridículo; tal vez fue un error, ni siquiera nos conocemos bien. Sinceramente nos odiamos.
Rió entre dientes. ¿Cuál era la gracia?
—Dicen que del odio al amor solo hay un paso.
Se encogió de hombros.
— ¿Tú crees en eso? —inquirí tajante.
—No se; antes el ser humano no creía que la tierra era redonda o que girábamos alrededor del sol. ¿Tú crees en el amor a primera vista?
Fugaces fueron sus movimientos que apenas pude darme cuenta de cuan rápido había llegado a quedar de espaldas contra la pared, me envolvió en una cárcel que hizo con ambas manos apoyadas en el muro, sus ojos taladraron los míos con profunda intensidad, esos hermosos ojos grises que encontraban mi vulnerabilidad para jugarla a su favor…
—No. —sentencié apenas en un suspiro. Tomé aire. —Pero después de ti creo que los sueños y las pesadillas pueden hacerse realidad y que abusar el consumo de chocolate puede provocar una grave enfermedad mental. Deberían encerrarte en un psiquiátrico… aunque después tenga que ir por ti…
Se rió y apartó una mano de la pared para hurgar en uno de los bolsillos de su pantalón, sacó dos pequeñas barras de chocolate que encaró frente a mí y luego dejó una sobre mi mano.
—Disfrutemos juntos de la locura. —suspiró sobre mis labios.
Depositó un beso en mi frente y se apartó pocos segundos antes de que profesora Parker pasara a nuestro lado.
—Te veré en el almuerzo.
Asentí y él espero ahí hasta que hube entrado en el aula despidiéndome con un movimiento de mano.
Mis ojos recorrieron cada línea de las primeras hojas del amarillento y desgastado libro que tenía en mis manos, sin embargo, mi mente se hallaba mas allá de cualquier libro, no era capaz de despertarme ni el sonido al pasar las hojas que era un sordo susurro afilado, ni el aroma húmedo y mohoso del estante donde había permanecido guardado; de pronto, me daba la impresión de que todas las fantasías contenidas entre las hojas empastadas en gruesos volúmenes se habían desbordado de éstos textos y rondaban alrededor de mí mas reales que nunca.
No recordaba la última vez que esperé con tanta ansia el almuerzo; Literatura fue corta a comparación de cálculo que se volvió un infierno con sus integrales definidas, casi salí corriendo cuando el timbre dijo que la clase había terminado.
— ¿La pasaste bien anoche… con Valerie? —Le pregunté a Travis que venía a mi lado.
Hoy mi amigo no sonreía como de costumbre, las facciones de su rostro además de hostiles y duras, le daban un aspecto cansado, exasperado y un poco hastiado de quienes le rodeaban.
—Si—respondió cortante— ¿Qué hiciste con Jackocbsob? ¿Se besuquearon en su habitación?
Me quedé boquiabierta, su tono de voz, huraño y burlón me molestó un poco, no era la clase de humor ligero que siempre le acompañaba y el significado de sus teóricas preguntas tomó un doble sentido ofensivo.
Respiré hondo, mantuve la tranquilidad; sopesé la posibilidad de haber imaginado la forma en que había expresado “sus dudas” porque ese no era el comportamiento natural de Travis.
—Algo así—contesté y sentí como la sangre se quedaba estancada en mis mejillas ardientes. —y podría decir que somos… novios. Bueno no estoy segura.
Y aquí estaba, caminando hacia mi clase de física confesándole (contra mi orgullo) a mi mejor amigo (el cual no estaba de mejor humor) que él siempre tuvo la razón. No era molesto en realidad, Travis era la única persona que se me ocurría para contar todo aquello que sentía (aunque muchas veces me viera censurada), pero si se trataba de algo que quisiera decir él tenía toda mi confianza, sería capaz de confiarle hasta mi vida; probablemente ahora la decisión que había tomado sobre Engel era equivocada y aunque así fuese me iba a apoyar; pero, la situación dio un giro de 360° sin advertencia inmediata.
—Deberías alejarte de él, Annette; luces tan ridícula a su lado…
Sus palabras desdeñosas me traspasaron como finas agujas.
—Si ya lo se. —Siseé. Mi voz se volvió agria.
—Lo digo en serio, es mejor que dejes su juego antes de que empiece; cuando se halla cansado de ti y divertido lo suficiente (como Michael), te dejará llorando patéticamente.
— Travis… ¿Por qué me hablas así? —dije con un hilo de voz.
Lo encaré deteniéndome en seco y tomándolo de la manga de su jersey para que se detuviera también; su cara lucía pintoresca entre amargura, sus expresiones ausentes y divagantes, sus ojos ya no poseían aquel brillo de alegría permanente y su sonrisa era más bien la buena imitación de algo cruel y funesto, disfrutaba echarme en cara el pasado que había permanecido intocable en algún lugar muy profundo de la tierra y hoy, precisamente hoy, había excavado las profundidades del suelo con sus garras mortales para encontrar aquella caja que juntos habíamos guardado supuestamente para siempre.
— Porque ya me cansé de ser tu pañuelo de lágrimas. Me aburres.
Mi mano deshizo el agarre de su brazo y Travis, con gesto asqueado terminó soltándose y alejándose a zancadas por el pasillo.
Me quedé plantada incapaz de moverme observando con la mirada perdida el lugar por donde mi amigo había desaparecido.
En física Drew se mostró tan hosco como en los últimos días, al igual que Travis, me lanzó miradas de resentimiento, que en otro momento no me hubieran importado lo suficiente, sin embargo esta vez fueron por completo dolorosas. ¿Qué estaba pasando? Acababa de ganar lo que quería, pero estaba perdiendo algo mucho más valioso: a mis amigos. Tampoco me veía haciendo nada por evitarlo y la impotencia sobrevino sobre la tristeza. Me desesperaba no saber que hacer. La clase fue mas tortura de lo que cálculo había sido, esta vez no por la espera ansiosa del almuerzo, de hecho ya no me importaba tanto, todo tenía que ver con la reversión del mundo, mi mundo. Por instantes quería que todo se detuviera como en la ciencia ficción, una paralización del tiempo y entonces, correr hacia atrás, hacia el pasado y cambiar lo que había hecho mal, recompensar a quienes había dañado y cambiar cualquier error, pero, por lógica era imposible y seguíamos avanzando hacia delante, teóricamente.
El tiempo no se detiene en un punto fijo, el tiempo es el peor enemigo de los hombres, pasa rápido cuando quieres que no lo haga y transcurre lento cuando quisieras que las horas fuesen segundos.
La puerta se abrió al final de la clase. No reconocía lo importante de lo ignorable y un sentimiento de desesperanza me embargaba simultáneamente, que no desapareció cuando vi a Engel esperándome, recargado contra la pared, despreocupado dando el aspecto de un maravilloso Adonis que cobró vida cuando una sonrisa torcida surcó su rostro; exhalé aire con un poco de alivio, tomando en cuenta que soledad no me acompañaba más y que podía marcharse a dar un paseo o hacer una visita temporal a alguien mas. Mis músculos se tensaron cuando su fuerza masculina oprimió mis hombros y rodeada de su brazo condujo a una ausente Anne hacia la cafetería, mi cuerpo estaba ahí, pero mi mente no, escuchaba el murmullo de voces que se avasallaban alrededor, las conversaciones animadas, las noticias relevantes. Todos eran tan felices y simples en apariencia.
—Anne… ¿me estas ignorando?
Parpadeé un par de veces y enfoque a mi perfecto acompañante sentado frente a mí, tan soberbiamente elegante con el entrecejo ligeramente fruncido.
Una mesa repleta de comida había sido interpuesta entre nosotros, el tenía un par de cubiertos en las manos y dejó caer con fuerza el cuchillo sobre el trozo de carne que comía; las sonrisas se esfumaron, sus gestos imprescindiblemente amables ahora severos se volvieron, transformando en un santiamén todo su semblante.
—Algo te preocupa—afirmó átono.
Y, así con rudeza pero al mismo tiempo dulzura dejó caer sobre mí todo el peso de su mirada, no lo soporté y me dediqué a observar las frutillas que había en mi cuenco; de colores claros, frescas, incluso alegres.
— ¿Soy yo? —Preguntó— ¿Aún piensas que es mala idea? ¿Aún no estas segura de lo que crees? ¿Sigues odiándome?
Acercó su mano y tomó mi mentón con firmeza, alzó mi rostro para que pudiera verle a la cara. Agachar la mirada: signo de debilidad. Yo era todo menos débil.
—Confía en mí. —Su voz vació toda su dulzura y la frialdad en su mirada se volvió un manta cálida y abrasadora—Cuando digo que te odio es porque te odio; cuando digo que seré bueno… es porque intentaré serlo; y, cuando digo que te quiero es porque te amo.
—No tiene que ver contigo—Suspiré. —Confío en ti—afirmé—mis inseguridades siempre estarán, pero quiero confiar… siento que debo hacerlo. Eres lo mejor que me ha pasado.
—Y tu a mí—sonrió y después rió ligeramente mientras me soltaba—Bueno… lo mejor después de la invención del chocolate.
Reí también. Engel era una excelente persona cuando se empeñaba en serlo.
Terminamos charlando sobre el clima y apostando sobre cuando sería la primera nevada de la temporada.
Las clases posteriores pasaron más rápido y el abrumador día escolar terminó con la mayoría de los estudiantes sabiendo que había algo entre el rumano Jackocbsob —de quien a pesar de tiempo transcurrido nadie le quitaba la vista de encima— y una chica insignificante de S4 cuyo nombre nadie recordaba.
Caminamos juntos por el aparcamiento a una peligrosa vista de todos y de su hermana que nos seguía detenidamente con su asesina mirada, parecía echar chispas y tenía que admitir que daba miedo verla.
—Podemos ir juntos—insistió Engel por cuarta vez cuando estábamos fuera de mi coche—Wright puede conducir este.
Mi estómago se contrajo de pena.
—Lo siento, pero esta vez no.
Me miró con ceño. Su expresión adoptó un gesto de niño ofendido, aunque no lucía para nada infantil.
—Mañana no podrás negarte.
—Ya veremos.
Me golpeó con sus dedos en la punta de la nariz, respingué cerrando los ojos como reacción y cuando los abrí ya tenía mala cara.
— ¿¡En este lugar nadie puede tener un poco de privacidad!? —saltó hastiado elevando la voz enfatizando cada sílaba.
Fue entonces que me percaté de las miradas que habían estado curioseando a nuestro alrededor, en ese momento muchos de los curiosos desviaron su atención hacia cualquier otro asunto improvisado, apenados por haber sido descubiertos in fraganti.
— ¡Gracias, muy amables!
Me reí con disimulo. Ese chico no tenía vergüenza de nada.
—Te veré esta tarde. —suspiró tranquilamente.
— ¿Ho…Hoy? —titubeé
—Si, hoy. —dijo como si fuera lo mas obvio.
Se despidió dándome un corto beso en los labios antes de que pudiera objetar cualquier cosa; una vez se hubo alejado las miradas curiosas se volvieron de nuevo hacia mí, yo, obviamente no tenía el valor, o la desvergüenza de hacer lo mismo que Engel, mas bien, mis actos eran cobardes y desesperados. Sentí que me ponía completamente roja y la única forma de huir era entrar en la seguridad del interior de mi auto, giré y logré abrir la portezuela después de varios intentos fallidos y maldecirla en voz baja por ser una tonta puerta. Salí del aparcamiento en una lucha mental para proteger mi salud mental; antes de desaparecer a toda velocidad eché una última mirada al Lamborghini y pude jurar que él me veía detrás de los cristales tintados, sonreí ligeramente y emprendí el viaje hacia Dunkeld, entre la felicidad, la confusión y la zozobra.
Cuando me acercaba a casa pude darme cuenta de que había una patrulla de policía aparcada fuera de la casa de los Green, el corazón me empezó a palpitar en son de alarma, aunque dudaba que algo malo hubiera pasado de verdad, tal vez Justin se había metido en problemas, otra vez; recordaba no haberlo visto en clase de Química ni en ninguna otra y desde el sábado pasado deseaba volver a entablar una conversación con él, en aquella ocasión había dejado a descubierto algo importante, algo que quería decirme.
Entré en casa dándome cuenta que Julliette había dejado temprano el trabajo aunque las luces de la sala de estar estaban apagadas y no había señal alguna de que alguien estuviera ahí; un abrigo fuera de su lugar, la alfombra pisoteada, como si alguien hubiera entrado y salido continuamente de ahí en poco tiempo eran las señales que me incitaban a creerlo; dejé la mochila sobre el sofá y me dirigí a la cocina, dos tazas de té frío a medio terminar sobre la mesa pero tampoco había nadie.
— ¿Tía, estás en casa? —pregunté alzando la voz para que esta se escuchara incluso en el segundo piso.
Profundo silencio.
Me encontraba sola en casa, como casi todas las tardes.
Encendí las luces de la salita y me dispuse a subir a mi habitación, esta tarde tenía una especie de cita y tenía que apurarme a terminar mis deberes y arreglarme un poco; pero, la puerta principal se abrió y entró Julliette. Parecía cansada, al contrario de esta mañana que me había despedido de ella.
—Ya estás en casa. —dijo como si sintiera un profundo alivio.
Había un toque de histeria en su voz, la cual, en vano, pretendía ser amable, en su mirada pude ver como si antes hubiera estado pensando que jamás volvería a verme.
—Si… siempre llego a esta hora.
Señalé el reloj de pared con un movimiento de cabeza colocándome la mochila al hombro.
— ¿Ha pasado algo malo, tía?
—No… sabemos—parecía saber— Tu compañero, Justin, desapareció.
Me sorprendió escuchar eso.
— ¿Qué? ¿Cómo? Yo lo vi, anoche, en la fiesta.
Asintió con cautela y se esforzó por sonreír como si hubiera llegado al meollo del asunto.
—Amanda dice que no lo volvió a ver desde que salió de casa anoche; la policía dice que solo empezaran a investigar el caso como desaparición hasta que hayan hallan transcurrido cuarenta y ocho horas. Dicen que normalmente los casos sobre desapariciones de adolescentes se debe a que se fugan de sus casas para vivir un poco su vida, y Justin, no ha sido siempre muy comportado que digamos.
—La señora Green debe estar desesperada.
—Lo está—se quedó pensativa un momento y murmuró en voz apenas audible— no entiendo que querrían del chico.
La miré a los ojos y luego fruncí el ceño por lo que vi en las intenciones de aquella mirada concentrada y analítica.
—Espera, ¿no pensarás que los Jackocbsob tienen algo que ver, verdad? —Mi voz sonó ofendida.
La idea sonaba ridícula por completo, no imaginaba a Engel, o incluso a su diabólica hermana secuestrando a Justin. Sus padres ni siquiera se encontraban la noche anterior. Ridículo.
Julliette frunció los labios.
—No he dicho eso; pero… a veces muchas cosas pueden sorprendernos, Anne.
—Sin duda —mustié de mal humor.
—En fin, regresaré con Amanda, apenas me ha dejado venir ahora, le prometí que no tardaría mucho.
—De acuerdo.
Julliette tomó su abrigo y estaba a punto de salir cuando recordé algo.
—Tía, yo te quería pedir permiso de salir. Engel Jac…kocb…sob me ha invitado a dar un paseo… como una cita.
Se volvió y me miró con asombro, como si no pudiera dar crédito a lo que escuchaba.
—No, no puedes ir. —negó enérgicamente con la cabeza.
— ¿Qué? Pero ¿Por qué?
—Porque no.
— ¡Porque no, no es una respuesta! —rebatí. —No regresaré tarde, sólo será un paseo; por favor.
—No, es mi última palabra. No con él.
— ¡Ah! Ahora tendrás prejuicios contra Engel, genial. —Me estaba poniendo furiosa— ¿No eras tú quien decía que debía salir más de aquí? ¿Qué debería salir con chicos? ¿Qué yo estaba juzgando mal a Engel?
—Puedes ir con quien tú quieras, pero él no; ese chico no es bueno para ti. No me gusta.
— ¡Tú no sabes nada!
Salí corriendo antes de ponerme a despotricar todos los pensamientos terribles que se arremolinaban como terribles blasfemas en mi cabeza, querían empezar a salir de mi boca a voz de cuello pero aún, a pesar del coraje que hacía hervir la sangre de mis venas, seguía poseyendo sentimientos y conciencia, no estaba en mis intenciones dañar a Julliette, aunque ella me había dañado a mí. Engel no era un capricho, yo lo quería y él me quería a mí; tampoco era una persona mala, podría aparentar muchas cosas pero había alguien bueno detrás de todas sus múltiples máscaras.
Entré a mi habitación cerrando de un portazo, estaba muy enojada, de verdad. La ira me hizo patear lo que encontré a mi paso, me tiré sobre la cama mirando el techo, empecé a contar las manchitas de éste, y me pregunté si debía esperar a que Engel llegara, tal vez mi tía cambiara de opinión, él se comportaría educadamente y se ganaría el corazón de Julliette con una de esas sonrisas devastadoras, una de esas miradas penetrantes y un par de buenas palabras aduladoras, le resultaba fácil convencer a las personas, lo había visto hacerlo muchas veces.
También estaba conciente de que no era una voluntad estúpida de Julliette, conocía cada uno de sus gestos y anticipaba sus acciones; Julliette temía algo y Engel era un ser sobre natural.
Misterios innumerables rodeaban al chico del cual me había enamorado, misterios que no lograba comprender, Recordé sobre él todo desde el momento en que le conocí; detenidamente, analizando cada uno de sus pasos, recordando cada una de sus frases, sus repentinos cambios de humor, cada suceso y muchas cosas no encajaban. Cosas extrañas habían empezado a suceder desde su llegada, primeramente nadie hace un dibujo y a cinco minutos después éste toma vida propia. Por una parte me aterraba buscar mas allá de las apariencias, además porque era tremendamente ilógico, las cosas sobrenaturales solo están en los libros y las maravillosas historias que el abuelo solía contarme cuando niña. Pero, si ataba los cabos sueltos llegaba a un punto insoportablemente dudoso, un punto que me negaba a alcanzar, incluso a tocar.
¿Qué estaba pasando en el mundo?
Cerré los ojos para descansar la mente, pero la mente era una fiel enemiga, engañosa y malévola me decía que aquello no podía dejarlo, que, indiscutiblemente mi futuro y todo lo que rodeaba mi vida pendía de un hilo, otra vez. Era hora de dejar de comportarme como lo había estado haciendo últimamente, ciega y sumisa.
En la oscuridad de mi mirada, vi un par de resplandecientes gemas rojas, que pronto se transformaron en ojos observadores, atentos y burlones.
“Tú no podrás conmigo, insulsa humana”
Su voz fue seductora, tan atrayente como el pecado para los hombres, canturreaba con demencia en tonos desvariados, de altos a bajos, de gritos a murmullos. Y, entonces, enmudeció súbitamente. Silencio. Esperé su regreso porque aunque sonaba temible, me insultaba y era amenazante, disfrutaba de ella como una amante incógnita.
Abrí los ojos de golpe cuando escuché que un auto aparcaba; me levanté apresuradamente de la cama y corrí la cortinilla de seda para mirar hacia fuera, era el Lamborghini; la sangre se me heló y se derritió de nuevo cuando vi la lejana silueta de Julliette acercarse.
— ¡No! —grité en mi fuero interno ya que el grito se atragantó en mi garganta.
Salí corriendo de la habitación, derrapé peligrosamente en el pasillo pero retomé el equilibrio y bajé las escaleras de dos en dos, cuando salté los últimos tres peldaños caí de rodillas por mi acto de osadía pero de alguna forma conseguí ponerme de pie otra vez, y, de la misma forma presurosa crucé hasta la puerta, la abrí y el Lamborghini encendió de nuevo el motor para esfumarse, me puse furiosa de nuevo y cerré de un portazo para regresar a mi habitación, con un par de rodillas adoloridas y completamente derrotada.
La cena aquella noche fue un sepulcro silencioso, mientras ella me observaba con minuciosidad yo trataba de ignorarla al mismo tiempo que hacía muecas disgustadas forzando mi rostro para que luciera mas molesto; apenas había permanecido quince minutos cuando terminé y solo quería encerrarme otra vez en mi habitación.
—Anne, tienes que entender que… —intervino Julliette pero de nuevo censuró lo que verdaderamente quería decir y eso me fastidió más.
—Si vas a mentir de una forma tan falsa, ahórrate tus comentarios—le espeté duramente—y cuando tengas argumentos poco infantiles para oponerte, razones verdaderas, hablamos.
—Solo aléjate de cualquier Jackocbsob—sentenció.
— ¿Por qué? Dame una razón, ¡solo una!
—Porque digo yo.
—Oh, creo que con eso me basa—dije sarcásticamente.
Era suficiente.
Volví a mi habitación echando chispas, ese era el único lugar donde me sentía tranquila, donde nadie me miraba reprobadoramente, donde yo ponía las reglas.
El viernes Engel no se presentó a clases, eso podía ser bueno y también malo; tenía una ligera esperanza de poder estar a su lado al menos durante las horas de escuela, lo prohibido siempre era mucho más tentador, incluso placentero. Durante el fin de semana no salí de casa, me sentí ligeramente vigilada por Julliette que no me dejaba respirar a gusto ni un momento los ratos que pasaba ahí —ya que el tema de la desaparición de Justin estaba llegando a un punto crítico— creo que tenía el pensamiento de que me las arreglaría para saltar por la ventana a media noche y escapar para ir en su búsqueda; la alternativa de la ventana era porque creía que estaba tan obsesionada con él y el hecho de no tener permisos para alejarme
Conforme el tiempo pasaba el clima fue empeorando, las lluvias se intensificaron durante el viernes por la noche, proporcionando mas frío y humedad, y, el domingo las nubes grises cargadas de agua se dispersaron para dejar paso a unas esponjosas nubes blancas que impedían el paso de cualquier rayo de sol y amenazaban nieve.
El lunes una luz familiar, blanca y mortecina me despertó y cuando abrí la ventana descubrí una ligera capa de nieve y hielo cubriéndolo todo. Sonreí… Engel había ganado respecto a sus pronósticos y hoy tendría que asistir a clases para reclamármelo.
Fue un alivio que aquellos dos días de encierro terminaran y poder regresar al colegio, nunca me había entusiasmado tanto llegar a clase de Historia, pero tampoco estaba ahí.
Me sentí alicaída por diversas circunstancias; mis amigos no me dirigían la palabra, excepto Kat que me saludó tímidamente antes de que Drew la reclamara como suya; en cuanto a Travis, se mostró tan insensible y brusco como los días anteriores hasta un punto en el que pensé que me estaba evitando, también otra contribución a mi estado de ánimo tenía que ver mucho con Engel; había salido del maravilloso cuento de hadas y no podía decir que acababa de entrar en una terrible pesadilla porque aún nada estaba terminado, no era que se fuera a marchar toda la vida, sólo eran unos días…
Para mi mala suerte las clases terminaron una hora antes, pensé ir a vagar por los ardedores y de esta forma perder mi tiempo y prolongar mi llegada a casa, pero comprobé que no tenía ánimos para tal cosa. Conduje hasta Dunkeld mirando el velocímetro para asegurarme de no avanzar demasiado rápido —no tenía que ver con la nieve y el hielo—, y, aunque avanzaba a
Sin duda hoy no era mi día de suerte, nunca lo era de hecho, pero hoy era el peor de todos. Julliette estaba otra vez en casa, se le estaba haciendo una terrible costumbre dejar el trabajo antes; además un Pontiac blanco ocupaba mi lugar de aparcamiento, había visitas en casa, genial, ahora tendría que poner buena cara.
Me quedé parada en el umbral sin abrir la puerta, al escuchar que una discusión se desarrollaba en el interior, hablaban en susurros altos con una especie de furor desdichado, la voz de ella era sombría, monótona… lo odiaba. En cambio, la de él era tranquila aunque consternada… estaba preocupado y una impotencia creciente se reflejaba en sus desesperadas palabras.
—…prohibir; tarde o temprano tenía que suceder—dijo la voz masculina con dolor—no me permiten interferir, lo sabes.
— ¿Y dejarás que se la lleven? —la voz de Julliette se quebró.
— ¡No! —Se apresuró a decir él—Pero no puedo hacer mucho… no me pertenece…
— ¿¡Que no te pertenece!? —Estalló mi tía, histérica— ¿Lavarás tus manos como la última vez? ¿Dejarás que se roben su vida como lo hicieron con la de mi hermana? …¡Anne es tu hija!
¿Qué?
Me quedé inmóvil, impávida mientras el aire escapaba de mis pulmones y la cabeza me daba vueltas.
Surgió el silencio, un silencio tortuoso que amenazaba con enloquecer al más cuerdo de los seres humanos; o tal vez solo surgió el maldito silencio en mí; algo había caído muerto, ante mis ojos y una verdad que tenía todas las características de una mentira se había revelado sin esfuerzo alguno.
Pude haber empezado a llorar en ese momento pero me pareció un acto vergonzoso que tragué todo sentimiento profano que demostrara la debilidad ante los hombres; el camino, el flujo de los hecho se contrapuso para avanzar de forma contraria a como lo había hecho tiempo atrás, y, el corazón frágil de la pequeña Anne se endureció tanto como sus expresiones inexorables.
El sonido volvió, aunque distante, y solo fueron dicciones cortas, intermediarias, carentes de todo el sentido común. “Guerra” “Edén” “Final” “Muerte” “vida” “El bien” “El mal” “Demonio” “Ángel” “Jackocbsob” “Oscuridad”



















